Compañero General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana,
Compañero Primer Secretario y Presidente de la República, Miguel Díaz Canel,
Compañero Esteban Lazo, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular,
Compañero Primer Ministro Manuel Marrero,
Compañero Roberto Morales, Secretario de Organización del Partido Comunista de Cuba,
El reciente discurso del primer secretario y presidente, Miguel Díaz-Canel del 26 de julio y su brillante y contundente demostración del genocidio que perpetra el gobierno de los Estados Unidos contra el pueblo cubano, las deliberaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas del pasado 7 de julio y la introducción que acaba de realizar el Presidente de la Asamblea Nacional me relevan de tratar de algunos aspectos.
Me acompaña en esta sesión el Consejo de Dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores.
La Asamblea Nacional del Poder Popular, en su conjunto, su Consejo de Estado, la Comisión de Relaciones Internacionales y muchos de sus diputados han jugado y juegan un papel relevante en el ejercicio de la acción exterior del Estado cubano y en el desarrollo de la política exterior.
Compañeras y compañeros,
El contexto político internacional en el que nuestra Revolución defiende y representa los intereses del pueblo se ha agravado significativamente.
El gobierno de los Estados Unidos ha tomado la decisión de quebrantar y destruir el Derecho Internacional, la Carta de las Naciones Unidas y los pilares que emergieron de la II Guerra Mundial y durante más de 80 años han guiado las relaciones entre los Estados, sobre la base del respeto a la soberanía y el principio formal de la igualdad soberana entre los Estados.
Ha demostrado, además, su capacidad relativa y temporal de imponer su voluntad a diversos gobiernos, por encima de las prerrogativas soberanas y constitucionales de estos, mediante la intimidación, la coerción y, muy específicamente, la utilización de medidas coercitivas unilaterales y de aranceles comerciales punitivos.
Ha acudido a la agresión militar, a guerras sin justificación alguna, al bombardeo de poblaciones civiles, al secuestro de un Jefe de Estado en ejercicio, al asesinato político, al terrorismo de Estado, al “cambio de régimen” y a la guerra cognitiva o no convencional.
Fundamentan esa conducta en una nueva e insólita doctrina que titulan “paz por vía de la fuerza”, como la supuestamente surgida en el pasado histórico del saqueo, el despojo, la conquista, el exterminio, la ocupación, la esclavitud, la limpieza étnica, o la paz de los viejos imperios coloniales, las Guerras Mundiales, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, del fascismo y el nazismo, de la Doctrina Monroe y sus Corolarios, del diseño que debe haber motivado a Hitler cuando se propuso reconfigurar el mapa de Europa en la primera mitad del siglo XX o más recientemente con el malogrado rediseño del Indo Pacífico, del Nuevo Medio Oriente o de la OTAN.
En las últimas semanas, como si no se hubieran aprendido las lecciones de la historia, resurge en Estados Unidos como política oficial el fantasma del macartismo y la cacería de brujas. Una extraña Cumbre, a la que fueron convocados en Washington de improviso decenas de Cancilleres, se dedicó a intentar lanzar la persecución de un fenómeno del que no se había oído hablar. Lo llaman “resurgimiento del terrorismo de extrema izquierda”. Antes, habían intentado acuñar el extraño concepto de “narco-terrorismo”. Habría que recordar las sangrientas dictaduras latinoamericanas y el Plan Cóndor que impusieron.
Poco después, el Departamento de Estado publicó un extenso informe sobre Cuba, que ha dado mucho que hablar por su superficialidad, mendacidad e inconsistencia, como si fuera encargado a una aplicación de Inteligencia Artificial mal empleada, según se dice, pero que intenta singularizar a Cuba como un peligro para Estados Unidos.
Además del absurdo de suponer que nuestro país pueda amenazar a la mayor potencia militar nuclear del planeta, el informe busca criminalizar y reprimir las genuinas expresiones de solidaridad con Cuba, manifiestas en múltiples sectores y segmentos de la sociedad estadounidense.
