Intervención del embajador Rodolfo Benítez Verson, representante permanente de Cuba ante las Naciones Unidas en Ginebra, en el debate general de la 77.ª sesión del Comité Ejecutivo Programa del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

Señor Presidente:

Señor Alto Comisionado:

Vivimos en un mundo peligroso e insostenible, marcado por el irrespeto al Derecho Internacional, violaciones a la Carta de las Naciones Unidas y el unilateralismo.

Se multiplican los conflictos armados, son cada vez más severos los efectos del cambio climático, crecen las desigualdades y aumentan las tensiones geopolíticas. Los países en desarrollo son desproporcionalmente afectados.

En ese contexto, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) enfrenta importantes desafíos. Solo en 2026, ha tenido que responder a 22 declaraciones de emergencia en 18 países.

Se registran más de 117 millones de desplazados, 22 millones de ellos en América Latina. Para 2027, se proyecta una cifra récord superior a los 131 millones.

Detrás de esos números hay realidades humanas dolorosas y trágicas. Estas personas se enfrentan muchas veces a serios riesgos, incluyendo travesías peligrosas y la explotación por parte de traficantes y tratantes.

Crecen los desplazados, pero los recursos disminuyen. El presupuesto de la ACNUR se reduce en un tercio en sólo dos años. Muchos países ricos aportan cada vez menos a la ACNUR y al sistema humanitario en su conjunto.

Por primera vez, la principal fuente de recursos de la ACNUR ha pasado a ser el sector privado, cuyas donaciones muchas veces están atadas a intereses específicos, no necesariamente a las prioridades. Esto es preocupante.

La reforma de la ACNUR no puede ser un fin en sí misma. El objetivo es garantizar que cumpla con eficacia su mandato en las circunstancias actuales. Necesitamos una ACNUR más ágil y más fuerte, centrada en el trabajo sobre el terreno.

La ACNUR se propone reducir a la mitad, para 2035, el número de refugiados en situación de desplazamiento prolongado que dependen de la asistencia humanitaria. Es una meta ambiciosa.

Cuba apoya la iniciativa “50para35”, en el entendido de que su propósito no es trasladar la responsabilidad a los Estados de acogida ni reducir la asistencia humanitaria, sino disminuir la necesidad de ella.

El 80% de los refugiados son acogidos por países con recursos muy limitados. No se les puede pedir que asuman mayores cargas  sin apoyo internacional.

Reducir de manera significativa el número de refugiados y desplazados, necesariamente requiere poner fin a las causas profundas que los generan. Hay que pasar de gestionar los desplazamientos a resolverlos.

El éxito real estará en crear condiciones para que las personas ya no necesiten a la ACNUR.

Señor Presidente:

Para Cuba, los desafíos del escenario actual adquieren una dimensión aún mayor.  Nuestro país enfrenta una hostilidad permanente y abusiva de los Estados Unidos que se prolonga ya por casi siete décadas.

Más del 80% de nuestra población solo ha conocido una Cuba económicamente bloqueada. Todos los jóvenes cubanos han tenido que vivir en un país bloqueado.

Desde enero de 2026, la escalada es aún más cruel y peligrosa, con la imposición de un bloqueo energético contra Cuba. La meta es provocar una crisis humanitaria, para desestabilizar el país y lograr objetivos políticos.

Ninguna nación, incluso aquellas con economías mucho más robustas que la cubana, podría encarar una agresión tan brutal, asimétrica y extendida en el tiempo, sin un costo considerable.

El bloqueo contra Cuba es un genocidio que asfixia y mata de manera silenciosa. Es un castigo colectivo, que cobra vidas y genera angustias.

También persiste la amenaza de agresión militar, con el pretexto absurdo de que Cuba constituye una amenaza para los Estados Unidos.

Cuba es un país de paz ¡Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí!

Sería imposible desconocer que el endurecimiento extremo del bloqueo económico es la razón principal que ha llevado a muchos cubanos a apostar por vías transitorias o permanentes de realización personal fuera de la Isla.

Las familias cubanas sufren el desasosiego y el dolor de la separación impuesta artificialmente por medidas inhumanas que afectan a todo el pueblo y se expresan en altas tasas de emigración. Ello supone un impacto lacerante para la nación.

La ACNUR debe evaluar el impacto de las medidas coercitivas unilaterales en la movilidad humana, incluyendo el bloqueo contra Cuba.

Concluyo enfatizando que Cuba continuará contribuyendo de manera activa y constructiva a la imprescindible labor de la ACNUR.

Muchas gracias.

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