Como conoce nuestro pueblo, en la madrugada del pasado 30 de abril a las 2:05 am se produjo un ataque con arma de fuego contra la Embajada de Cuba en los EE.UU.
El autor fue Alexander Alazo Baró, una persona de origen cubano que vive en los EE.UU desde 2010.
Hemos reconocido la actuación profesional y rápida de las fuerzas de la policía local y del servicio secreto en el momento del ataque.
Sin embargo, debo decir que el Departamento de Estado demoró casi 5 días para ponerse en comunicación con las autoridades cubanas y emitir alguna comunicación de carácter oficial sobre este grave suceso.
El Departamento de Estado y el gobierno de EE.UU, lamentablemente, han optado por silenciar este grave ataque terrorista. Hasta este mismo instante no se ha producido ninguna declaración pública de condena a este hecho, ni de rechazo a un acto terrorista. Ante una situación de esta gravedad es necesario denunciar el silencio cómplice del gobierno de EE.UU.
Como muestran imágenes, el atacante se aproximó a la Embajada, gritó frases ofensivas y lanzó contra la reja una bandera cubana profanada con varias frases incoherentes, después trató de incendiarla con gasolina.
Se produjo entonces un ataque a tiros -como puede verse- contra la Embajada en el medio de la capital estadounidense, a unas cuadras de la Casa Blanca, utilizando un fusil semiautomático de asalto, y por parte de un individuo que viajó con el arma y las municiones desde el Estado de Pennsylvania.
Iba con la intención de batir lo que hubiera delante, incluso seres humanos si hubieren estado en su línea de fuego. Él mismo confesó después que actuó con intención de matar.
Debe precisarse que, en el momento del asalto y de los disparos, empleó 32 proyectiles, había 10 funcionarios cubanos en la sede de la Embajada bajo fuego.
Es necesario preguntar al gobierno de los EE.UU cuáles son sus motivaciones para mantener silencio sobre el hecho, mantenerlo alejado de la opinión pública y no lanzar mensajes de disuasión de actos como este en cumplimiento de sus obligaciones legales como país sede de la sede diplomática.
Se trata de un acto terrorista, un acto cometido contra nuestra sede diplomática en Washington, pero que no puede verse separado sino como un resultado directo de la política y del discurso agresivo del gobierno de EE.UU contra Cuba, del discurso de odio y de la permanente instigación a la violencia de políticos estadounidenses y grupos extremistas anticubanos que han hecho de este tipo de ataque su medio de vida.
Se sabe que Alazo Baró planificó el atentado con suficiente antelación, que visitó el lugar de los hechos previamente y con fines de exploración unas dos semanas antes del ataque.
Se declaró en el momento de la agresión como un seguidor del actual presidente de los EE.UU (vieron los carteles que profanaban la bandera cubana) y se arropó en la bandera de los EE.UU, no ofreció resistencia al momento de ser arrestado, como acaban de ver en las imágenes de video.
En los documentos legales, a los que el público ha tenido acceso, se establece que, según la esposa, Alazo Baró visitó un hospital en que seguramente expresó su sentimiento y delirio de persecución de supuestos grupos criminales cubanos o el propio gobierno cubano, y posteriormente visitó las oficinas de varias agencias de aplicación de la ley, es decir, de varias agencias de seguridad nacional de los EE.UU para formular acusaciones contra nuestro gobierno y denunciar que este supuestamente pretendía asesinarlo.
Corresponde al gobierno de EE.UU qué curso dio a esas acusaciones de Alazo Baró o cómo actuó cuando un individuo con esas características y esos antecedentes formula ante las agencias de aplicación de la ley acusaciones de cualquier naturaleza contra un país que tiene una sede diplomática en territorio estadounidense.
Debo decir que se aprecia negligencia en la conducta del gobierno de los EE.UU que no actuó ante informaciones de esa naturaleza.
El señor Alazo Baró había visitado las agencias de aplicación de la ley, era poseedor de una licencia para portar armas, dueño de una pistola marca Glock, obtuvo en el periodo previo al ataque un fusil AK-47 y, dos semanas antes, como dije, hizo una exploración in sito en el lugar de la Embajada. El gobierno de los EE.UU incumplió su obligación de prevenir este ataque del cual recibió señales suficientes.
En los documentos legales del arresto, se registra que Alazo Baró es una persona que sufre algún trastorno mental, que según dijo, utiliza medicamentos. Sin embargo, también en el propio documento del gobierno de los EE.UU se recoge que se encontró en su auto un paquete de polvo blanco que resultó ser cocaína.
