El 19 de abril de 1961, Cuba escribió una de las páginas más gloriosas de su historia: en menos de 72 horas, las fuerzas revolucionarias, dirigidas por el Comandante en Jefe Fidel Castro, derrotaron en las arenas de la Ciénega de Zapata, Playa Girón, a la invasión mercenaria entrenada y financiada por Estados Unidos.
Quiero agradecer al hermano pueblo hondureño y, de manera especial, a la presidenta Xiomara Castro, su generosa hospitalidad y felicitarlos por el trabajo desempeñado al frente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, una organización constantemente amenazada por vientos divisionistas, que se han podido sortear con gestiones unitarias como la que nos convoca hoy aquí.
Creo que nunca antes fue tan visible y urgente para los pueblos de América Latina y el Caribe la necesidad de “andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”, adelantada advertencia de José Martí, quien vivió en el monstruo, conoció sus entrañas y comprendió, como Bolívar, que solo la unidad nos salvaría.
Celebramos la novena Cumbre en un complicado escenario internacional, caracterizado por una renovada y peligrosa ofensiva imperialista, que busca rediseñar el sistema internacional y reactivar la aplicación de la Doctrina Monroe.
Frente a prácticas neocolonialistas que intentan reescribir la historia, reconfigurar la geografía o usurpar zonas de la soberanía nacional de algunos de nuestros países como el canal de Panamá, resulta crucial la preservación de la unidad regional y lograr que esta comunidad de estados siga siendo el espacio idóneo para la reafirmación de la identidad y cultura latinoamericanas y caribeñas y para la defensa de nuestros intereses comunes.