Busca condenar y también criminalizar la simpatía de la Revolución cubana con las causas a favor de la justicia, los derechos civiles, contra el racismo, el sionismo, la guerra y la opresión. Cuestiona nuestro derecho a defendernos de la agresión imperialista. Ataca la obra solidaria y humanista en la que nos hemos empeñado en muchas partes del mundo. Condena el esfuerzo internacionalista de Cuba a favor de la liberación de los pueblos de África y contra el apartheid, e identifica a nuestro país como un peligro por su ejemplo, su resistencia, su dignidad y su obra de justicia social.
Hace poco más de 5 años, en julio de 2021, ese gran estadista mexicano y latinoamericano Andrés Manuel López Obrador sentenció y cito: “Podemos estar de acuerdo o no con la Revolución cubana y con su gobierno, pero el haber resistido 62 años sin sometimiento es toda una hazaña. (…) En consecuencia, creo que, decía por su lucha en defensa de la soberanía de su país, el pueblo de Cuba merece el premio de la dignidad, y esa Isla debe ser considerada como la nueva Numancia por su ejemplo de resistencia, y pienso que, por esa misma razón, debiera ser declarada patrimonio de la humanidad”. Fin de la cita.
Ese ejemplo, esa alternativa al capitalismo salvaje y al imperialismo, es el peligro que identifica Estados Unidos al que suma la sed de venganza de los herederos de la dictadura de Batista, asesinos de 20 mil cubanos, de los esbirros, torturadores y ladrones, de los mercenarios de Playa Girón, de los que trataron de empujar a un holocausto nuclear, a la guerra bacteriológica, los de los atentados, los terroristas y de los que se adueñaron del país, y por eso nos condena a una guerra despiadada y sin cuartel. Son la reencarnación de Valeriano Weyler, y aquel holocausto del siglo XIX; y de Léster Mallory, diseñador de la política de provocar sufrimiento, desesperación y el derrocamiento del gobierno.
Bajo una conducta agresiva y amenazante, la mayor potencia militar y económica del planeta coarta la voluntad de muchos Estados en el desempeño de sus propios asuntos nacionales e incluso en sus relaciones internacionales.
Esa realidad ha permitido al gobierno estadounidense reforzar en extremo la guerra económica y el castigo colectivo contra Cuba, apretar al máximo el cerco energético, estrangular nuestras posibilidades de interacción comercial con otros países y avanzar en el empeño de desconectar a Cuba de la economía internacional.
Mienten descaradamente cuando dicen que no hay cerco energético, que obteníamos petróleo gratis, que el bloqueo no existe y que este no invade la soberanía ni la jurisdicción de los demás Estados.
Es un escenario muy peligroso y lógicamente insostenible en el mediano plazo, pero que en las actuales circunstancias impone a Cuba el incremento de la capacidad destructiva despiadada del gobierno de los Estados Unidos.
El 26 de julio reciente, el Primer Secretario del Partido y Presidente de la República advirtió, cito: "Cuba libra hoy una batalla histórica. Un nuevo Moncada. .... las generaciones actuales, vamos contra los muros de una política genocida que se ha propuesto asfixiar a todo el pueblo para apropiarse del país", fin de la cita.
Aun en estas circunstancias, nuestro pueblo disfruta de amplias y profundas relaciones en todo el mundo. Son, como norma, relaciones amistosas y de cooperación, pero son, también como norma, relaciones de respeto, incluso con países y gobiernos con los que tenemos diferencias políticas, que son los menos.
No hay duda respecto al rechazo mayoritariamente universal al bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba. La contundente votación de 136 contra 9 frente al intento estadunidense de impedir un debate sobre el tema en la Asamblea General de la ONU, el pasado 7 de julio, es muestra fehaciente de dónde está la opinión pública mundial, incluso bajo el clima de intimidación existente.
