Interviene Ministra Consejera Rebeca Hernández Toledano, en el 353ª Consejo de Administración, sobre el intercambio de opiniones con cofacilitadores de la segunda cumbre mundial sobre desarrollo social”. 

Señor presidente:

Hace 30 años, en la primera Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, se acordó situar a las personas en el centro del desarrollo y asumir como objetivos prioritarios la eliminación de la pobreza, la meta del pleno empleo y el fomento de la integración social. Los acuerdos de Copenhague siguen siendo una quimera.

El 2030 está muy cerca. Ya resulta claro que tampoco se logrará cumplir en el plazo previsto ninguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible acordados en la Agenda 2030.

Ha habido una evidente falta de coherencia entre los acuerdos de las Cumbres y las reales prioridades políticas y de financiación de los países desarrollados.

Mientras los recursos internacionales disponibles para alcanzar estos objetivos han sido absolutamente insuficientes, han estado creciendo los gastos militares por nueves años consecutivos. Todo hace indicar que en los próximos años esos gastos aumentarán de manera aun más acelerada, en detrimento de la paz y el desarrollo sostenible.

No puede haber un verdadero acceso a la financiación para el desarrollo, cuando los países del Sur se ven obligados a gastar más en el servicio de la deuda que en salud, educación y el pleno empleo.

Nunca antes el mundo fue tan desigual y las inequidades tan profundas. Los países ricos continúan apostando a la preservación de un orden internacional que transfiere a los del Sur los mayores costos y los menores beneficios. Unos pocos concentran el poder político y económico y deciden por todos los demás.

No puede ser sostenible un orden mundial donde más de 400 millones de personas no encuentran empleo, y crece el número de jovenes que no trabajan ni estudian, que ya suman 260 millones. Sin avances hacia el pleno empleo y el trabajo decente para todos, no es posible eliminar la pobreza.

La práctica de imponer medidas unilaterales como medio de coerción política y económica contra países del Sur, son un obstáculo a los esfuerzos por alcanzar el desarrollo sostenible y deben cesar.

La cita en Doha no puede ser solo una Cumbre más. Tiene que generar un impacto real en las vidas y sustento de la mayoría de las personas, que viven en el Sur global.

Cuba reitera su compromiso de participar en este proceso, centrado en Nueva York, de forma transparente, constructiva y propositiva, como lo hizo hace 30 años.

Abogaremos porque la Cumbre, entre otros resultados, adopte compromisos y acciones concretas sobre la erradicación de la pobreza, el empleo pleno y productivo, el trabajo decente para todos y la inclusión social.

Muchas gracias.

 

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