El secuestro terrorista del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, en la madrugada del 2 al 3 de enero de este año, por parte del gobierno de Donald Trump, constituye una gravísima violación a la soberanía e independencia de los países de América Latina y el Caribe. Díaz-Canel, presidente de Cuba; Gustavo Petro, de Colombia; y Gabriel Boric, de Chile, fueron los primeros en reaccionar indignados. Es la primera vez que Estados Unidos ataca directamente a un país sudamericano.
Lula reaccionó un poco más tarde, enfatizando que "los bombardeos en territorio venezolano y la captura de su presidente cruzan una línea inaceptable. Estos actos representan una afrenta gravísima a la soberanía de Venezuela y un precedente sumamente peligroso para toda la comunidad internacional".
Lula afirmó además que la acción militar de esta madrugada de inicios de enero es una flagrante violación del derecho internacional y abre paso a un mundo de "violencia, caos e inestabilidad". "Atacar países, en flagrante violación del derecho internacional, es el primer paso hacia un mundo de violencia, caos e inestabilidad, donde la ley del más fuerte prevalece sobre el multilateralismo. La condena al uso de la fuerza es consistente con la posición que Brasil siempre ha adoptado en situaciones recientes en otros países y regiones", añadió.
Lula subrayó que "la acción recuerda los peores momentos de la interferencia en la política de América Latina y el Caribe, y amenaza la preservación de la región como zona de paz. La comunidad internacional, a través de la Organización de las Naciones Unidas, necesita responder de forma vigorosa a este episodio. Brasil condena estas acciones y sigue dispuesto a promover la vía del diálogo y la cooperación".
Siempre fueron, como mínimo, tensas las relaciones de Estados Unidos con líderes latinoamericanos y caribeños que no están de acuerdo con su política imperialista fundada en la Doctrina Monroe.
A lo largo del siglo XX, en el contexto de la Guerra Fría y de la política de contención del comunismo, Estados Unidos se involucró directa o indirectamente en acciones que llevaron a la deposición, muerte o desaparición de líderes latinoamericanos. La mayor parte de estas intervenciones ocurrió mediante el apoyo a golpes de Estado, operaciones encubiertas o alianzas con grupos locales.
Entre los casos más notorios se incluye el de Jacobo Árbenz, presidente democrático de Guatemala. Derrocado en 1954 por un golpe respaldado por la Casa Blanca, murió en el exilio en circunstancias consideradas accidentales —ahogamiento— en 1971. Existen teorías no comprobadas sobre asesinato. En la ocasión del golpe, el Che Guevara se encontraba en el país y logró refugiarse en México.
En el mismo año de 1954, Estados Unidos promovió el golpe que implantó una dictadura militar en Paraguay. Diez años después, replicó la erradicación de la democracia en Brasil (1964), Argentina (1966 y 1976), Bolivia (1966 y 1971), Uruguay y Chile (1973).
El presidente de Chile, Salvador Allende, elegido democráticamente, murió durante el golpe militar de 1973, apoyado por Estados Unidos. La versión oficial es el suicidio, pero las circunstancias aún son nebulosas y polémicas.
Omar Torrijos, presidente progresista de Panamá, falleció en un accidente aéreo en 1981. Las sospechas de involucramiento de Estados Unidos persisten, aunque nunca fueron comprobadas.
El progresista Maurice Bishop, elegido Primer Ministro de Granada en 1979, fue derrocado, arrestado y fusilado en prisión en 1983, durante el golpe de Estado que precedió a la invasión estadounidense al país. Lo conocí en Managua, en julio de 1980, en las festividades del primer aniversario de la Revolución Sandinista.
Manuel Noriega, militar que lideró Panamá de 1983 a 1989, era agente de la CIA. Sin embargo, por involucrarse con cárteles de drogas, fue derrocado por una invasión estadounidense, llevado a Estados Unidos y sentenciado a 40 años de prisión, de los cuales cumplió 17.
Extraditado a Francia, este país lo envió a Panamá, donde fue nuevamente encarcelado por crímenes cometidos durante su dictadura. Murió de cáncer cerebral en 2017, a los 83 años.
Por elección democrática, Jean-Bertrand Aristide, sacerdote vinculado a la Teología de la Liberación, presidió Haití en tres períodos; el último de 2001 a 2004, cuando debido a un conflicto entre exmilitares y sus seguidores, Estados Unidos intervino y lo sacó del país con apoyo de tropas brasileñas.
Juan Orlando Hernández, que presidió Honduras de 2014 a 2022, fue detenido en su país en febrero de ese año por orden de Estados Unidos. En junio de 2024, fue condenado por la justicia estadounidense a 45 años de prisión, acusado de involucramiento con tráfico de drogas, del cual habría recibido millones de dólares de cárteles para permitir el paso de cocaína por Honduras.
En diciembre del año pasado, Trump le concedió un perdón presidencial, alegando que Hernández fue víctima de "persecución política" y un "montaje" del gobierno de Biden, aunque fue condenado en Estados Unidos por fiscales que lo acusaron de haber convertido a Honduras en un "narcoestado".
El perdón fue visto como una maniobra política de Trump para apoyar al partido conservador de Hernández en las elecciones hondureñas de 2025 y reforzar la base electoral del expresidente. La actitud generó críticas por contradecir la lucha contra el narcotráfico y la política exterior de Estados Unidos, especialmente hacia Venezuela, según analistas y republicanos.
Además de estos, existen relatos de intentos de asesinato de líderes políticos en la región, desestabilización de gobiernos o apoyo, por parte de Estados Unidos, a regímenes que violaban los derechos humanos.
Cabe resaltar que el líder cubano Fidel Castro, considerado durante décadas el enemigo número 1 de Estados Unidos y que cumpliría 100 años ahora en 2026, falleció tranquilamente en su cama, rodeado por su familia, en noviembre de 2016. Y Raúl Castro, su hermano, continúa activo a los 94 años.
Es crucial consultar fuentes históricas sólidas y considerar el contexto político de cada época al analizar estos eventos. Muchos documentos han sido desclasificados a lo largo de los últimos años, revelando el involucramiento de Estados Unidos en operaciones encubiertas, pero también mostrando que los resultados no siempre fueron los planeados.
Para un estudio profundo, recomiendo obras de historiadores como Greg Grandin, Stephen Rabe y Piero Gleijeses, además de documentos ahora desclasificados del archivo de seguridad nacional de Estados Unidos.
Tomado de CubaDebate