Quien se levanta hoy por Cuba, se levanta para todos los tiempos, repetiría seguramente Martí en estas circunstancias. El silencio, la indiferencia o el estrecho y egoísta interés pondrían a la humanidad entera en peligro. Cualquier estado podría ser el próximo si una amplia articulación internacional no detiene la barbarie. Si los ciudadanos estadounidenses accedieran a información veraz y suficiente impedirían ellos mismos la catástrofe con que su gobierno amenaza al planeta.
El 1 de enero de 2024, el Líder de la Revolución, General de Ejército Raúl Castro Ruz expresó, cito: “La política de hostilidad permanente y de bloqueo del Gobierno de los Estados Unidos es la principal causa de las dificultades de nuestra economía. No tengan duda de esta realidad, aunque el enemigo invierta millones de dólares y mucho esfuerzo para ocultarla”. Fin de la cita.
Nuestro pueblo está al tanto de las noticias y comprende con toda claridad que está en curso un plan macabro y bien diseñado, orientado a cortar, paso a paso, las fuentes de ingresos financieros, el acceso a mercados y tecnología, y los suministros esenciales para la economía y la vida de los cubanos, incluyendo alimentos y medicinas. Se suman a esas limitaciones y otras significativas, las impuestas con el bloqueo energético total, que está en vigor desde de enero de este año y que, con el uso de todos los medios, prácticamente impide la importación no solo de combustibles, sino de elementos y piezas, incluidos paneles solares y todo insumo o tecnología asociada a la generación eléctrica.
Está también consciente nuestro pueblo de que la amenaza de agresión militar sigue vigente. Aun cuando no se concibe ni es lógicamente concebible qué excusa o pretexto podría esgrimirse para acto tan criminal e irresponsable, el apetito agresivo de los sectores anticubanos dentro de Estados Unidos no parece tener límites.
Son los mismos que celebran como el éxito de su política, la agonía y el sufrimiento de una madre que pierde a un hijo por carencias de insumos médicos. Son los que se alegran por cada megawatt que deja de generarse en el país, por las horas de apagón que soporta el pueblo, por las restricciones de abasto de agua que encaran segmentos significativos de la población, por la basura que no logra recogerse y la desarticulación del transporte público.
El gobierno de Estados Unidos conoce muy bien nuestra disposición a encontrar solución a las diferencias bilaterales por la vía del diálogo y le consta la paciencia con que hemos aceptado su propuesta de conversar sobre bases de respeto.
Estados Unidos y todos observan nuestra disposición a acceder, pese a mentiras y manipulaciones, a un ofrecimiento de ayuda, que curiosamente se califica de humanitaria, por un monto que meramente equivale al impacto económico y social de cinco días del bloqueo, que es inferior a la ayuda del Programa Mundial de Alimentos que trató de impedir, y a pesar de que la brinda el mismo gobierno empeñado, inútilmente pero provocando hondo dolor y sufrimiento, en generar en Cuba una crisis humanitaria.
La meta real y la inclinación verdadera del gobierno de los Estados Unidos no se manifiestan por vía del diálogo o la diplomacia, ni tampoco por el ofrecimiento de ayuda, sino por medio de la coerción y el empeño de provocar el mayor castigo posible al pueblo cubano para conseguir su rendición.
Cuba no es una amenaza para Estados Unidos, ni desea ser su adversario o un enemigo. Nuestra vocación es de paz, como consta en las relaciones que disfrutamos con toda la comunidad internacional y en la Proclama de Paz de la América Latina y el Caribe, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la región, en La Habana.
Nuestro único compromiso es con el pueblo cubano. Nuestro mandato es el que ha emanado y emana directamente de su plena, única y absoluta soberanía. Tenemos el deber y el derecho de rechazar y enfrentar la agresión que lo castiga y amenaza, y tenemos el derecho y el deber supremo de defendernos, incluso con las armas, si somos agredidos militarmente.
Seguimos aspirando a la eventual posibilidad de una relación respetuosa y constructiva con nuestro voraz vecino del Norte y a dar pasos que conduzcan en esa dirección, siempre con absoluto, total y completo respeto a los derechos y prerrogativas soberanas de cada parte, que es como se conducen las relaciones entre los Estados.
