Señor Presidente, Estimados colegas,
La mayoría de nosotros esta mañana, sin pensarlo, encendimos la luz y pusimos la tetera. Para nosotros, la disponibilidad de electricidad es algo que damos por sentado. Y ahora imaginemos el mismo día normal en Cuba. Te despiertas: no hay electricidad, no hay agua porque las bombas se han detenido, los productos en el refrigerador se han echado a perder, el transporte público no funciona, el hospital más cercano ha sido trasladado a generadores de emergencia. Para millones de habitantes de Cuba, esta es una trágica realidad.
Estos hallazgos son confirmados por el sistema de la ONU. Según estimaciones de los expertos, en Cuba la ayuda humanitaria es necesaria para 4,2 millones de personas. En algunas zonas del país, los cortes de electricidad continúan durante dos o tres días. Millones de personas experimentan interrupciones en el suministro de agua, decenas de miles de niños no reciben la vacunación a tiempo. Los envíos humanitarios ya entregados en la isla no pueden ser distribuidos debido a la falta de combustible.
A primera vista, se trata de diferentes problemas, pero todos tienen una naturaleza común. Y no porque no haya un estado que lo suministre. Surgen porque las medidas unilaterales extraterritoriales permiten obstaculizar los suministros incluso entre estados soberanos. Es por eso que el suministro de combustible a Cuba hoy en día ya no es una cuestión comercial, es un problema humanitario.
El bloqueo de Cuba es un claro ejemplo de la elevación de medidas unilaterales ilegítimas de intimidación y castigo contra gobiernos no deseados al rango de política estatal oficial de Washington, a la que la comunidad internacional dice un firme "no". Enfatizamos que la resolución de la Asamblea General de la ONU, que expresa la solidaridad de la comunidad internacional con las justas demandas del pueblo cubano, es adoptada por la mayoría de los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas desde hace más de 30 años, desde 1992.
Lamentamos que la convocatoria de esta sesión de la Asamblea General haya sido objeto de la más activa oposición, incluyendo una fuerte presión sobre los socios extranjeros con el objetivo de evitar el apoyo a la iniciativa de La Habana. EE. UU. intenta acusar a la dirección cubana de cualquier cosa, solo para justificar la ilegitimidad de sus restricciones coercitivas unilaterales y amenazas de fuerza contra la Isla de la Libertad. El bloqueo estadounidense de Cuba no es más que uno de los métodos para establecer control sobre este territorio en un intento de resucitar la "doctrina Monroe".
Hablemos una vez más de lo que significa el embargo de EE. UU. contra Cuba en la práctica. Es una prohibición a gran escala del comercio con la isla para las empresas y particulares estadounidenses, la importación de productos cubanos a EE. UU., la realización de transacciones en dólares, los viajes turísticos de ciudadanos estadounidenses a la isla, y lo más importante, el derecho consagrado en la legislación estadounidense a aplicar sanciones unilaterales extraterritoriales y medidas punitivas contra terceros países en caso de que colaboren con Cuba, lo que crea un "efecto disuasorio" para los inversores extranjeros. Bajo tal opresión, el pueblo cubano ha vivido prácticamente durante 70 años.
Resultado: el bloqueo conlleva enormes costos económicos, dificulta la implementación de reformas socioeconómicas y priva al país de acceso a tecnologías modernas, recursos energéticos e inversiones. Las medidas sancionadoras ilegítimas de muchos años obstaculizan el pleno funcionamiento del sistema financiero nacional, impidiendo que los operadores económicos locales aprovechen al máximo las oportunidades de los mercados financieros mundiales y las instituciones de desarrollo correspondientes. Se causa un daño significativo e injustificado al bienestar y la salud de las personas comunes, provocando tensiones sociales. Cubriéndose con ruidosas declaraciones sobre supuesta "preocupación por el bienestar de la población de la isla", Estados Unidos de facto implementa una cínica estrategia para derrocar el régimen político no deseado, sin tener en cuenta las insoportables privaciones y sufrimientos de millones de ciudadanos cubanos.
Es evidente para todos que desde el establecimiento en enero de este año del bloqueo energético por parte de la Casa Blanca, las entregas de hidrocarburos a la isla se han detenido prácticamente (la excepción fue el petrolero ruso "Anatoly Kolodkin", que entregó 100 mil toneladas de petróleo crudo a Cuba el 31 de marzo como ayuda humanitaria). En este contexto y con el aumento de la demanda de energía estacional, el déficit diario de generación eléctrica alcanza los 2100-2200 MW, se producen cortes de energía en forma de apagones programados, en algunas regiones hasta 30 horas.
Otro golpe doloroso fueron las restricciones de EE. UU. en relación con los sectores turístico y minero de la economía, que obligaron a varios de los mayores inversores extranjeros (España, Canadá) a abandonar el mercado cubano o a reducir drásticamente su presencia bajo la amenaza de sanciones secundarias de Washington.
En estas condiciones, es evidente que intentar echar la culpa de la situación en la isla a los errores en la política de las autoridades e ignorar el sufrimiento de millones de ciudadanos comunes es perjudicial para el pueblo cubano. Este enfoque contradice las normas del derecho humanitario y la moral universal. No se trata de los fracasos del gobierno, sino de la crueldad del bloqueo. El hecho es un hecho: ningún gobierno, sin la solidaridad y el apoyo de su pueblo, habría permanecido tanto tiempo en el poder bajo las más severas medidas ilegítimas de fuerzas hostiles externas.