Es sabido que Alazo Baró tenía dificultades económicas, había perdido un pequeño negocio y no tenía empleo en el momento del ataque.
Según declaró su esposa, ellos han transitado por períodos en que no han tenido siquiera vivienda, lo que los ha obligado vivir en el auto.
Sin embargo, como ya dije, es una persona que tenía licencia para armas y licencia de conducir.
Cómo pudo haber permitido el gobierno de los EE.UU, disponiendo, evidentemente, de estos antecedentes, que esta persona actuara de esa manera premeditada, con ánimo de agresión y de matar.
Corresponde al gobierno de los EE.UU también, realizar una investigación exhaustiva, a fondo, que permita determinar de donde salió el dinero utilizado.
Según documentos legales, Alazo Baró actuó motivado por odio a Cuba y por temor a agresiones de supuestos grupos criminales cubanos, que todo el mundo sabe que no existen. Es sabido que en Cuba no hay organizaciones criminales, ni crimen organizado. Eso lo sabe el gobierno de EE.UU y todo el mundo.
Debo informar que Alazo Baró, en su infancia y juventud, y mientras vivió en Cuba, mantuvo una conducta social totalmente normal, con inclinaciones religiosas y en su etapa profesional se dedicó a la labor pastoral.
Cumplió de manera normal el servicio militar general sin ninguna dificultad o suceso relevante alguno.
En el año 2003, Alazo Baró viajó a México con una visa religiosa, para asentarse allí, habiéndose casado antes con una ciudadana mexicana de similar vocación. Residió en México durante varios años y mantuvo una relación normal con Cuba. Viajó a nuestro país en 8 ocasiones, la última vez en el año 2015. Una relación como la que tienen con Cuba los cubanos que residen de manera permanente en el exterior. Hay que recordar que en años normales, antes de las medidas de recrudecimiento del bloqueo y restricción de los viajes de cubanos a Cuba, nuestro país era visitado por más de 600 000 mil cubanos anualmente. De manera que dentro de las relaciones normales que tiene el país con los cubanos que residen en el exterior, dentro de su propósito de reunificación familiar, facilitación de los viajes y del derecho a viajar, Alazo Baró visitó frecuentemente nuestro país, la última vez en el año 2015.
Debo decir que durante su periodo en el exterior también tuvo contacto regular y recibió servicios consulares de manera normal por parte de nuestras oficinas. De manera que ha quedado establecido que Alazo Baró nunca tuvo ni ha tenido ningún problema en Cuba ni con su país de origen.
Hay que preguntarse, y hay que preguntar al gobierno de los EE.UU, cómo un individuo con una conducta normal, religiosa, pacífica, se transforma en alguien con problemas mentales, que con escasos recursos económicos se hace poseedor de un fusil de asalto, se traslada, viaja de un estado al otro de la Unión y se lanza a cometer una agresión armada contra una sede diplomática en la capital de esa nación.
Debo decir que Alazo Baró en el año 2010, incluso antes de sus últimos viajes a Cuba, se mudó a EE.UU y radicó primero en Miami, después en Texas, posteriormente en Pennsylvania y quizás en otros lugares.
Pero es obligación del gobierno de los EE.UU investigar a fondo, con precisión, cuáles son los vínculos, las conexiones, de Alazo Baró con grupos e individuos dentro de los EE.UU con una trayectoria conocida de manifestaciones de odio e instigación a la violencia o incluso al terrorismo contra Cuba.
Puedo informar con toda responsabilidad que Alazo Baró durante su estancia en Miami se asoció a un centro religioso llamado Doral Jesus Worship Center, Centro de Oración de Jesús en Doral, en Miami Dale, al que se aproximan regularmente y en el que se reúnen personas con reconocida conducta a favor de la agresión, la hostilidad, la violencia y el extremismo contra Cuba.
En ese centro, entró en contacto Alazo Baró con esta persona (señala la imagen), que es el pastor Frank López, con el que mantenía un seguimiento permanente en Facebook.
El pastor López es un individuo que mantiene estrechas relaciones con personas como el Senador Marco Rubio, con un venezolano que es el que acaban de ver llamado Carlos Vecchio y con otras figuras de conocido extremismo contra Cuba y promotores de la agresión a nuestro país, incluido el congresista Díaz-Balart.
El Vicepresidente de los EE.UU, curiosamente, visitó hace poco tiempo esa iglesia, el 1ro de febrero de 2019. Antes, había pronunciado allí un discurso de franca hostilidad contra Cuba, de desprecio hacia América Latina y amenazas a la región.