En territorio estadounidense, viven muchos de nuestros connacionales. Con nuestros compatriotas, nos esforzamos por estrechar los vínculos y ofrecerles las mayores posibilidades de interacción con la Patria y los lazos fraternos con sus familiares y allegados. Muchas de las medidas de gobierno adoptadas ahora y en años recientes se orientan en esa dirección y descansan en el convencimiento de que los cubanos que residen fuera de Cuba, en cualquier parte del mundo, tienen un papel importante en el desarrollo de la nación, desde donde estén y también si regresan al país.
Las nuevas transformaciones económicas y sociales en las que estamos enfrascados amplían considerablemente esas posibilidades.
Deseo expresar nuestra inmensa gratitud por las expresiones de solidaridad con la causa de Cuba procedentes de todos los continentes, por la ayuda humanitaria y constante y sin condicionamientos ni oportunismos políticos de numerosos gobiernos, parlamentos y parlamentarios, organismos internacionales, organizaciones fraternales, movimientos sociales, partidos políticos, empresarios, asociaciones de amistad, solidaridad y de la sociedad civil, intelectuales y artistas, personalidades y académicos, y personas individualmente, de signo político y compromiso ideológico diverso, pero que coinciden en el rechazo a la injusticia y el crimen que se comete contra Cuba.
Apenas habían transcurrido cuatro años del triunfo de la Revolución cubana, cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresara, en 1963 y cito: «Es verdad que aún estamos bajo el bloqueo imperialista; es verdad que los imperialistas tratan de estrechar ese bloqueo, y que no sabemos cuán largo tiempo tendremos que resistir esa situación. ¡Y la resistiremos! ¡porque nuestra bandera revolucionaria no se plegará jamás! ¡porque la frente alta de esta nación no se doblegará jamás! Porque afrontaremos los riesgos que sean necesarios cuanto tiempo sea necesario; afrontaremos los sacrificios que sean necesarios, cuanto tiempo sea necesario» fin de la cita.
Sabemos nosotros que de ello dependerá la Independencia, la Revolución, el Socialismo y la propia existencia de nuestra Nación y de nuestra Cultura.
En el año de su Centenario, es preciso comprender, asimilar, actuar y repetir sin cansancio esa idea afincada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz de que un mundo mejor es posible, un mundo sin crueles bloqueos, y cito “que matan a hombres, mujeres y niños, jóvenes y ancianos, como bombas atómicas silenciosas”. Aspiraba Fidel y convocaba a luchar por un mundo mejor que sólo será resultado de la lucha revolucionaria y progresista. Esa visión alimenta el optimismo, la certeza de la victoria y nos compromete a luchar sin descanso, aun en las circunstancias tan duras y desafiantes como las que hoy vivimos.
Repitamos con José Martí “antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera la Patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”.
Socialismo o Muerte!
Patria o Muerte, Venceremos!
Intervento del ministro delle Relazioni Estere Bruno Rodríguez Parrilla durante la settima sessione ordinaria dell’Assemblea Nazionale del Potere Popolare, nella sua X legislatura
29 luglio 2026
Compagno Generale d’Esercito Raúl Castro Ruz, leader della Rivoluzione Cubana,
Compagno Primo Segretario e Presidente della Repubblica, Miguel Díaz-Canel,
Compagno Esteban Lazo, Presidente dell’Assemblea Nazionale del Potere Popolare,
Compagno Primo Ministro Manuel Marrero,
Compagno Roberto Morales, Segretario d’Organizzazione del Partito Comunista di Cuba,
Il recente discorso del 26 luglio del Primo Segretario e Presidente, Miguel Díaz-Canel, e la sua brillante e incisiva dimostrazione del genocidio che perpetra il governo degli Stati Uniti contro il popolo cubano, le deliberazioni dell’Assemblea Generale delle Nazioni Unite dello scorso 7 luglio e l’introduzione appena svolta dal Presidente dell’Assemblea Nazionale mi esimono dal trattare alcuni aspetti.
