Londres.— En el Palacio de Westminster resonó este martes una verdad que trasciende fronteras y tiempos políticos. No fue un discurso protocolar más; fue, en palabras de su protagonista, una "misión de amor". El Dr. Fidel Antonio Castro Smirnov, destacado científico y nieto del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, alzó su voz ante el Grupo Parlamentario Multipartidista (APPG) sobre Cuba para dejar claro que el legado de Fidel Castro "no es un debate sobre el pasado”, sino que “es un debate sobre el futuro".
Invitado al Reino Unido por la Campaña de Solidaridad con Cuba (CSC), la agenda de Fidel Antonio trasciende la diplomacia parlamentaria, pues cumple además con un riguroso programa científico y de intercambio académico, que incluye varias conferencias en diferentes universidades y encuentros con grupos de investigación. En el órgano legislativo fue introducido por el diputado laborista Steve Witherden, recién electo presidente del APPG, y llevó ante una amplia representación de parlamentarios, lores y asistentes legislativos, una tesis contundente: "La soberanía no es negociable; es el oxígeno mismo de una nación".
En el año del Centenario de Fidel, su nieto no solo evocó la memoria del estadista, sino la del científico. Recordó a su propio padre, Fidel Castro Díaz-Balart, también físico nuclear, quien le legó una comparación poderosa: "Creía que romper el núcleo del átomo no era nada comparado con el poder de la educación para transformar una sociedad".
Esa visión, explicó Fidel Antonio, no fue un lujo, sino una herramienta de supervivencia que permitió a la Isla enfrentar la pandemia de COVID-19 con cinco candidatos vacunales propios. "Lo hicimos bajo un asedio financiero", explicó, contrastando la ética humanista de la Revolución con la lógica del mercado. "Mientras ellos planean ataques, nosotros planeamos vacunas. Mientras ellos construyen muros, nosotros formamos médicos".
Fue precisamente al hablar de esa formación médica donde resaltó una de las obras cumbres de la Revolución. Fidel Antonio calificó a la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) como "una de sus creaciones más hermosas y humanas" y un "verdadero símbolo de la cooperación en ciencia y salud". Recordó que esta institución, con más de 32.000 graduados de 122 países, materializa la profecía de Fidel de que sus médicos ganarían "la primera medalla olímpica de la solidaridad" por su conciencia y defensa de la vida.
Fidel Antonio interpeló a los presentes sobre el alcance real del bloqueo contra Cuba. Desmanteló la narrativa de que el bloqueo sea un asunto bilateral, exponiendo su irracionalidad: "¿Tiene sentido, en el siglo XXI, que un banco británico rechace una transferencia en libras esterlinas para suministros médicos destinados a niños en La Habana, simplemente por temor a una multa diseñada para operaciones que utilizan el dólar?".
El carácter extraterritorial del bloqueo fue un punto de convergencia para los legisladores, quienes debatieron sobre cómo desafiar estas restricciones que, en la práctica, limitan la propia soberanía británica.
Ante un mundo sacudido por conflictos bélicos, la voz de Cuba en Londres defendió el paradigma de un "ejército de batas blancas". Fidel Antonio fue tajante al rechazar los eufemismos de la guerra moderna: "Médicos y no bombas, médicos y no armas inteligentes de puntería certera, porque, al fin y al cabo, un arma que mata a traición no es, en absoluto, un arma inteligente, como afirmó Fidel".
Recordó que Cuba no posee armas nucleares ni químicas ni biológicas, sino un contingente educado para salvar vidas en los rincones más recónditos del planeta. Esta postura es la que ha permitido a Cuba, una "pequeña isla inmensa", ganarse el respeto de millones a pesar de las campañas de descrédito.
El encuentro en Westminster cerró con una reflexión que unió la física con la diplomacia. Fidel Antonio recordó a la audiencia multipartidista que, "como científico, sé que la entropía es un estado natural, pero construir puentes es un acto de voluntad humana".
En una emotiva reafirmación de continuidad, habló en nombre de los "agradecidos" y de la juventud científica que se niega a dejar morir el legado revolucionario del Comandante en Jefe. Con la mirada puesta en los desafíos por venir, sentenció que su generación lleva a Fidel "en el corazón, en la sangre, en la mente y en los molinos de viento que quedan por derribar".
En Londres quedó patente que, a cien años de su nacimiento, el tiempo de Fidel sigue siendo el presente.



