La muerte y el arte. Cuatro visiones de la caída de José Martí en la pintura cubana

Esteban Valderrama. La muerte de Martí en dos Ríos

En el Salón Nacional de Bellas Artes de 1918 presenta “La muerte de Martí en Dos Ríos”, pintada un año antes y de grandes dimensiones, pues medía dos por dos metros y medio.

 El propio Valderrama cuenta en entrevista al periódico El Fígaro:

 “Fui al mismo lugar donde cayó el héroe. […] La travesía fue penosa, pues estuvimos tres o cuatro horas galopando sin cesar. Por fin, atravesamos el Contramaestre, por el mismo lugar que lo hiciera Martí [...] Llegamos. Estudié el paisaje; hice un apunte del lugar y procuré clavar en la memoria toda la sencillez de aquel emocionante panorama”. “En todo el paisaje que sirvió de fondo a la tragedia, no hay un detalle que salve al artista y le dé un motivo “pictórico”; todo es sencillo, vago, de color humilde, sin grandes contrastes, sin rarezas ni extravagancias efectistas de tanta necesidad para la pintura moderna decorativa”.

En el cuadro, Martí acaba de ser alcanzado por las balas, se lleva la mano al pecho, la cabeza cae hacía atrás, se desplomará de un momento a otro mientras el caballo sigue su rápido galope lo que se percibe por el movimiento desenfrenado de las extremidades del animal que apenas sobresalen entre la crecida maleza. Ángel de la Guardia, al que no se le ve el rostro seguramente por no haber testimonio visual sobre él, se desliza aparatosamente de su montura al otro lado del Maestro, pero no queda atrás porque, frente a una tragedia que conmoverá a los cubanos para siempre, el transcurrir del tiempo también se ha detenido.

La obra se reproduce en blanco y negro en “El Fígaro” el 3 de febrero de 1918 y luego el 24 de febrero, acompañando la citada entrevista, y ese mismo día es la portada en tricromía de la revista “Bohemia”. La reacción fue adversa; como afirma el periodista Jorge R. Bermúdez “El cuerpo de Martí impactado, ya sin control de la cabalgadura, debió ser una imagen molesta para una crítica y un público que aspiraba a ver algo más “clásico”. La obra era demasiado verista para los criterios dominantes en la pintura cubana del momento.

 Apenas 10 años antes Menocal había expuesto “La muerte de Maceo” en cuya composición y la postura del cuerpo del Titán se pueden reconocer elementos asumidos por Tiziano, Rafael y otros pintores del Renacimiento.

Cabeza de caja de fósforo, actitud de ópera lírica, fueron algunos de los calificativos que hizo la crítica. Gracias a la maravilla de la fotografía se tiene una idea de las características del cuadro, pues el autor, herido en su amor propio, en un arranque de ira destruyó la tela.

 

Carlos Enríquez. Dos Ríos

Juan Sánchez, en “La Jiribilla”, escribe sobre el proceso de creación de la obra “Dos Ríos”, óleo sobre tela pintado en 1939:

 “ Trabajó (Carlos Enríquez) intensamente, tratando de interpretar la posición que pudo adoptar —agónico— Martí, según la dirección de las balas que perforaron distintas partes de su cuerpo, a galope sobre un brioso caballo. Realizó el cuadro en pocas jornadas febriles, pero no conforme con una parte, cortó esa porción del lienzo. El cuadro “Dos Ríos” pasó, en definitiva, a manos de su amigo Agustín Guerra, temeroso este de otra “destrucción” parcial que dañara lo que restaba de la obra.

En “Dos Ríos” se encuentran todos los elementos que caracterizan el trabajo de este destacado pintor. Dos etéreas mujeres vienen a la búsqueda del hombre que está muriendo y lo envuelven. Una lo besa por la izquierda, otra lo aguarda por la derecha como impidiendo que la inevitable caída lo lastime. Es casi el rapto de Martí. Entre las transparencias, al fondo, el resplandor de Cuba, la patria que había que fundar y por la que está haciendo el más grande sacrificio.

Es probable que Carlos Enríquez conociera uno de los pensamientos martianos que aluden a la muerte: “La vida se ha de llevar con bravura y a la muerte se le ha de esperar con un beso”.


 

Alicia Leal. Muerte de Martí

En “Muerte de Martí”, óleo sobre tela de 1998, Martí yace descalzo en los brazos de una mujer alada que lo sostiene amorosa y lo envuelve con su larga cola. El alma, acompañada de palomas, se eleva lentamente. Un león y una leona son testigos del acontecimiento porque el que ha muerto es uno de los suyos. El corazón, que no cabía en el pecho, explota en llamas. Cuba es la palma fuerte que se alza altiva y también la más joven que aún está naciendo. Mientras del cielo, como lágrimas, están cayendo corazones.

Juan Vicente Rodríguez Bonachea. Cuando la muerte sedujo al maestro

“Cuando la muerte sedujo al Maestro” es un mural del año 2001 que se encuentra en la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI). Sobre un fondo de sombras verde azuladas propio de la paleta del artista, Martí asciende desnudo sobre un caballo alado y aun retiene en sus manos las bridas del corcel. La muerte, otra vez una mujer extraña, lo espera en lo más alto y le infunde su aliento hasta dejarlo exánime como al final de una pasión, pues como expresara el pintor, él se resiste a morir. Martí se ve sereno, la sangre brota de su corazón, se funde con las estrellas que caen de los senos de la muerte y recibe está sabia nutricia para, desde otra dimensión, seguir forjando lo que todavía está por hacer en Cuba.

Bonachea cultiva la imagen de Martí en diversos cuadros que expone en galerías y utiliza fragmentos de poemas martianos para titularlos. La muerte del patriota es un tema recurrente. “Martí y la muerte” del 2001 y “En un carro de hojas verdes”, también de ese año, muestran diferentes facetas del acontecimiento.

Eusebio Leal expresa sobre este pintor que en sus cuadros “surgen como visiones el ciervo herido, el dilema entre la rosa y el cardo [...] para ello, está colmada la paleta del azul turquesa y el lapislázuli, a los que se suman los tonos verdes de los helechos de la montaña. En tanto, el rojo es escaso y llamativo; solo marca hitos sobrecogedores, como la gota de sangre en la espina”.

 En el poema XXIII de los Versos Sencillos se encuentra uno de los fragmentos tomados por Bonachea para sus obras:

Yo quiero salir del mundo/Por la puerta natural/En un carro de hojas verdes/A morir me han de llevar.

¿Y a dónde se ha llevado a morir a Martí? Si bien su pérdida, al decir de Cintio Vitier, es un desgarramiento irrevocable, Martí es un muerto muy vivo. Lo prueba su trascendencia y la vigencia de su pensamiento, su presencia constante en la piedra tallada, en libros, revistas y periódicos, o desde la intimidad de la conciencia “pidiéndonos siempre más”. Lo demuestra su vasta representación en la pintura cubana del siglo XX y actual y, en particular, las especiales visiones de su muerte plasmadas en las obras de Valderrama, Carlos Enríquez, Alicia Leal y Vicente Bonachea.

Fuente: Panorama. Cuba y Salud 2018;13(2): 105-110

http://revpanorama.sld.cu/index.php/panorama/article/view/105-110/pdf_304

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