Mi accompagna in questa sessione il Consiglio di amministrazione del Ministero delle Relazioni Estere.
L’Assemblea Nazionale del Potere Popolare nel suo insieme, il suo Consiglio di Stato, la Commissione delle Relazioni Internazionali e molti dei suoi deputati hanno svolto e continuano a svolgere un ruolo rilevante nell'esercizio dell'azione estera dello Stato cubano e nello sviluppo della politica estera.
Compagne e compagni,
Il contesto politico internazionale nel quale la nostra Rivoluzione difende e rappresenta gli interessi del popolo si è aggravato in modo significativo.
Il governo degli Stati Uniti ha deciso di violare e distruggere il Diritto Internazionale, la Carta delle Nazioni Unite e i pilastri emersi dalla Seconda guerra mondiale che, per oltre 80 anni, hanno guidato le relazioni tra gli Stati sulla base del rispetto della sovranità e del principio formale dell’uguaglianza sovrana tra gli Stati.
Ha dimostrato, inoltre, la propria capacità relativa e temporanea di imporre la sua volontà a diversi governi, al di sopra delle loro prerogative sovrane e costituzionali, mediante l’intimidazione, la coercizione e, in modo molto specifico, il ricorso a misure coercitive unilaterali e dazi commerciali punitivi.
Ha fatto ricorso all’aggressione militare, a guerre prive di qualsiasi giustificazione, al bombardamento delle popolazioni civili, al rapimento di un Capo di Stato in carica, all’assassinio politico, al terrorismo di Stato, al «cambio di regime» e alla guerra cognitiva o non convenzionale.
Tale condotta si fonda su una nuova e insolita dottrina definita «pace attraverso la forza», come quella che sarebbe emersa nel passato storico caratterizzato dal saccheggio, dalla spoliazione, dalla conquista, dallo sterminio, dall’occupazione, dalla schiavitù, dalla pulizia etnica, o dalla pace dei vecchi imperi coloniali, dalle guerre mondiali, dai bombardamenti di Hiroshima e Nagasaki, dal fascismo e dal nazismo, dalla Dottrina Monroe e dai suoi Corollari, dal progetto che deve aver ispirato Hitler quando si propose di ridisegnare la mappa dell’Europa nella prima metà del XX secolo o, più recentemente, dal fallito ridisegno dell’Indo-Pacifico, del Nuovo Medio Oriente o della NATO.
Nelle ultime settimane, come se non fossero imparate le lezioni della storia, negli Stati Uniti riemerge come politica ufficiale il fantasma del maccartismo e della caccia alle streghe. Uno strano Vertice, al quale sono stati convocati all’improvviso a Washington decine di ministri degli Esteri, si è dedicato al tentativo di avviare la persecuzione di un fenomeno di cui non si era mai sentito parlare. Lo chiamano «rinascita del terrorismo di estrema sinistra». In precedenza avevano tentato di coniare lo strano concetto di «narcoterrorismo».
Bisognerebbe ricordare le sanguinose dittature latinoamericane e il Piano Condor che hanno imposto.
Poco dopo, il Dipartimento di Stato ha pubblicato un ampio rapporto su Cuba, che ha suscitato numerosi commenti per la sua superficialità, falsità e inconsistenza, come se fosse stato affidato a un’applicazione d’Intelligenza Artificiale utilizzata in modo improprio, ma che tenta di indicare Cuba come un pericolo per gli Stati Uniti.
Oltre all’assurdità di supporre che il nostro Paese possa minacciare la maggiore potenza militare nucleare del pianeta, il rapporto mira a criminalizzare e reprimere le genuine espressioni di solidarietà con Cuba, manifestate in numerosi settori e strati della società statunitense.
