Hoy en Cuba está ocurriendo un genocidio silencioso, como consecuencia de la intensificación extrema de la guerra económica que nos impone el gobierno de los Estados Unidos.
Las Ordenes Ejecutivas del 29 de enero y 1º de mayo de 2026, definen la política de máxima presión. Estados Unidos declara el castigo colectivo al pueblo cubano. Mediante el cerco energético buscan provocar una catástrofe humanitaria.
Su absurdo pretexto es que nuestra pequeña isla es una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de la superpotencia nuclear.
El impacto humanitario es devastador e incalculable. Las familias cubanas sufren cortes prolongados del servicio eléctrico, dificultades para costear los alimentos, insuficiente disponibilidad de medicamentos, problemas con el abasto de agua y la paralización del transporte público por falta de combustible.
Como han denunciado muchos titulares de mandato del Consejo, esa política de asfixia viola los derechos humanos del pueblo cubano.
¿Puede permitirse a una gran potencia destruir a una pequeña nación de paz y provocar una tragedia humanitaria, con el objetivo de cambiar un sistema político? ¿Qué vendría después? ¿Quién sería el próximo?
Por mucho que se esfuercen no van a doblegarnos. Mitigaremos el daño humanitario con soluciones creativas. Protegeremos a los niños y ancianos, a las personas y familias en mayor dificultad. No cejaremos en nuestras políticas sociales.
A pesar de las dificultades, es irrevocable nuestra determinación de continuar perfeccionando nuestro marco jurídico-institucional para la protección de todos los derechos humanos para todos.
También seguiremos honrando nuestros compromisos de cooperación con todos los mecanismos de derechos humanos de aplicación universal.
Ningún país está exento de retos y ninguno tiene autoridad para considerarse un paradigma en materia de derechos humanos, ni utilizarlos por razones políticas para estigmatizar a otros Estados.
En contraposición a los enfoques punitivos, la manipulación política y la selectividad, continuaremos defendiendo en este Consejo el diálogo respetuoso y la cooperación como únicas vías efectivas para avanzar en la noble causa de los derechos humanos.
Muchas gracias.