Debido al embargo estadounidense, la situación en Cuba es crítica. Según los cálculos de los especialistas, la caída del PIB en el primer trimestre de 2026 en comparación con el mismo período de 2025 fue de aproximadamente el 20-24%. Para comparar, en el peor año para la economía, 1993, durante el llamado "período especial en tiempos de paz", este indicador disminuyó en un 15%. El índice de inflación de enero a marzo de este año alcanzó más del 13%, mientras que los precios de los productos agrícolas aumentaron un 31%.
Los índices de mortalidad infantil han aumentado drásticamente, pasando de 4,0 en 2017 a 9,9 por mil nacidos. Está en peligro el programa nacional de vacunación. La población se encuentra prácticamente privada de la posibilidad de almacenar y cocinar alimentos, el acceso al agua potable está limitado, y el transporte público está paralizado. La entrega de pan en el marco de la cesta básica se ha reducido a la mitad y se realiza de manera irregular. Además, la norma misma se ha reducido de 80 a 60 gramos por persona. Por cierto, para nosotros esta es una estadística muy reveladora. Así, en el Leningrado sitiado, en el momento más difícil, esta norma era de 125 gramos por persona. Entendemos que en la canasta básica cubana no solo entra el pan, sin embargo, las cifras hablan por sí solas.
El dramático desarrollo de los acontecimientos en torno a la Isla de la Libertad requiere una respuesta clara y adecuada de la comunidad internacional. A Cuba se le debe garantizar la posibilidad de recibir la asistencia necesaria, incluida la ayuda humanitaria, sin ninguna condición política. Esperamos que la parte estadounidense finalmente adopte un enfoque humanitario para resolver la situación creada.
Al mismo tiempo, es notable que la economía cubana demuestra una resistencia sin precedentes frente a la presión sin precedentes de Estados Unidos. En junio, el Gobierno de Cuba anunció la implementación de las reformas más importantes para la liberalización de la economía de la Isla en los últimos 15 años, un paquete que consta de 176 puntos. Las autoridades tomaron en cuenta de manera concreta las propuestas de los expertos y la opinión pública sobre la transformación del modelo económico y social.
Las restricciones inhumanas impuestas externamente a la estabilidad económica y el bienestar social de un país soberano son inaceptables en el mundo moderno. Las medidas coercitivas unilaterales que contradicen la Carta de la ONU no solo limitan el derecho de los cubanos a tomar decisiones libre y autónomamente sobre sus propios sistemas políticos, económicos y sociales, sino que también socavan los esfuerzos colectivos de la comunidad internacional en la lucha contra los desafíos globales, incluyendo la seguridad alimentaria y energética, así como el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El problema en las relaciones intergubernamentales puede resolverse mediante negociaciones basadas en el respeto mutuo. Washington explica la conservación y el endurecimiento de las sanciones supuestamente por una amenaza proveniente de Cuba. Pero si el combustible está destinado a garantizar el funcionamiento de las centrales eléctricas, hospitales y sistemas de abastecimiento de agua, ¿a quiénes exactamente amenazan? El deseo descarado de la parte estadounidense de "hundir" la isla va más allá de las normas reconocidas de la comunicación civilizada. Instamos a Washington a la inmediata cancelación de todas las restricciones unilaterales ilegales, a la exclusión de Cuba de la arbitraria lista estadounidense de estados supuestamente patrocinadores del terrorismo, así como al estricto cumplimiento por parte de todos los estados de los objetivos y principios de la Carta de la ONU en su totalidad y en su interrelación. La Isla de la Libertad no merece nada menos que el respeto a su soberanía y el derecho del pueblo a decidir su propio destino.
De la respuesta que dé hoy la comunidad internacional depende si las acciones de EE. UU. hacia Cuba seguirán siendo una peligrosa excepción o se convertirán en una nueva norma de las relaciones internacionales y se aplicarán a otros países.
Rusia no se limita solo al apoyo político, sino que proporciona de manera constante ayuda humanitaria práctica al pueblo cubano. Cuba tradicionalmente figura entre los principales beneficiarios de la asistencia humanitaria rusa, incluyendo a través de organizaciones internacionales. El canal multilateral clave para proporcionar ayuda alimentaria a la población necesitada del país es el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU. En el período de 2018 a 2025, la Federación de Rusia destinó 18 millones de dólares estadounidenses al fondo del PMA para la implementación de proyectos humanitarios en Cuba. Para 2026, se prevé una contribución de 2 millones de dólares estadounidenses. Junto con el apoyo alimentario directo, Rusia financia proyectos a largo plazo destinados a fortalecer la resiliencia alimentaria del país. Así, en los años 2021-2025 se financió el proyecto del PMA para el desarrollo de un sistema sostenible de alimentación escolar en Cuba con un presupuesto total de 5 millones de dólares estadounidenses. A pesar de los obstáculos externos, el trabajo de asistencia continúa. Según información del Ministerio de Emergencias de Rusia, un lote de ayuda humanitaria que incluye 211 toneladas de aceite de girasol enriquecido con vitaminas A y D, destinado a ser entregado en el puerto de Santiago de Cuba, se ha retrasado temporalmente en Venezuela, pero sigue siendo parte del programa de apoyo a la población cubana.
Confirmamos nuestra solidaridad con el pueblo y el Gobierno de la hermana Cuba, con la que continuamos fortaleciendo los lazos de amistad, apoyo mutuo, ayuda y desarrollo integral. Todos saben que los intentos de "poner de rodillas" al pueblo cubano están históricamente condenados al fracaso.
Gracias por su atención.