Entre las personas con quienes Alazo Baró se asoció estrechamente en esa iglesia, está el ciudadano cubano de origen cubano llamado Leandro Pérez, quien en su propio perfil de Facebook, que están viendo o han visto, se declara amigo cercano del tirador, quien dice conocer y apreciar.
Leandro Pérez es conocido por sus incitaciones públicas en las redes sociales a favor de acciones de magnicidio en Cuba. Ha singularizado en sus llamados a acciones violentas precisamente contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz y al Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
Basta con revisar en estos momentos sus cuentas en redes sociales para encontrar apelaciones como la que ven en pantalla, mediante la cual llama a atacar con drones lugares oficiales de la ciudad de La Habana. El 5 de febrero de este año usó Facebook para intentar amenazar a Cuba con tener listos drones que se utilizarían para agredirnos.
Ha usado también las redes y sus contactos para promover ayuda al terrorista que aparece en pantalla, Ramón Saúl Sánchez, cuya violación sistemática de las propias leyes norteamericanas provocó la orden de deportación que sin embargo no se ejecuta.
Los vínculos de Saúl Sánchez con el terrorismo contra Cuba están ampliamente documentados.
Alazo Baró tiene este perfil en Facebook en el cual se hace llamar Hamilton Alexander, que es un personaje histórico. En él comparte los mensajes de un individuo que han visto en sus pantallas que promueve canciones de estilo y contenido marginal, con incitaciones abiertas a actos de violencia contra funcionarios diplomáticos, precisamente en los EE.UU.
En el sitio observan ustedes vínculos con los autores de actos de profanación contra los bustos o esculturas de José Martí que se produjeron para ofensa de nuestra nación hace algunos meses.
Esta información puede ser comprobada en este minuto accediendo a esas cuentas y a esos sitios.
Emplazo al gobierno de los EE.UU a explicar qué sabe sobre esos vínculos, qué conoce de los contactos y admiración mutua entre Alazo Baró e individuos que pertenecen a agrupaciones seguidoras q apoyan al actual gobierno de los EE.UU., pero que también incitan constantemente a la violencia y al odio contra Cuba.
Es obligación del gobierno de los EE.UU. aclarar qué influencia ejerció en la conducta de Alazo Baró el sentimiento y la acción agresiva contra Cuba que se promueve en el Doral Jesus Worship Center de Miami; qué papel pueden haber desempeñado los individuos aquí mencionados en la decisión de Alazo Baró de abrir fuego contra la Embajada de Cuba.
El silencio cómplice del gobierno de los EEUU se torna sospechoso, cuando se conoce que sus servicios de aplicación y cumplimiento de la ley tienen un monitoreo constante y preciso de los grupos violentos que actúan incluso contra Cuba en ese país e incluso se ufanan de ello.
Hay derecho a preguntarle al señor Secretario de Estado, Mike Pompeo, qué sabe él de estos asuntos, sobre todo cuando suele pronunciarse de manera constante con relación a Cuba, pero que sin embargo no ha dicho una palabra sobre el ataque ocurrido.
Es deplorable que el Secretario de Estado, mientras mantiene silencio sobre el ataque terrorista, se haya pronunciado contra Cuba, dedique pronunciamientos permanentes y casi diarios a atacar la cooperación médica internacional cubana y a calumniar a nuestros médicos que trabajan en otros países, incluso, en medio de la pandemia de COVID19.
Lo mismo hace su Subsecretario Asistente, quien, con frecuencia y desvergüenza mayor, publica a diario mentiras sobre la labor, la dedicación y el sentido ético de los profesionales cubanos de la salud, tal como ustedes han visto en su cuenta.
Es muy difícil separar la acción de Alazo Baró del discurso contante de los funcionarios del gobierno de los EE.UU contra Cuba, contra nuestra cooperación médica, que alienta, que incita a la violencia, contra el personal médico cubano y sus constantes ataques contra la actividad diplomática de nuestro país.
Un gobierno que aplica una política genocida, que defiende como legítimo castigar a todo un pueblo que ha decidido ser libre, que aplica un bloqueo económico, comercial y financiero, que tipifica, según la Convención contra el crimen de genocidio, como un acto de genocidio; un gobierno que considera aceptable agredir a las familias cubanas. ¿Qué relación existe entre esas políticas y esos actos?