Cerca di condannare e anche di criminalizzare la solidarietà della Rivoluzione cubana con le cause a favore della giustizia e dei diritti civili e a quelle contro il razzismo, il sionismo, la guerra e l’oppressione. Mette in discussione il nostro diritto a difenderci dall’aggressione imperialista. Attacca l’opera solidale e umanista che ci siamo impegnati a portare avanti in molte parti del mondo. Condanna lo sforzo internazionalista di Cuba a favore della liberazione dei popoli africani e contro l’apartheid, e identifica il nostro Paese come un pericolo per il suo esempio, la sua resistenza, la sua dignità e la sua opera di giustizia sociale.
Poco più di cinque anni fa, nel luglio 2021, Andrés Manuel López Obrador, quel grande statista messicano e latinoamericano, dichiarò, e cito: «Possiamo essere d’accordo o meno con la Rivoluzione cubana e con il suo governo, ma aver resistito per 62 anni senza sottomettersi è una vera impresa. (…) Di conseguenza, credo che, proprio per la sua lotta in difesa della sovranità del proprio Paese, il popolo di Cuba meriti il premio della dignità, e che quell’Isola debba essere considerata la nuova Numanzia per il suo esempio di resistenza; ritengo inoltre che, proprio per questo motivo, dovrebbe essere dichiarata patrimonio dell’umanità». Fine della citazione.
Quell’esempio, quell’alternativa al capitalismo selvaggio e all’imperialismo, rappresenta il pericolo individuato dagli Stati Uniti, al quale si aggiunge la sete di vendetta degli eredi della dittatura di Batista, assassini di 20.000 cubani; degli sgherri, dei torturatori e dei ladri; dei mercenari di Playa Girón; di coloro che tentarono di spingerci verso un olocausto nucleare e verso la guerra batteriologica; degli autori di attentati, dei terroristi e di coloro che si sono impadroniti del Paese e e per questo ci condannano a una guerra spietata e senza quartiere. Sono la reincarnazione di Valeriano Weyler e di quell’olocausto del XIX secolo, e di Lester Mallory, ideatore della politica volta a provocare sofferenza, disperazione e il rovesciamento del governo.
Con un comportamento aggressivo e minaccioso, la maggiore potenza militare ed economica del pianeta limita la volontà di molti Stati nel gestire i propri affari interni e persino le loro relazioni internazionali.
Questa realtà ha permesso al governo statunitense di intensificare al massimo la guerra economica e la punizione collettiva contro Cuba, di stringere al massimo l’assedio energetico, di soffocare le nostre possibilità di scambi commerciali con altri Paesi e di portare avanti il proposito di isolare Cuba dall’economia internazionale.
Mentono spudoratamente quando affermano che non esiste alcun assedio energetico, che ricevevamo petrolio gratuitamente, che il blocco non esiste e che esso non invade la sovranità né la giurisdizione degli altri Stati.
Si tratta di uno scenario molto pericoloso e, logicamente, insostenibile nel medio termine, ma che, nelle circostanze attuali espone Cuba all’aumento della spietata capacità distruttiva del governo degli Stati Uniti.
Lo scorso 26 luglio, il Primo Segretario del Partito e Presidente della Repubblica ha avvertito, e cito: «Cuba sta combattendo oggi una battaglia storica. Un nuovo Moncada. (…) Noi, le generazioni attuali, scontriamo contro i muri di una politica genocida che si è proposta di soffocare l’intero popolo per appropriarsi del Paese». Fine della citazione.
Nonostante queste circostanze, il nostro popolo intrattiene rapporti ampie e profonde in tutto il mondo. Di norma, si tratta di relazioni amichevoli e di cooperazione, ma sono anche, di norma, relazioni di rispetto, persino con Paesi e governi con i quali abbiamo divergenze politiche, che sono una minoranza.
Non vi sono dubbi sul rifiuto quasi universale del blocco economico degli Stati Uniti imposto contro Cuba. Il voto schiacciante di 136 contro 9, di fronte al tentativo statunitense di impedire un dibattito sul tema presso l’Assemblea Generale dell’ONU lo scorso 7 luglio, rappresenta una prova inequivocabile dell’opinione pubblica mondiale, persino nell’attuale clima d’intimidazione.
