Discurso pronunciado por Díaz-Canel n la clausura de la IV Conferencia La Nación y la Emigración.
Si a quienes vivimos en ella nos revienta el pecho de orgullo cantar el Himno Nacional, escuchar sus acordes en la trompeta de Alexander Abreu o mirar las palmas desde las ventanillas de un avión, al regreso de un viaje, no es difícil imaginar la emoción de quienes, como ustedes, sienten lo mismo viviendo lejos de Cuba.




