La huella de Fidel en Guatemala

Guatemala, 26 nov (PL) Una leyenda asegura que vivió en Guatemala y hoy más que nunca parece ser cierto, pues Fidel Castro recorre diariamnte intrincados parajes de esta tierra en el pensamiento de hombres y mujeres de batas blancas que irradian el humanismo y solidaridad que supo despertar en su pueblo.

La huella de Fidel Castro en la tierra del Quetzal, un conmovedor acercamiento audiovisual de tres guatemaltecos, sirvió de preámbulo para compartir aquí un sencillo homenaje al líder histórico de la Revolución cubana, que no quiso monumentos después de su partida porque apostó siempre al poder luminoso de las ideas.

La solidaridad y humanidad es el legado de Fidel que han sentido los hijos más pobres de Guatemala. Trozos de amor y esperanza repartidos a diario por comunidades indígenas que hasta entonces no habían conocido un médico, la luz del saber o el disfrute del deporte.

El hombre que vimos desde la pequeña pantalla guíaba las manos de los doctores que a raíz del paso del devastador huracán Mitch por Centroamérica llegaron en 1999 a esta capital, pero no se quedaron aquí, emprendieron rumbo a la selva, al Petén, donde el agua ahogaba las casas y familias enteras clamaban por ayuda desde sus techos.

Su sonrisa, diáfana, acompañó las manos de los médicos llamados del Milagro, que reforzaron la Brigada Médica Cubana en 2006 y han devuelto la luz a más de 160 mil guatemaltecos de bajos recursos.

Con sus botas gigantes recorre los cuatro hospitales fundados por la Misión Milagro en las cabeceras departamentales de Jalapa y Escuintla, en el sur, y otros dos en los municipios capitalinos de Villa Nueva y Mixco.

Pone una mano en el hombro y les acaricia la cabeza, como acostumbra, a pacientes curtidos por el sol y la desesperanza, cuando abren sus ojos y lloran al ver por primera vez el rostro de sus familiares después de años de ceguera.

Fidel está en otro ejército de batas blancas, pero ahora guatemaltecas, que comienza a crecer después de graduarse en la Escuela Latinoamericana de Medicina, con sede en La Habana, pero al servicio de todos los jóvenes del mundo que no pueden acceder por sus orígenes humildes a una carrera sumamente costosa.

Suman mil 76 graduados y están ubicados dentro del sistema de salud de este país para defender la idea de la medicina como el más humano de los derechos y no como una mercancía.

Fidel acompaña los recorridos de los galenos cubanos que desafiando ríos crecidos, la selva o empinadas montañas llegan a parajes olvidados, realizan jornadas de consulta gratuita, reparten medicamentos, dan consejos sanitarios y, vuelven, cumplen las promesas.

Lejos de sus familias, permanecen aquí salvando vidas, modificando indicadores de natalidad, mortalidad y desnutrición, aportando su modesta experiencia en distintas especialidades.

Desde la pequeña pantalla del audiovisual, rostros cubanos narran su experiencia en la tierra del Quetzal y afirman que no podrán olvidar jamás estas vivencias.

También les ha dejado profundas huellas, al igual que al auditorio plural que fue convocado por la Embajada ubana en este país: diplomáticos, guatemaltecos solidarios y cubanos residentes salimos convencidos de que Fidel se levanta cada mañana en Guatemala en la lucha por un mundo mejor.

Fidel Castro: 'Son las ideas las que iluminan al mundo... Hay que encender muchos más bombillos para que no seamos un oscuro rincón del mundo... Médicos y no bombas , médicos y no armas inteligentes... un arma que mata traicioneramente no es un arma inteligente'.

Fidel Castro: 'Pienso y soy optimista que este mundo puede salvarse a pesar del poderío inmenso, unilateral... Y creo en la preeminencia de las ideas sobre la fuerza'.

Gracias Fidel, indica el fin en la pantalla, que al ritmo pegajoso de un rap dispara en ráfagas algunos de sus más preclaros pensamientos.

Aquí estás, pervive la leyenda, inmensa, de tu humanidad.

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