Ciudad de Guatemala, 16 abr (Prensa Latina) Desde las propias raíces comunitarias surgen hoy los agradecimientos a la Brigada Médica de Cuba (BMC) en Guatemala, con casi tres décadas de presencia en los caminos roturados del país.
Así destacó en una columna en el medio de comunicación local Plaza Pública la periodista y defensora de los derechos humanos Iduvina Hernández, para quien los pueblos expresan ahora su sentimiento de gratitud ante los servicios de salud recibidos de manos antillanas.
Llegaron en 1998, luego de la debacle por el huracán Mitch. Se desplegaron por el territorio nacional. En una gran mayoría hacia localidades a las que, en ese entonces, el personal local evitaba llegar, recordó en el texto.
Sus pies conocieron el polvo de los caminos. Las aguas de los ríos mojaron sus uniformes. Las aves del campo en la montaña, la selva y el trópico amenizaron con su canto los trayectos cotidianos, describió Hernández, caracterizada por un compromiso inquebrantable con la memoria histórica y la justicia.
Prácticamente se fundieron con las poblaciones que atendían. No llegaron en plan de superioridad. Al contrario, lo primero que hacían era identificar las prácticas comunitarias de atención en salud, acompañar desde el respeto y la pertinencia cultural, explicó.
Pude conocer a médicos cubanos que aprendieron a curar el “susto” y de tal modo se ganaron a la localidad en la que se encontraban, subrayó la escritora, una voz de resistencia que interpela al sistema.
La muestra de ese cariño ganado llega con los procesos de despedida, acotó, mientras ejemplificó que en el municipio San Pedro Carchá, del departamento de Alta Verapaz, el alcalde le entregó la medalla de la ciudad al galeno Yunior Proenza.
Este –expuso- dicen las ancianas fue adoptado por la selva, en tanto un reportaje sobre su experiencia resaltó que durmió sobre tablas y caminó cuatro horas para dar consultas, se subió a lanchas rústicas y se dejó llevar por la corriente, (…) porque la naturaleza siempre lo protege.
De igual forma, en Ixcán, Quiché, el equipo del centro de salud despidió a la doctora Claudia Campo. En su agradecimiento, la profesional de la isla habló parte en idioma Q’eqchi’, del que aprendió algunas palabras para comunicarse con sus pacientes, remarcó.
En San Marcos, ilustró, la Estudiantina del Centro Universitario despidió a la BMC al ritmo de Guantanamera, y en Palín, Escuintla, la sociedad civil le mostró su aprecio.
Esta última, aludió a las más de 40 mil cirugías de ojos que practicaron especialistas cubanos en el Hospital Oftalmológico, en Villa Nueva, detalló.
De manera que, Aseveró Hernández, Guatemala como sociedad y Estado, debe un profundo agradecimiento a quienes desde la BMC recorrieron (recorren aún) los caminos más alejados para aportar a la salud de sus habitantes.
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