Yo afirmo de manera directa, que este ataque contra la Embajada de Cuba, de naturaleza terrorista, es un resultado directo de una política oficial de instigación al odio y a la violencia contra mi país.
Quien escuche los pronunciamientos y falsedades constantes del Departamento de Estado y del propio Secretario de Estado, observará que hay constantemente una apelación al resentimiento y el odio a Cuba.
Existen además evidencias de la participación de funcionarios del Gobierno de los EE.UU. en las acciones violentas que se produjeron contra los colaboradores de la salud cubanos en Bolivia, durante el reciente golpe de estado.
En su momento se presentó evidencia fotográfica de la participación de operativos estadounidenses y vehículos con chapa diplomática norteamericana en acciones de hostigamiento y acoso contra médicos cubanos en La Paz.
El que entienda que actúa en línea con la política agresiva y de hostilidad que pregona y práctica constantemente el gobierno de los EE.UU, puede sentirse alentado a cometer actos violentos.
Quien crea que coincide con mensajes de odio y violencia contra Cuba, que se promueven a diario en la radio, la televisión y las redes sociales, de figuras oficiales y de grupos violentos, desde territorio norteamericano; puede asumir que cuenta con respaldo para cometer actos como el del 30 de abril.
Si hubo odio en la actuación de Alazo Baró, puede afirmarse que es un odio inducido por el discurso agresivo del gobierno de los EE.UU, de los políticos y agrupaciones que viven de la hostilidad contra Cuba y resultado de la acción de promoción de la violencia que se realiza por diferentes grupos, en particular en Miami.
El Gobierno de Cuba espera por resultados de una investigación exhaustiva y a fondo de este ataque terrorista.
Veremos si el Gobierno de los EE.UU. encuentra alguna explicación plausible a los vínculos de Alazo Baró con las agrupaciones extremistas y violentas que he mencionado, y cómo explica la relación ineludible entre esos vínculos y esos actos y el ataque contra nuestra Misión Diplomática.
Observemos imágenes que esperamos que el Gobierno de los EE.UU aclare en su momento, de personas, que apenas horas después del ataque terrorista, se acercan y fotografían la Embajada de Cuba, y que son de reconocida conducta agresiva y de hostigamiento contra esa sede diplomática. Puedo mencionar a Yoaxis Marcheco Suárez y a Mario Felix Leonart Barroso, ambos asiduos participante en actos de hostigamiento contra los diplomáticos cubanos.
Dejo en esta rueda de prensa varias preguntas al Sr. Secretario de Estado, Mike Pompeo. Corresponde a usted Sr. Secretario dar respuestas al pueblo de los EE.UU, al pueblo de Cuba y a la opinión pública internacional sobre estos graves hechos y la evidencia ineludible que acabo de presentar.
No podría nadie olvidar la larga y cruenta historia de terrorismo contra las misiones diplomáticas de Cuba en los EE.UU y contra sus funcionarios. Once mártires tiene el Servicio Exterior de la República de Cuba, asesinados violentamente por grupos terroristas. Uno de ellos en 1980 en una avenida céntrica en Queens en la ciudad de Nueva York.
El asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, en una avenida céntrica de Washington, es también parte de esa historia.
Muchas de las evidencias que existen sobre el ataque terrorista contra la Embajada cubana son públicas, no todas, no son las únicas, entre ellas hay abundante información en redes y en otros medios públicos.
Reitero el gobierno de los EE.UU. ha optado por silenciar, no denunciar, no condenar, no rechazar un acto terrorista cometido contra una sede diplomática en Washington.
El ametrallamiento contra la Embajada de Cuba, con un fusil de asalto y con la intención de matar, es resultado directo de la política agresiva del gobierno de EE.UU contra Cuba y de la tolerancia e instigación a la violencia de políticos y grupos extremistas anticubanos que han hecho de los ataques de este tipo un medio de vida.
No es un secreto que los sectores con una trayectoria extrema contra Cuba han logrado una influencia desproporcionada en la Casa Blanca y algunos de ellos hoy participan en el control, lamentablemente, de la política de los EE.UU hacia Cuba, lo que nuestro gobierno ha denunciado de manera contundente, oportuna y sistemática.
Estos son los hechos alrededor del ataque y las causas profundas que llevaron a esto, junto a la omisión del Gobierno de los EE.UU de condenar y denunciar, y junto a su negligencia de no haber atendido los numerosos datos que tuvo previamente y que le pudieron haber permitido evitar que este ataque terrorista se consumara.
Muchas gracias.
La Habana, 12 de mayo de 2020
Fuente: CubaMINREX
