Cada segundo domingo del mes de mayo evocamos el Día de las Madres en Cuba y otros países de América. Las familias y amigos intercambian felicitaciones de acuerdo a la tradición local, y sobre todo impera el amor tan necesario en tiempos, como los que transcurren, de guerras, sanciones unilaterales contra pueblos enteros y amenazas de nuevas incursiones militares.
En Cuba, la costumbre al uso durante las últimas décadas ha sido compartir postales alegóricas a la efeméride, solían ser impresas y remitidas por el correo postal, pero ahora las tecnologías de la información y comunicación potencian miles de veces el diseño y alcance de las imágenes.
José Julián Martí Pérez, nuestro Héroe Nacional y Apóstol de la independencia de Cuba, dejó una vasta obra intelectual escrita sobre disímiles temas entre los cuales destacan los poemas. Escribió varios a su madre, Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera, y hemos escogido uno de ellos para homenajear a las que hacen posible el más preciado de los valores humanos, la vida.
«Madre del alma, madre querida,
Son tus natales, quiero cantar;
Porque mi alma, de amor henchida,
Aunque muy joven, nunca se olvida
De la que vida me hubo de dar.
Pasan los años, vuelan las horas
Que yo a tu lado no siento ir,
Por tus caricias arrobadoras
Y las miradas tan seductoras
Que hacen mi pecho fuerte latir.
A Dios yo pido constantemente
Para mis padres vida inmortal;
Porque es muy grato, sobre la frente
Sentir el roce de un beso ardiente
Que de otra boca nunca es igual».
José Martí
Escrito para un cumpleaños de Doña Leonor en 1868
Antes de cerrar esta nota, queremos subrayar el motivo de la imagen que acompaña nuestra publicación, cortesía del Centro Fidel Castro Ruz. El líder histórico de la Revolución Cubana fue uno de nuestros mayores martianos, y amó a su madre con mucho cariño. Testimonio de lo anterior quedó como legado en la entrevista que el afamado periodista e intelectual Ignacio Ramonet le hizo, y que está recogida en un libro cuya edición en Cuba apareció con el título “Cien horas con Fidel”. Así se expresó sobre su madre “Lina” al entrevistador; que sirva la cita como homenaje al centenario de Fidel y a tantas madres patriotas y heroínas de la Revolución Cubana:
“Nadie se esforzó tanto para que sus hijos estudiaran, quería para ellos lo que ella no tuvo. Sin ella, yo, que sentí siempre el placer del estudio, sería hoy, no obstante, un analfabeto funcional. Mi madre, aunque no lo expresara a cada minuto, adoraba a sus hijos. Tenía carácter, fue valiente y abnegada. Supo soportar con entereza y sin vacilación los sufrimientos que algunos de nosotros involuntariamente le ocasionamos. Aceptó sin amargura la Reforma Agraria y el reparto de aquellas tierras, a las que sin duda amó.
