Discurso del embajador de Cuba, Juan Carlos Marcof Sánchez en las celebraciones por el Día de la Cultura Nacional en Nassau, Las Bahamas.
Buenas tardes a todos:
Es un placer compartir este encuentro con ustedes en una fecha muy significativa para Cuba: el 20 de octubre, Día de la Cultura nacional. Agradezco a la Universidad de Las Bahamas y en particular al departamento de lenguas extranjeras por acoger como cada año la celebración del Día de la cultura nacional cubana y este año incluso la celebración se extendió por dos días, sé que ayer disfrutaron del Filme HavanaStation y hoy disfrutaremos de esta gala cultural.
Para los cubanos, el 20 de octubre tiene un significado especial. Ese día de 1868, en la ciudad de Bayamo, se entonó por primera vez la marcha que se convertiría en nuestro Himno Nacional, conocida entonces como La Bayamesa. Su letra fue escrita por Pedro Figueredo, a quien conocemos como Perucho, en medio del entusiasmo popular que acompañó la liberación de la ciudad por las fuerzas independentistas.
No se trata de una coincidencia histórica menor. Cuba conmemora su cultura a partir de un acontecimiento en el que la música, la poesía y la aspiración de independencia se encontraron en un mismo acto. Desde sus orígenes, la identidad cubana estuvo estrechamente vinculada a la voluntad de conquistar la libertad y construir una nación soberana e independiente.
Por eso, cuando los cubanos hablamos de cubanía, no nos referimos únicamente al lugar donde nacimos. Hablamos de una historia compartida, de una sensibilidad, de una manera de crear, de relacionarnos con el mundo y de amor a la patria. Hablamos también de una identidad que se ha formado mediante el encuentro de diversas raíces y tradiciones, entre ellas las herencias española y africana, que dejaron una huella profunda en nuestra lengua, nuestra música, nuestra gastronomía y nuestras formas de expresión, como lo definiera el tercer descubridor de Cuba, don Fernando Ortiz, Cuba es un gran ajiaco donde se mezcla una diversidad de esencias que tiene como resultado la génesis de lo cubano.
Esa diversidad constituye una de las mayores riquezas de la cultura cubana. Se escucha en el son, el danzón, la guajira y el bolero; se expresa en la danza, las artes visuales, el teatro y el cine; y encuentra en la literatura y la poesía espacios para interpretar nuestras tradiciones, aspiraciones y esperanzas.
La cultura no es solamente aquello que se exhibe en un escenario o se conserva en un museo. También está en la vida cotidiana, en los saberes que pasan de una generación a otra y en la capacidad de una comunidad para reconocerse en sus propias expresiones. Es una creación permanente, que se nutre de la memoria, pero que necesita dialogar con el presente para seguir viva.
En este sentido, resulta imprescindible recordar el pensamiento de Fidel Castro, Líder histórico de la Revolución que este año estamos celebrando su centenario. Fidel comprendió que el desarrollo de una nación no podía medirse exclusivamente por sus recursos materiales o sus indicadores económicos. También debía valorarse por las oportunidades que ofrece a las personas para aprender, crear, acceder al conocimiento y participar en la vida cultural.
En sus reflexiones sobre la cultura, Fidel la definió como el escudo y la espada de la nación, y sostuvo que era lo primero que había que salvar, incluso en los momentos más difíciles. Estas ideas expresan una convicción fundamental: la cultura no es un lujo reservado para tiempos de prosperidad. Es una necesidad humana y una fuente de fortaleza espiritual.
Su legado en este ámbito se relaciona con la defensa de la educación, la promoción de la lectura, la formación artística y el acceso de la población a las expresiones culturales. En 1961, sus encuentros con escritores y artistas, conocidos como Palabras a los intelectuales, situaron en el centro del debate la relación entre la creación artística y el proyecto de transformación social que vivía Cuba. No en vano Miguel Barnet dijo una vez: “El artífice de la política cultural cubana, el gestor, es Fidel... Todas las opciones culturales que hoy tenemos se las debemos a Fidel”.
Para Cuba, el arte, el conocimiento y la memoria contribuyen a sostener la dignidad humana. La cultura ha sido una forma de resistencia espiritual, pero también una fuente de disfrute, imaginación y encuentro. Una pieza de ballet con la dulzura de la primera bailarina Alicia Alonso es una caricia al alma. Un bolero de Benny Moré puede evocar una historia de amor; un poema de Dulce María Loynaz puede ayudarnos a comprender una época; una obra de teatro de Héctor Quintero puede hacernos cuestionar nuestras propias certezas. En cada caso, la creación artística amplía nuestra capacidad de sentir, pensar y comprender a los demás.
Esta reflexión tiene especial importancia ante ustedes, estudiantes universitarios. En un mundo marcado por los cambios tecnológicos, la circulación acelerada de información y el contacto constante entre sociedades, conocer la propia cultura y acercarse a la de otros pueblos constituye una herramienta esencial. La formación universitaria no consiste únicamente en adquirir conocimientos profesionales. También implica desarrollar sensibilidad, pensamiento crítico y disposición para escuchar perspectivas diferentes.
Por ello, el diálogo cultural entre Cuba y Las Bahamas tiene un valor que trasciende las actividades conmemorativas. Nuestros países comparten el espacio caribeño y enfrentan el desafío común de preservar sus identidades mientras participan en un mundo cada vez más interconectado. El intercambio entre universidades, artistas, investigadores y estudiantes puede contribuir a que nos conozcamos mejor y a que descubramos nuevas posibilidades de colaboración.
Conocer la música, la literatura y la historia de un país permite acercarse a su pueblo más allá de los estereotipos. Del mismo modo, estudiar las experiencias de nuestros vecinos nos ayuda a comprender que el Caribe, con su diversidad de lenguas, tradiciones y trayectorias históricas, es mucho más que una región geográfica: es un espacio de creatividad, intercambio y memoria compartida.
Celebrar hoy el Día de la Cultura Nacional fuera de Cuba reafirma, además, que la identidad no desaparece con la distancia. Se mantiene viva cuando se comparte, cuando se estudia y cuando encuentra nuevos interlocutores. Por eso, agradecemos que esta celebración nos permita acercar una parte de nuestra historia y nuestras expresiones culturales a las nuevas generaciones bahamesas.
Permítanme concluir con una idea sencilla: la cultura pertenece al pasado porque conserva nuestra memoria, al presente porque da sentido a nuestras experiencias y al futuro porque nos permite imaginar nuevas posibilidades.
Honrar la cultura cubana significa reconocer el camino recorrido, valorar la creatividad de nuestro pueblo y asumir la responsabilidad de transmitir ese patrimonio sin renunciar a su enriquecimiento. Significa también estar abiertos al diálogo con otras culturas, convencidos de que conocer nuestras diferencias puede acercarnos y de que el respeto mutuo constituye una base sólida para la convivencia.
Muchas gracias.
(EmbaCuba Bahamas)
