Excelencias, distinguidos invitados;
Su Señoría Chinua Alleyne, concejal y alcalde de Puerto España;
Secretario Jefe de la Asamblea de Tobago, Farley Chávez Augustine;
Mickela Panday, líder del Frente Patriótico;
David Abdulah, líder político del Movimiento por la Justicia Social;
Profesora Rose-Marie Belle Antoine, rectora de la Universidad de las Indias Occidentales;
Su Excelencia Álvaro Sánchez Cordero, embajador de la República Bolivariana de Venezuela y decano del Cuerpo Diplomático, junto con otros distinguidos representantes;
Noemí Espinoza Madrid, secretaria general de la Asociación de Estados del Caribe (AEC);
Representantes de organizaciones políticas y sociales;
Miembros de la Brigada Médica Cubana que prestan servicio en Trinidad y Tobago;
Miembros de la Asociación «Abraza a Cuba» de Cubanos Residentes en Trinidad y Tobago;
Miembros de la prensa;
Amigos, hermanos y hermanas del Caribe.
Nos reunimos hoy para conmemorar el centenario del nacimiento de una persona cuya vida e ideas traspasaron las fronteras de Cuba y que, para millones de personas en Cuba y en todo el mundo, representa la resistencia, la soberanía, la dignidad y la solidaridad.
Se trata de Fidel Castro Ruz. Hoy, al recordar su nacimiento, no podemos limitarnos a hablar del pasado.
Porque Cuba se enfrenta una vez más a uno de los momentos más difíciles de su historia reciente y tenemos el deber de hablar de ello. Tenemos el deber de decirlo con claridad. Cuba está sufriendo.
Nuestro pueblo se enfrenta a una política de asfixia económica, comercial y financiera que, desde hace más de seis décadas, tiene como objetivo debilitar la voluntad de una nación.
Y hoy, esa política ha alcanzado una nueva dimensión. El bloqueo energético está teniendo consecuencias directas en la vida cotidiana de millones de cubanos.
Cuando escasea el combustible, cuando no hay electricidad, los hospitales se ven afectados. Los quirófanos se ven afectados. Los sistemas de refrigeración de medicamentos se ven afectados. El transporte se ve afectado. La distribución de alimentos se ve afectada. En definitiva, la vida de las personas se ve afectada.
Según las cifras presentadas por las autoridades cubanas, actualmente hay 98 500 pacientes en listas de espera para ser operados, entre ellos aproximadamente 12 000 niños.
También se ha informado de que alrededor de 67 000 niños menores de un año no han podido completar a tiempo sus calendarios de vacunación.
Unos 117 000 adultos y 1 200 niños tienen dificultades para recibir los tratamientos oncológicos adecuados.
Y aproximadamente 34 000 mujeres embarazadas no han podido someterse a todas las ecografías prenatales que necesitan.
La mortalidad infantil, que durante años se mantuvo entre cuatro y cinco muertes por cada 1 000 nacidos vivos, ha superado ahora las 9,8 por cada 1 000.
Detrás de cada estadística hay una vida.
Detrás de cada estadística hay una madre, un padre, un niño, una familia.
Y precisamente por eso no podemos permanecer indiferentes.
Lo que está ocurriendo en Cuba nos obliga a mirar hacia Gaza. No porque ambas situaciones sean idénticas. No lo son.
En Gaza, vemos la devastación de la guerra. En Cuba, nos enfrentamos a una forma diferente de sufrimiento: una política de asfixia económica y energética que amenaza con privar a toda una población de los recursos esenciales para la supervivencia.
Cuba está siendo sometida a un genocidio silencioso.
Cuba corre el riesgo de convertirse en una Gaza silenciosa, detrás de un hospital sin electricidad. Detrás de unos medicamentos que no llegan. Detrás de una operación que tiene que posponerse. Detrás de un niño que no recibe a tiempo la atención que necesita.
Esta expresión no es meramente retórica. Ha sido utilizada recientemente por expertos en derechos humanos de las Naciones Unidas para advertir del riesgo de que la situación en Cuba pueda convertirse en una crisis humanitaria mucho mayor.
Y también la han utilizado miembros del Congreso de los Estados Unidos tras sus visitas a Cuba.
Nuestra denuncia, por lo tanto, no va dirigida contra el pueblo estadounidense.
Nuestra denuncia va dirigida contra una política. Una política a la que Cuba se ha enfrentado durante décadas.
Y aquí es donde la importancia histórica de Fidel cobra un carácter extraordinario.
Porque Fidel no se limitó a hacer frente al bloqueo. Fidel convirtió la lucha contra el bloqueo en una batalla permanente por la soberanía de Cuba.
Durante décadas, denunció sus consecuencias ante las Naciones Unidas, ante los pueblos del mundo y ante los gobiernos de América Latina, el Caribe, África, Europa y Asia.
