¡DEJEN VIVIR A CUBA! . Lucia Hubinska

¡DEJEN VIVIR A CUBA!

La semana pasada me incorporé a una reunión virtual de emergencia de jóvenes socialistas y comunistas de todo el mundo, organizada por la sección juvenil del Partido Comunista de Cuba. La reunión se celebró en respuesta al dramático empeoramiento de la situación en la isla. En la Reunión Internacional de Solidaridad con Cuba, presidida por la primera secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas, Meyvis Estévez, los delegados analizaron y condenaron enérgicamente el último decreto presidencial de la administración de Donald Trump, del 29 de enero de 2026. Este decreto califica a Cuba de «amenaza inusual y extraordinaria» y pretende bloquear por completo el suministro de combustible a la isla.

«¿Cómo explicará el Gobierno de los Estados Unidos a las más de 3000 personas en Cuba que padecen insuficiencia renal y deben viajar tres veces por semana para someterse a hemodiálisis que no hay combustible para su transporte?», preguntó Meyvis Estévez durante su discurso. «¿Cómo se lo explicará a las madres de 76 niños que dependen de la electricidad para su subsistencia?», recordó, y destacó que, a pesar de su enorme coste en los mercados mundiales, estos servicios se prestan de forma gratuita en Cuba.

Los delegados subrayaron que, en un país que invierte más del 70 % de su PIB en servicios sociales, la escasez de combustible pone en peligro directamente la vida y la salud de la población sin excepción. Según ellos, esto pone de manifiesto el carácter ilegal e inmoral de las medidas de Estados Unidos. El movimiento «All Voices for Cuba» también anunció el lanzamiento de una campaña global tanto en el ámbito online como en el físico. El mensaje final de la reunión fue contundente: la juventud cubana es «heredera de los mambises y los rebeldes» y no permitirá que caiga la bandera de la revolución, especialmente en el año del centenario de Fidel Castro.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, anunció la semana pasada que el Gobierno está preparando un plan para hacer frente a la grave escasez de combustible. Estados Unidos está tomando medidas para bloquear el suministro de petróleo a la isla. La tensión se intensificó considerablemente después de que Washington anunciara que impondría aranceles a los productos procedentes de los países que envían petróleo a Cuba. El resultado es inmediato: aumento de los precios de los alimentos y el transporte, dramática escasez de combustible y largas horas de cortes de electricidad en toda Cuba.

Al mismo tiempo, la administración Trump se ha encargado de que Cuba ya no reciba petróleo de Venezuela, su mayor proveedor. Díaz-Canel, en una amplia rueda de prensa, ha señalado abiertamente las consecuencias del bloqueo: «Afecta al transporte público, a los hospitales, a las escuelas, a la economía y al turismo. ¿Cómo vamos a cultivar la tierra? ¿Cómo nos vamos a desplazar? ¿Cómo vamos a mantener a los niños en las escuelas sin combustible?».

Por ello, el Gobierno está preparando una serie de medidas: restricciones de consumo, ahorro de energía y aplazamiento de actividades menos imprescindibles para que puedan funcionar los sectores clave. La situación es absolutamente crítica. La semana pasada se produjo de nuevo un apagón total en cinco provincias del este del país tras una avería en la subestación eléctrica. Al mismo tiempo, Cuba subraya su disposición a negociar con Estados Unidos, pero solo con la condición de que se respete su soberanía y no se interfiera en sus asuntos internos.

La isla también está tratando de responder estratégicamente: está ampliando la energía solar (que ya cubre aproximadamente el 38 % de la producción diaria de electricidad), construyendo su propia capacidad de extracción de petróleo y tratando de garantizar el suministro de combustible por mar. Sin embargo, la crisis también afecta al transporte aéreo. Cuba ya ha advertido a las aerolíneas internacionales que no podrá garantizar el suministro de combustible para aviones.

El apoyo a Cuba llega de otras partes del mundo. En Pekín se reunieron representantes de China y Cuba, que confirmaron su compromiso de profundizar la cooperación y defender los derechos de los países en desarrollo. Rusia calificó la situación de crítica y acusó a Estados Unidos de intentar «asfixiar» la economía cubana, al tiempo que declaró su disposición a continuar con los suministros de petróleo y la ayuda.

Cuando estuve en Cuba el año pasado, la situación ya era extremadamente difícil. Antes de partir hacia La Habana, me reuní con la embajadora cubana en Londres, quien me explicó cómo la gente tiene que racionar los alimentos básicos, incluso la leche en polvo para los recién nacidos. Yo también tuve una pequeña muestra de lo que los cubanos tienen que soportar a diario desde hace años. El día de la salida me empezó a doler una muela. Al llegar a la isla, el dolor se volvió agudo. A la mañana siguiente de mi llegada nocturna, tuve que ir al hospital. El dentista me recetó antibióticos, pero no tenía analgésicos porque no disponía de ellos. En toda La Habana, y probablemente en toda Cuba, simplemente no había. Se habían agotado. Ese fue el resultado concreto de este brutal bloqueo de Estados Unidos.

Cuando hablo de esto con la gente, a menudo me preguntan: si no es un fracaso del socialismo, ¿cómo explicas entonces que Estados Unidos tenga tanto interés en Cuba? Al fin y al cabo, no tiene riquezas minerales, es una isla pequeña. Precisamente por eso. ¿Por qué no iban a imponer sanciones los Estados Unidos si pueden hacerlo? No les cuesta nada. Una Cuba socialista que pudiera funcionar sin chantajes enviaría al mundo la señal de que existe una alternativa al sistema de explotación, que los países simplemente no tienen por qué someterse al chantaje y al dominio económico de los Estados Unidos. Eso es algo que los Estados Unidos, con sus ambiciones imperiales de controlar todo el hemisferio occidental y, en última instancia, el mundo entero, no permitirán.

Entiendo que para el pueblo cubano, que lleva décadas luchando contra problemas existenciales, las declaraciones y los discursos ideológicos ya no significan gran cosa. Incluso entiendo a los disidentes que quieren marcharse o cambiar el país desde dentro, como si se tratara de una revolución. Es humano, como el instinto de supervivencia. La realidad cotidiana puede dolerles tanto como me dolía a mí un diente, y créanme, cuando se está a merced del dolor, se hace cualquier cosa para que desaparezca. Sin embargo, ese no es el camino hacia un futuro mejor.

A pesar de ello, o quizá precisamente por ello, creo que nosotros, como comunidad internacional, también debemos asumir nuestra responsabilidad y no dejar a Cuba sola en esto. Depende de nosotros presionar a nuestros gobiernos e instituciones para que ayuden a Cuba. Para decirle finalmente a Estados Unidos: ¡pongan fin de inmediato a su política genocida y dejen vivir a Cuba!

Categoría
Solidaridad
RSS Minrex