SR. RAÚL DELGADO
EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DE CUBA EN SUECIA E ISLANDIA.
COMPAÑERAS, COMPAÑEROS, CAMARADAS!
Cito: ”Nadie se rendirá! Y cansarse en esta lucha sería, para un patriota y revolucionario cubano, más bochornoso que rendirse, veremos quién tiene más razón, más motivación, más voluntad de luchar! Veremos quién se cansa primero! Veremos quién resiste más! Mañana lo recordaremos en Baraguá! Ante la gloria inmortal de Maceo!”. Fidel.
FIDEL CASTRO EN LA HISTORIA DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE.
Al aproximarnos al centenario del nacimiento de Fidel Castro, nos encontramos ante la necesidad histórica de reflexionar sobre la vida, la obra y el pensamiento de un líder que trascendió las fronteras de Cuba y se convirtió en una de las figuras políticas más influyentes de América Latina y el Caribe durante el siglo XX y comienzos del XXI.
Hablar de Fidel Castro es hablar de una época. Es hablar de la lucha de los pueblos latinoamericanos y caribeños por la soberanía, la independencia, la justicia social y el derecho a construir su propio destino.
Su pensamiento y su acción política no surgieron en el vacío. Fueron la respuesta a una realidad concreta: una América Latina marcada por la desigualdad, la pobreza, la dependencia económica y la subordinación política a los intereses de las grandes potencias. Una región en la que, durante décadas, gobiernos y élites económicas actuaron frecuentemente al servicio de intereses externos, mientras amplias mayorías populares permanecían excluidas de los beneficios del desarrollo.
En ese contexto histórico triunfó la Revolución Cubana en 1959.
La Revolución abrió una nueva etapa en la historia continental. Cuba demostró que un pueblo pequeño podía desafiar el poder de una superpotencia y defender su derecho a decidir su propio camino. Desde entonces, la Revolución Cubana se convirtió en un referente para numerosos movimientos sociales, políticos y revolucionarios de América Latina y el Caribe.
La importancia histórica de Fidel Castro no reside únicamente en haber dirigido esa revolución. Su amplia dimensión se encuentra también en haber contribuido a transformar la conciencia política de generaciones enteras.
Fidel puso en el centro del debate una pregunta que continúa siendo fundamental: ¿quién decide el destino de las sociedades? ¿Las grandes mayorías o las minorías económicas que concentran la riqueza y el poder?
Las democracias liberales representativas proclaman la igualdad política de los ciudadanos, pero esa igualdad formal convive con profundas desigualdades económicas y sociales.
Fidel cuestionó radicalmente esta estructura de poder.
Desde la perspectiva revolucionaria cubana, la democracia no podía limitarse al acto electoral, sino que debía expresarse también en el acceso universal a la educación, la salud, la vivienda, el trabajo, la cultura, la dignidad, etc. y eso exigia declarar el carácter socialista de la revolución.
Esta concepción generó una confrontación permanente con los sectores que defendían el modelo capitalista y con los gobiernos que consideraban incompatible la experiencia cubana con el orden político dominante en la región. De allí los sabotajes y atentados terroristas contra el nuevo Estado cubano.
El bloqueo económico impuesto por Estados Unidos durante décadas, junto con las constantes presiones políticas y económicas ejercidas contra la Revolución, convirtió la defensa de la soberanía nacional en una cuestión central para el pueblo cubano.
Desde la perspectiva cubana, la resistencia constituye una expresión de dignidad nacional y de independencia frente a una política criminal de presión que ha buscado condicionar las decisiones soberanas de la isla.
Pero la posición de Fidel Castro fue mucho más allá de la resistencia de Cuba.
Su pensamiento contribuyó a fortalecer una conciencia latinoamericana basada en la idea de que los pueblos de la región comparten una historia, una cultura y problemas estructurales comunes. La dependencia económica, la desigualdad, la explotación de los recursos naturales y la subordinación a intereses externos no podían ser enfrentadas de manera aislada.
De ahí la importancia de su defensa permanente de la unidad y la integración latinoamericana y caribeña.
Fidel considero que la verdadera independencia de nuestros pueblos no podía reducirse a la independencia política formal alcanzada en el siglo XIX. La soberanía debía extenderse también al terreno económico, energético, alimentario, tecnológico, cultural, etc.
En esta visión, la integración latinoamericana no era solamente un proyecto económico. Era una necesidad histórica y política.
La influencia de estas ideas se hizo visible en distintos procesos políticos de las últimas décadas. El fortalecimiento de la cooperación regional, la creación de mecanismos de concertación política y el surgimiento de gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina encontraron, en mayor o menor medida, un contexto político influido por la experiencia histórica de la Revolución Cubana.
