Poemas para un 14 de febrero

POEMA XXXVIII de Dulce María Loynaz (Cuba, 1902-1997) 

Si dices una palabra más,

me moriré de tu voz,

que ya me está hincando el pecho,

que puede traspasarme el pecho

como una aguda, larga, exquisita espada.

Si dices una palabra más

con esa voz tuya, de acero, de filo y de muerte;

con esa voz que es como una cosa tangible

que yo podría acariciar, estrujar, morder;

si dices una palabra más

con esa voz que me pones de punta en el pecho,

yo caería atravesada, muerta

por una espada invisible,

dueña del camino más recto a mi corazón.

 

Me desordeno, amor, me desordeno... de Carilda Oliver Labra (Cuba, 1924-2018) 

Me desordeno, amor, me desordeno

cuando voy en tu boca, demorada;

y casi sin por qué, casi por nada,

te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno

y con mi soledad desamparada;

y acaso sin estar enamorada;

me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada

arde en tu mano lúbrica y turbada

como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,

cuando voy en tu boca, demorada,

me desordeno, amor, me desordeno.

 

A un muchacho de Nancy Morejón (Cuba, 1944) 

Entre la espuma y la marea
se levanta su espalda
cuando la tarde ya
iba cayendo sola.

Tuve sus ojos negros, como hierbas,
entre las conchas brunas del Pacífico.

Tuve sus labios finos
como una sal hervida en las arenas.

Tuve, en fin, su barbilla de incienso
bajo el sol.

Un muchacho del mundo sobre mí
y los cantares de la Biblia
modelaron sus piernas, sus tobillos
y las uvas del sexo
y los himnos pluviales que ancen de su boca
envolviéndonos si como a dos nautas
enlazados al velamen incierto del amor.

Entre sus brazos, vivo.
Entre sus brazos duros quise morir
como un ave mojada.

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Comunidad cubana
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