Y hay un hecho histórico que refleja la extraordinaria duración de esa confrontación.
Fidel Castro vivió once presidencias de Estados Unidos. Once.
Desde Dwight D. Eisenhower hasta Barack Obama: once presidentes estadounidenses a lo largo de la vida política de Fidel. Y Fidel les sobrevivió a todos políticamente.
Sobrevivió a la invasión de Bahía de Cochinos.
Sobrevivió a la crisis de los misiles de octubre. Sobrevivió al colapso de la Unión Soviética. Sobrevivió al Período Especial.
Y sobrevivió a cientos de intentos de asesinato.
Pero, sobre todo, sobrevivió a una política diseñada para provocar el colapso de la Revolución Cubana.
Fidel convirtió la resistencia en una doctrina. Pero no una resistencia vacía.
Una resistencia acompañada de educación. De asistencia sanitaria. De ciencia. De cultura. De cooperación internacional.
Entre los logros asociados a su gobierno se encuentran la expansión de la alfabetización y la educación, el establecimiento de un sistema sanitario universal, la reforma agraria y el desarrollo de la ciencia y la biotecnología, así como una amplia política de cooperación médica internacional.
Y hay otra dimensión de su legado que merece ser recordada aquí, especialmente en el Caribe.
Fidel comprendió que Cuba no podía vivir aislada de sus hermanos y hermanas.
Por eso Cuba se puso del lado de los pueblos de África. Del lado de los pueblos de América Latina. Del lado de los pueblos del Caribe.
Los médicos cubanos fueron donde había enfermedad. Los maestros cubanos fueron donde había analfabetismo.
Los técnicos y profesionales cubanos fueron donde había necesidad.
Esta vocación internacionalista es una parte esencial de la imagen de Cuba que Fidel quiso proyectar al mundo.
Y por eso decimos hoy:
Fidel no pertenece solo a Cuba.
Fidel también pertenece al Caribe.
Fidel forma parte de la historia de África.
Forma parte de la historia de América Latina.
Forma parte de la historia de los pueblos que lucharon contra el colonialismo, el racismo, el apartheid y las diferentes formas de dominación.
Nadie puede negar que fue una de las figuras políticas más influyentes del siglo XX.
Y nadie puede negar que su nombre está inscrito para siempre en la historia contemporánea.
Hoy, cien años después de su nacimiento, Cuba se enfrenta una vez más a una prueba.
Y Cuba vuelve a decir lo que Fidel dijo tantas veces:
La rendición no es una opción. No nos rendiremos. No renunciaremos a nuestra soberanía.
No renunciaremos a nuestro derecho a existir como nación independiente. Y no renunciaremos a la solidaridad.
Por eso quiero aprovechar esta oportunidad para expresar, en nombre de Cuba, nuestro profundo agradecimiento a los pueblos y organizaciones de Trinidad y Tobago y del Caribe que, durante tantos años, han estado al lado de nuestro pueblo.
A quienes han alzado la voz. A quienes han enviado ayuda. A quienes han defendido el derecho de Cuba a vivir en paz. A quienes han comprendido que la solidaridad no conoce fronteras. A todos vosotros, gracias.
En este centenario de Fidel, Cuba no pide privilegios. Cuba pide solidaridad. Cuba pide respeto. Cuba pide el derecho a vivir en paz.
Y Cuba pide el fin de las políticas que castigan a todo un pueblo.
Hoy recordamos a Fidel. Pero también miramos hacia el futuro, porque su legado no debe ser solo un recuerdo. Debe ser un compromiso: un compromiso con la soberanía, con la dignidad, con la justicia social, con la solidaridad entre los pueblos, con la defensa de la paz y con la convicción de que incluso las naciones pequeñas tienen derecho a decidir su propio destino.
Amigos:
Hace cien años nació Fidel Castro y, hasta sus últimos días, se mantuvo firme en una convicción: Cuba debe ser dueña de su propio destino. Hoy, desde este querido Caribe, reafirmamos esa convicción.
Y también reafirmamos nuestra amistad con los pueblos que han estado al lado de Cuba, en particular con el pueblo hermano de Trinidad y Tobago.
Que continúe la amistad entre nuestros pueblos. Que continúe la solidaridad. Que continúe la lucha por la paz. Y que, ante la adversidad, el espíritu de resistencia que encarnaba Fidel siga vivo:
Brindemos por Cuba. Por el Caribe. Por la amistad entre nuestros pueblos y, en este centenario, por otros cien años y más, acompañados del legado de Fidel Castro.
¡Viva Cuba!
¡Viva la solidaridad caribeña!
¡Viva la amistad entre Cuba y Trinidad y Tobago!
¡Viva Fidel!
(Embaajda de Cuba en Trinidad y Tobago)