Chi oggi si leva per Cuba, si leva per tutti i tempi, ripeterebbe sicuramente Martí in queste circostanze. Il silenzio, l’indifferenza o l’interesse ristretto ed egoista metterebbero in pericolo l’intera umanità. Qualsiasi Stato potrebbe essere il prossimo se un’ampia articolazione internazionale non ferma la barbarie. Se i cittadini statunitensi avessero accesso a informazioni veritiere e sufficienti, impedirebbero loro stessi la catastrofe con cui il loro governo minaccia il pianeta.
Il 1º gennaio 2024, il Leader della Rivoluzione, Generale d’Esercito Raúl Castro Ruz, dichiarò, e cito: «La politica di ostilità permanente e di blocco del Governo degli Stati Uniti è la causa principale delle difficoltà della nostra economia. Non abbiate dubbi su questa realtà, anche se il nemico investe milioni di dollari e molti sforzi per nasconderla». Fine della citazione.
Il nostro popolo è al corrente delle notizie e comprende con assoluta chiarezza che un piano macabro e ben congegnato è in corso, volto a interrompere, passo dopo passo, le fonti di redditi, l’accesso ai mercati e alla tecnologia e le forniture essenziali per l’economia e la vita dei cubani, compresi generi alimentari e medicinali. A queste e ad altre limitazioni significative si aggiungono quelle imposte dal blocco energetico totale, in vigore da gennaio di quest’anno, che, ricorrendo a ogni mezzo, impedisce praticamente l’importazione non solo di combustibili, ma anche di componenti e pezzi, compresi i pannelli solari e qualsiasi materiale o tecnologia associata alla produzione di energia elettrica.
Il nostro popolo è inoltre consapevole che la minaccia di aggressione militare rimane vigente. Benché non si riesca a immaginare, né sia logicamente concepibile, quale scusa o pretesto potrebbe essere addotto per un atto così criminale e irresponsabile, la sete di aggressione dei settori anticubani negli Stati Uniti non sembra conoscere limiti.
Sono gli stessi che celebrano come un successo della loro politica l’agonia e la sofferenza di una madre che perde un figlio a causa della carenza di forniture mediche. Sono coloro che si rallegrano per ogni megawatt che non viene più generato nel Paese, per le ore di blackout che la popolazione deve sopportare, per le restrizioni nell’approvvigionamento idrico che colpiscono settori significativi della popolazione, per i rifiuti che non vengono raccolti e per la disarticolazione del trasporto pubblico.
Il governo degli Stati Uniti conosce molto bene la nostra disponibilità a trovare una soluzione alle divergenze bilaterali attraverso il dialogo ed è consapevole della pazienza con cui abbiamo accettato la sua proposta di dialogare basata sul rispetto.
Gli Stati Uniti e tutti osservano la nostra disponibilità ad accettare, nonostante le menzogne e le manipolazioni, un’offerta di aiuto che curiosamente viene definita umanitaria, per un importo appena equivalente all’impatto economico e sociale di cinque giorni di blocco, inferiore all’aiuto del Programma Alimentare Mondiale che lo stesso governo tentò di impedire, nonostante l’offerta provenga dallo stesso governo, inutilmente impegnato a generare a Cuba una crisi umanitaria, ma provocando profondo dolore e sofferenza.
Il vero obiettivo e la reale inclinazione del governo degli Stati Uniti non si manifestano attraverso il dialogo o la diplomazia, neanche mediante l’offerta di aiuto, bensì mediante la coercizione e l’impegno a infliggere la massima punizione possibile al popolo cubano per ottenerne la resa.
Cuba non rappresenta una minaccia per gli Stati Uniti, né desidera essere loro avversaria o nemica. La nostra vocazione è quella della pace, come dimostrano i rapporti che intratteniamo con l’intera comunità internazionale e nella Dichiarazione di pace dell’America Latina e dei Caraibi, firmata all’Avana dai Capi di Stato e di Governo della regione.
