(Versiones Taquigráficas - Presidencia de la República)
Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana;
Mi abrazo también para el Presidente Lazo, que estoy seguro de que pronto estará ya recuperado;
Queridas Diputadas, queridos diputados:
Las sesiones de la actual Legislatura que hoy clausuramos tienen enorme importancia. Aquí hemos aprobado el Código de las Familias, una norma indispensable para la sociedad cubana, que en septiembre será llevada a referendo para que se pronuncie por ella el pueblo, el Soberano.
Ese solo hecho hace ya trascendente el momento. Pero me gustaría extenderme sobre las esencias, apoyado en los argumentos de los brillantes juristas y especialistas de otras materias, aquí con nosotros hoy, que integran la comisión redactora de una norma jurídica, ahora dotada de jerarquía constitucional por el valor del tema para la sociedad cubana.
Cuando el 10 de abril de 2019 aprobamos la Constitución de la República de Cuba, se consolidaban las bases de nuestro Estado socialista de derecho y justicia social.
Entre las materias más reflejadas en la regulación constitucional, destaca el Derecho de familia, por su papel vital en la formación de generaciones y con ello en la transmisión de valores, costumbres, tradiciones y patrones cívicos, lo cual ha ido generando un cambio de paradigma.
El Código de las Familias es, sin duda, una de las normas legales que más trascendencia social y política han tenido en la historia jurídica del país, porque no solo desarrolla los derechos constitucionales en materia familiar y otros afines, sino que también responde a los compromisos internacionales asumidos por Cuba al ratificar tratados de derechos humanos como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, en 1979; la Convención sobre los Derechos del Niño, en 1989; y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en 2006, cuyos valores y principios están recogidos en el Código.
Esta es una ley que ha recorrido un largo camino, buscando consensos sociales y académicos. Su construcción ha supuesto la coexistencia de saberes aportados desde distintas ciencias. Cada boceto empleado en esta monumental obra jurídica, confirma la importancia de erigir las normas legales del país desde un enfoque científico, multidisciplinario y holístico, como lo exige hoy el pensamiento científico moderno y marxista.
Para develar el rostro de esta norma, no solo ha sido necesario el cincel y el martillo que aporta la Academia, expresado a través de la consulta especializada, desarrollada durante los meses de septiembre y octubre del pasado año. En ese rostro está la savia popular de la nación, en tanto se recoge el sentir de miles de cubanas y cubanos que en ocasión de la consulta popular expresaron su apoyo o, sencillamente, su diverso parecer acerca de cada una de las instituciones que recoge su articulado.
La sociedad cubana, a través de sus estudiantes, obreros, campesinos, intelectuales, combatientes, jóvenes, mujeres, adultos mayores, personas en situación de discapacidad, ha vertido las más disímiles opiniones sobre una ley que ha concitado su atención, en tanto su punto de mira no es otro que las familias.
Con esa consulta hemos ganado todos. El pueblo, porque ha sido partícipe directo de una norma legal que ofrece su manto protector a toda persona, cualquiera que sea su edad, su sexo, su género, su orientación sexual o de género, su situación de discapacidad, o su posible situación de vulnerabilidad en cualquiera de sus manifestaciones. Todo, a través de un Código que hace una apuesta en tiempo presente para saldar las deudas del pasado y educar a las generaciones del futuro.