La relación de Fidel Castro con dirigentes como Salvador Allende, Hugo Chávez, Evo Morales, Luiz Ignácio Lula da Silva, Rafael Correa, Fernando Lugo y otros líderes latinoamericanos muestra también la dimensión continental de su pensamiento político.
Particular importancia tuvo su relación con Hugo Chávez y el proceso bolivariano en Venezuela. La convergencia entre ambos dirigentes contribuyó a impulsar una nueva etapa de cooperación entre Cuba y Venezuela y favoreció el desarrollo de proyectos de integración y solidaridad que tuvieron repercusiones en numerosos países de América Latina y el Caribe.
Uno de los ejemplos muy significativos fue la cooperación en materia de salud y educación.
Miles de profesionales cubanos participaron durante años en programas de cooperación internacional, especialmente en comunidades pobres y zonas rurales donde millones de personas habían permanecido históricamente excluidas de los servicios básicos.
Esta política expresó una concepción de las relaciones internacionales basada en la solidaridad y no exclusivamente en la rentabilidad económica.
La Revolución Cubana sostuvo que los recursos humanos y el conocimiento científico podían convertirse en instrumentos de cooperación entre los pueblos. En este sentido, la salud y la educación fueron concebidas como derechos universales y no como mercancías reservadas a quienes pueden pagarlas.
Esta concepción continúa siendo una de las dimensiones más importantes de la influencia internacional de Fidel Castro.
Su pensamiento también estuvo profundamente marcado por el internacionalismo.
Para Fidel, la solidaridad con otros pueblos no era una cuestión secundaria, sino un principio político y moral. Cuba apoyó procesos de liberación nacional y movimientos anticoloniales, especialmente en África, y desempeñó un papel relevante en la lucha contra el apartheid y en la defensa de la independencia de numerosos pueblos.
Este internacionalismo amplió la dimensión histórica de la Revolución Cubana y situó a Cuba dentro de las luchas globales contra el colonialismo, el racismo y la dominación imperialista.
A cien años del nacimiento de Fidel Castro, el mundo ha cambiado profundamente. Sin embargo, muchas de las contradicciones que marcaron su pensamiento permanecen vigentes.
La concentración de la riqueza continúa aumentando. Grandes corporaciones transnacionales poseen un poder económico superior al de muchos países. La desigualdad social persiste. Millones de personas siguen sin acceso pleno a la salud, la educación y una vida digna. La soberanía de numerosos países continúa condicionada por intereses económicos y geopolíticos externos.
Este fue también uno de los temas que Fidel Castro colocó en el centro de la discusión política latinoamericana.
Su pensamiento dialogó con las ideas de José Martí, Simón Bolívar, Eloy Alfaro, Mariategui, O´Higgins y otros grandes pensadores y luchadores de nuestra América. En ellos encontró una concepción de la independencia que no se limitaba a la ruptura formal con el colonialismo, sino que aspiraba a construir pueblos verdaderamente libres y soberanos.
En el siglo XXI, esa lucha adquiere nuevas dimensiones.
La defensa de la soberanía nacional se relaciona con la soberanía energética y alimentaria. La independencia política se relaciona con la independencia tecnológica. La justicia social se relaciona con la distribución de la riqueza. La integración regional se convierte en una necesidad frente a un mundo dominado por grandes bloques económicos y geopolíticos.
En todas estas discusiones, el pensamiento de Fidel continúa siendo una referencia.
Conmemorar su centenario significa reconocer que estamos ante un personaje histórico de una dimensión excepcional, cuya acción política transformó a Cuba y alteró profundamente el escenario político latinoamericano y caribeño.
Fidel Castro, el organizador, el filósofo, el analista económico, el estratega militar, el dialéctico, el comunista!
Su influencia se mide por su cultura revolucionaria, que seguirán inspirando a muchos.
Se mide por los pueblos que acompañó. Por las luchas que apoyó. Por las ideas que nos legó.
Y, sobre todo, por haber demostrado que la historia de América Latina y el Caribe no está condenada a ser escrita desde fuera de nuestros pueblos.
Sus enseñanzas son el verdadero Escudo de las Américas. Porque con Fidel se enriquecio el marxismo al fundirlo con la tradición Martiana que lo doto de un fuerte componente ético y profundamente antiimperialista.
Su legado es haber creado el marxismo para el Sur-global, una herramienta teórico-práctica para la liberación nacional.
Camaradas, por una América latina libre, soberana y socialista.
Viva Fidel!! Viva Cuba socialista!! Viva la solidaridad internacional!!
Fidel, hasta la victoria siempre!!