Il nostro unico impegno è nei confronti del popolo cubano. Il nostro mandato è derivato e deriva direttamente dalla sua piena, unica e assoluta sovranità. Abbiamo il dovere e il diritto di respingere e affrontare l’aggressione che lo punisce e lo minaccia, e abbiamo il diritto e il dovere supremo di difenderci, anche con le armi, se veniamo aggrediti militarmente.
Continuiamo ad aspirare all’eventuale possibilità di un rapporto rispettoso e costruttiva con il nostro avido vicino del Nord e a compiere passi che conducano in tale direzione, sempre nel rispetto assoluto, totale e completo dei diritti e delle prerogative sovrane di ciascuna parte, poiché è così che si conducono le relazioni tra gli Stati.
Nel territorio statunitense vivono molti nostri connazionali. Insieme ai nostri compatrioti ci impegniamo a rafforzare i legami e a offrire loro le più ampie possibilità d’interazione con la Patria e di mantenere i rapporti fraterni con i propri familiari e cari. Molte delle misure governative adottate ora e negli ultimi anni vanno in questa direzione e si basano sulla convinzione che i cubani residenti all’estero, in qualsiasi parte del mondo, abbiano un ruolo importante nello sviluppo della nazione, ovunque si trovino e anche qualora ritornino nel Paese.
Le nuove trasformazioni economiche e sociali in cui siamo immersi ampliano notevolmente tali possibilità.
Desidero esprimere la nostra immensa gratitudine per le manifestazioni di solidarietà verso la causa di Cuba provenienti da tutti i continenti, per l’aiuto umanitario, costante e privo di condizioni oppure opportunismi politici, offerto da numerosi governi, parlamenti e parlamentari, organismi internazionali, organizzazioni fraterne, movimenti sociali, partiti politici, imprenditori, associazioni di amicizia, solidarietà e della società civile, intellettuali e artisti, personalità e accademici, nonché da singoli individui, di diverso orientamento politico e impegno ideologico, ma che concordano nel rifiutare l’ingiustizia e il crimine che viene commesso contro Cuba.
Erano trascorsi appena quattro anni dal trionfo della Rivoluzione cubana quando il Comandante in Capo Fidel Castro Ruz affermò, nel 1963, e cito: «È vero che siamo ancora sottoposti al blocco imperialista; è vero che gli imperialisti cercano di inasprire tale blocco e che non sappiamo per quanto tempo dovremo resistere a questa situazione. E resisteremo! Perché la nostra bandiera rivoluzionaria non si piegherà mai! Perché la testa alta di questa nazione non si piegherà mai! Perché affronteremo i rischi necessari per tutto il tempo necessario; affronteremo i sacrifici necessari per tutto il tempo necessario». Fine della citazione.
Sappiamo che da ciò dipenderanno l’Indipendenza, la Rivoluzione, il Socialismo e la propria esistenza della nostra Nazione e della nostra Cultura.
Nell’anno del suo centenario, è necessario comprendere, interiorizzare, agire e ribadire instancabilmente quell’idea sancita dal Comandante in Capo Fidel Castro Ruz secondo cui un mondo migliore è possibile, un mondo senza blocchi crudeli, e cito «che uccidono uomini, donne e bambini, giovani e anziani, come bombe atomiche silenziose». Fidel aspirava e convocava a lottare per un mondo migliore che potrà nascere solo dalla lotta rivoluzionaria e progressista. Questa visione alimenta l’ottimismo, la certezza della vittoria e ci impegna a lottare senza sosta, anche in circostanze così dure e impegnative come quelle che viviamo oggi.
Ripetiamo con José Martí: «Prima che si ceda nell’impegno di rendere libera e prospera la Patria, il Mare del Sud si unirà al Mare del Nord e da un uovo d’aquila nascerà un serpente».
Socialismo o Morte!
Patria o Morte, Vinceremo!
(Traduzione a cura di EmbaCuba-Italia)



