Junto a una pléyade de jóvenes soñadores ─que abandonaron, como él, las comodidades para embarcarse en una lucha por la justicia social aún a costa de sus propias vidas─, luchó, triunfó y jamás dobló la cerviz, para lo cual contó con el apoyo pleno de su heroico pueblo y, como el Cid, continúa combatiendo aún más allá de la muerte.