Nadie podrá digitar la dignidad del pueblo cubano

Por Sergio González González, embajador de Cuba en Perú

“La mayoría de los cubanos apoyan a Castro…”. Este fue el hallazgo y la confesión del vicesecretario de Estado para Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado de los EE.UU., Lester Mallory, el 6 de abril de 1960, y que trasladó al presidente Kennedy en un memorando secreto ya célebre, que proporcionó las pautas para la política que el gobierno de ese país ha seguido contra Cuba hasta hoy, 61 años después.

Este alto funcionario seguía diciendo:

“…el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medio posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, siendo los más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

En los memorandos actuales del Departamento de Estado debe haber alguno que reconozca la validez y actualidad del primer enunciado: “La mayoría de los cubanos apoya el legado de Fidel Castro y su Revolución”, y debe estar recomendando y actuando en función del enunciado final: “Aplicar una línea habilidosa y discreta para provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

Esta ha sido, con breves y tímidas pausas, la conducta de la mayor superpotencia de la historia contra mi país a lo largo de estos 60 años. Pero ha tenido su cínico, cruel y oportunista apogeo en los últimos 4 años, correspondientes a la administración de Trump, y los últimos 6 meses de la de Biden. El imperio calculó que llegó el momento en que la Revolución colapsaría, porque los efectos de sus prácticas de acoso y hostilidad económica, sumados a los efectos de la pandemia y los efectos erosivos de la campaña brutal de mentiras y manipulación desde territorio de los EE.UU., apoyada en sus ventajas tecnológicas, nos pondrían de rodillas.

No ha pasado y no pasará.

El domingo 11 se produjeron desórdenes inducidos en 12 localidades de Cuba, incluyendo algunos barrios de la capital. Cuba tiene 167 municipios, cada uno con ciudades y pueblos de diferente magnitud. Se produjeron episodios de violencia a partir de la incitación, promovida desde Miami y dirigida por la mafia del senador Marco Rubio y los congresistas de origen cubano. Corresponde al gobierno de EE.UU. la responsabilidad de estas acciones, que se apoyan y derivan de la asfixia económica que genera el bloqueo y que ya ni siquiera es una “línea habilidosa y discreta”, sino desfachatada y abierta, condenada además por sucesivas declaraciones durante 29 años por la comunidad internacional reunida en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El propio domingo 11, el presidente Díaz-Canel recorrió la localidad de San Antonio de los Baños, que fue epicentro de los disturbios y adelantó el diálogo con la ciudadanía.

Se produjeron actos vandálicos contra mercados, medios de transporte, agresiones contra autoridades. El lunes 12, en el intento de una turba de revoltosos de tomar una estación de policía en un barrio habanero, resultó muerto un ciudadano, incidente lamentable y que se investiga. Es la única víctima fatal, lo que da la medida de la ponderación en el uso de la fuerza para contener la violencia. Se han producido algunos arrestos y se han abierto expedientes de investigación contra los responsables de los desmanes. No hay desaparecidos. Ni siquiera se utilizaron gases lacrimógenos. La realidad es que se hizo uso limitado y proporcional de fuerza, una conducta absolutamente rara en el mundo de hoy y particularmente en nuestra región.

La que pintan los medios bajo dominio de los grandes circuitos de la noticia y las redes inundadas por trolles y bots, y movidas por algoritmos de los laboratorios mediáticos de la ultraderecha mayamera es totalmente falsa. En estos días hemos visto un descomunal ejercicio práctico de manipulación y fabricación de mentiras, del que se han hecho eco alegremente la mayoría de los medios y algunas personalidades de este país. Me viene a la mente la famosa foto del malecón de Alejandría, como si fuera el de La Habana; la de Raúl descendiendo de un avión, como si estuviera huyendo de Cuba; la de supuestas víctimas en Cuba, que correspondían a otros lugares. Y no puedo dejar de pensar que algo parecido ya se vivió en otros momentos de nuestra historia. Uno señero: la batalla de Girón. Entonces agencias de noticias, que se suponían serias y profesionales, también produjeron embustes colosales como el supuesto asilo de Fidel y Raúl en la embajada de México, la toma del “puerto” de Bayamo – ni siquiera verificaron en el mapa que Bayamo no tiene costas, es un pueblo del interior--, el “avance impetuoso” de los mercenarios por la carretera central hacia La Habana, mientras la realidad fue que no pudieron ganar ni 5 kms en medio de una ciénaga, al lado de Playa Girón.

Como antes, de nuevo el pueblo salió a preservar la defensa de su soberanía y contuvo la violencia, lo que permitió la rápida recuperación de la tranquilidad del país, valor sagrado en nuestra nación. Puedo asegurar que el país funciona normalmente. El gobierno ejerce el control de sus instituciones. La intentona de desestabilización ha sido frustrada.

Por otra parte, se recuperó la capacidad de generación energética, que supera la demanda. Se desarrolla a gran ritmo la campaña de vacunación contra la Covid, con nuestra propia vacuna Abdala, que ya cuenta con la aprobación correspondiente del órgano regulador, CECMED, que es centro de referencia regional de la OMS. Y se enfrentan todos los múltiples retos económicos y políticos con total ecuanimidad y decisión.

Se podrá teledirigir las emociones de una parte de la población, se podrá digitar la confusión en algunos sectores incautos y desprevenidos; el egoísmo, en espíritus reblandecidos; la barbarie, entre el lumpen proletariado y elementos marginales; se podrá operar desde los sofisticados laboratorios de las tecnologías de las infocomunicaciones sobre “la insatisfacción y el desencanto” que invocaba el Sr. Mallory; se podrá convertir en secuaces de la operación político-mediática a potenciales sicarios para escalar la campaña de odio que lleve a la desestabilización del país, con el propósito perverso de facilitar el plan imperialista de intervenir en Cuba; pero nadie podrá digitar ni manipular ni reducir la dignidad de un pueblo, su espíritu de lucha, su decisión de no renunciar a su soberanía. Nada hará claudicar al pueblo cubano. Nada hará que abandone sus aspiraciones de construir una sociedad socialista, próspera y sostenible. No habrá fuerza que consiga esclavizarlo ni retro traerlo a la condición de neocolonia norteamericana. Se lo debemos a quienes nos legaron la Patria justa, la Patria de todos, la Patria digna y de pie, la Patria.

Y como no podría ser de otra forma, Patria o Muerte. Viva el Perú, Viva Cuba, Viva la Patria Grande.

Categoría
Solidaridad
RSS Minrex