Cuba frente al imperialismo estadounidense (publicado por Socialist Voice, agosto 2026)

¡Cuba sí, bloqueo no!

La extraordinaria resistencia de Cuba frente al imperialismo estadounidense

Escrito por Gearóid Ó Machail el 1 de agosto de 2026

El mes pasado, el Partido Comunista de Irlanda conmemoró el asalto revolucionario de 1953 —protagonizado por el Movimiento 26 de Julio contra el Cuartel Moncada en Santiago de Cuba— mediante una vigilia de solidaridad en el puente Ha’penny de Dublín y un festival de cine cubano en el New Theatre de Temple Bar. El Moncada no fue meramente una acción militar; fue, como declaró más tarde Fidel Castro, «un grito de pensamiento», la chispa que finalmente liberaría a Cuba de las garras de una tiranía respaldada por Estados Unidos y la encaminaría hacia el socialismo. Al recordar el Partido Comunista de Irlanda aquel histórico acto de valentía revolucionaria, nos solidarizamos firmemente con la isla caribeña que ha desafiado al imperio más poderoso de la historia de la humanidad durante casi siete décadas.

Hoy, esa revolución se enfrenta a su ofensiva más sostenida hasta la fecha: el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos; un bloqueo que se ha intensificado en lugar de atenuarse, y que el ministro de Asuntos Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, ha condenado acertadamente como una «guerra multidimensional y no convencional». Tan solo entre marzo de 2025 y febrero de 2026, el bloqueo le costó a Cuba la cifra récord de 8000 millones de dólares —un aumento del 7 % respecto al año anterior—, elevando las pérdidas acumuladas desde 1959 a la asombrosa suma de 178 700 millones de dólares. No se trata de cifras abstractas. Representan hospitales que no pueden operar, escuelas sin electricidad y una población que sufre apagones en todo el país mientras Washington orquesta lo que Rodríguez ha calificado de «asedio energético... equivalente a un bloqueo naval, lo cual constituye un acto de guerra».

El bloqueo no surgió de la nada. Es el instrumento de un proyecto imperial estadounidense en América Latina que se remonta a la Doctrina Monroe de 1823: la declaración de que el hemisferio occidental era la esfera exclusiva de influencia de Estados Unidos. Dicho proyecto ha resurgido con fuerza bajo el llamado "Corolario Trump", que afirma el derecho a dominar el hemisferio "política, económica, comercial y militarmente". Desde el derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954, pasando por el apoyo al golpe de Pinochet en Chile en 1973 y el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Cilia Flores en 2026, hasta la subversión sistemática de gobiernos de izquierda en todo el continente, Washington ha tratado constantemente a América Latina como un "patio trasero" que debe ser controlado, y no como una región de naciones soberanas que merecen respeto.

Para los comunistas, esta renovada agresión no es ningún misterio. El imperialismo estadounidense está impulsado por las contradicciones internas de una potencia hegemónica en declive. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 hace explícito lo que antes era implícito: Estados Unidos busca controlar cadenas de suministro críticas, asegurar el acceso a recursos energéticos y minerales, y evitar cualquier "incursión extranjera hostil" —refiriéndose con ello a la creciente influencia de la República Popular China y otras potencias de los BRICS— en su tradicional patio trasero. El imperio arremete violentamente, y el pueblo de Cuba se encuentra en el punto de mira precisamente porque representa una alternativa —una alternativa socialista— que Washington no puede tolerar.

Sin embargo, a pesar de este asedio, Cuba ha logrado lo que ningún país capitalista de la región puede reivindicar: atención sanitaria y educación gratuitas y universales; una esperanza de vida que rivaliza con la de las naciones desarrolladas; un internacionalismo médico que ha llevado a doctores a los rincones más pobres del planeta; y una conciencia revolucionaria que se niega a ser quebrantada. Estos son los frutos del socialismo: el "pecado original" que sucesivos gobiernos estadounidenses nunca han perdonado al pueblo cubano. Frente a circunstancias adversas extremas, Cuba ha mantenido su compromiso con el internacionalismo, ofreciendo solidaridad a los oprimidos aun recibiendo muy poco a cambio.

El mundo, sin embargo, no guarda silencio. El 7 de julio de 2026, la Asamblea General de la ONU votó de forma abrumadora —136 votos a favor, 9 en contra y 30 abstenciones— a favor de celebrar un debate urgente sobre la necesidad de poner fin al embargo estadounidense. Esta decisión se produjo tras la vigesimotercera resolución anual consecutiva de condena al bloqueo, aprobada con 188 votos a favor y solo 2 en contra (Estados Unidos e Israel). Vietnam, en representación de la ASEAN, el Movimiento de Países No Alineados y el G77 más China, subrayó que «durante casi siete décadas, el bloqueo ha afectado gravemente al desarrollo y a la vida cotidiana del pueblo cubano». El representante de China ante la ONU señaló que «Cuba ha sufrido pérdidas acumuladas superiores a los 170.000 millones de dólares... mientras que los hospitales, las escuelas, los sistemas de abastecimiento de agua, las instalaciones de almacenamiento de grano y otras infraestructuras vitales para el sustento de la población se han visto sometidos a una fuerte presión». Incluso el Secretario General de la ONU, António Guterres, ha expresado su profunda preocupación por la situación humanitaria, y la ONU ha participado en «esfuerzos para hacer llegar combustible a Cuba con fines humanitarios».

En julio de 2026, el Partido Comunista de Irlanda organizó un popular Festival de Cine Cubano en el New Theatre, mostrando la riqueza de la cultura cubana y la resiliencia de su pueblo a través de la lente de su cine revolucionario. Estos eventos son vitales: nos recuerdan que Cuba no es simplemente una causa que debatir en abstracto, sino una nación viva, formada por seres humanos cuya vida cotidiana está marcada por la brutalidad del bloqueo. También ofrecen un espacio para educar, organizarse y construir el movimiento más amplio posible contra el imperialismo estadounidense.

Pero las resoluciones, los debates y los actos culturales, por muy bienvenidos que sean, no bastan. El bloqueo continúa. El cerco energético se intensifica. El pueblo de Cuba resiste. Nos corresponde a nosotros —comunistas, socialistas, sindicalistas y a todas las personas de conciencia— transformar la solidaridad en una acción política concreta. Debemos exigir al gobierno irlandés que rompa con el eje de coerción liderado por Estados Unidos y se pronuncie inequívocamente contra el bloqueo. Debemos apoyar la campaña para retirar a Cuba de la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo: una calumnia grotesca que solo sirve para justificar nuevas agresiones. Debemos establecer vínculos con los sindicatos, las organizaciones culturales y la sociedad civil de Cuba, asegurándonos de que el pueblo cubano sepa que no está solo.

La lucha del pueblo cubano es nuestra lucha. Su resistencia es una victoria de toda la humanidad frente al imperialismo, la explotación y la guerra. Como recordó al mundo el ministro de Asuntos Exteriores de Cuba: «Cuba no es una amenaza. Cuba es la nación amenazada». Asegurémonos de responder a esa amenaza no con silencio, sino con toda la fuerza de la solidaridad internacional de la clase trabajadora.

¡Cuba sí, bloqueo no!

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