La Habana, 4 de febrero de 2020. La bahía de La Habana, donde comenzó hace cinco siglos la historia de aquel caserío que a fines del siglo XVI recibió el título de ciudad, será el ámbito en torno al cual se debe definir el perfil urbano de la capital cubana en el siglo XXI.
Esa zona, ubicada en el centro geográfico de la urbe habitada por más de 2.1 millones de personas y que durante décadas fue polo de desarrollo portuario e industrial –con lo cual quedó “de espaldas” a la vida de la ciudad–, es hace años centro de atención y del trabajo de arquitectos, urbanistas, científicos sociales y especialistas en medioambiente, instituciones diversas, universidades y organismos del Estado.
Por estos días, se celebró en el Centro Cultural Antiguos Almacenes de San José el primer taller sobre el Plan Perspectivo de Desarrollo Bahía de La Habana (PPD-BH), el instrumento que recoge las regulaciones, marco legal, políticas y premisas, zonas de actuación y ordenamiento territorial, principales ejes y ámbitos o dimensiones en el proyecto que busca, como establece el propio documento, “lograr el desarrollo integral del territorio de la bahía”, una “pieza estratégica fundamental de la ciudad, uno de sus centros esenciales, cuya diversidad tipológica y funcional y potenciales económicos pueden impulsar el desarrollo de La Habana del futuro”.
Coordinado por el Plan Maestro de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la Facultad de Arquitectura de la Universidad Tecnológica de La Habana (UTLH-CUJAE) y el Grupo Ejecutivo de la Comisión Gubernamental Bahía de La Habana (GE-CGBH), el taller tuvo como objetivo presentar el documento que recoge el Plan Perspectivo y conciliar todos los criterios de organismos y entidades sobre el proyecto –incluidos análisis que implicaron nuevos aportes– para llegar a una versión definitiva que será presentada a la Comisión Gubernamental en abril próximo.
Entre las premisas del Plan están, como ejes transversales, las tecnologías del conocimiento, las industrias culturales, las economías creativas y la innovación; la protección del paisaje cultural en sus diversas categorías (subacuático, arqueológico, fortificado, urbano y posindustrial) y la conservación de los valores naturales y culturales en armonía con las necesidades del desarrollo socioeconómico.
También se plantea priorizar el uso público del borde costero (según el libro del Plan de Manejo del Paisaje Cultural, hoy solo el 8% de la línea de contacto de la bahía habanera es de espacio público), generar sinergias socioculturales y económicas a partir de las vocaciones funcionales y de acuerdo con los valores patrimoniales, paisajísticos, naturales y urbanos del territorio, y conciliar el verde estratégico o infraestructura verde con los proyectos a desarrollar.
La nueva estructura urbana facilitará la conexión del tejido existente con el de nueva creación, y debe conservar el carácter habitacional del área, “garantizando la permanencia de la población arraigada y el desarrollo de estrategias diferenciadas, tanto en el acceso como en la construcción, para los nuevos desarrollos, la rehabilitación y la transformación de zonas precarias, con parámetros de habitabilidad apropiados y tecnologías innovadoras, haciendo a los pobladores los principales protagonistas de la regeneración urbana”.
Otras premisas son promover el desarrollo local sostenible y autofinanciado a través de la puesta en valor responsable de los paisajes culturales, el patrimonio y los recursos económicos identificados en la zona, y garantizar las necesidades de accesibilidad, movilidad y la protección de sectores vulnerables de cada localidad, dotando al territorio de una red de equipamiento, servicios, infraestructuras y facilidades urbanas contemporáneas.
Fuente: CubaDebate
