Cuba, en la defensa de la vida.
Los resultados de la Mayor de las Antillas en el combate al nuevo coronavirus no aparecen por estos días en los titulares de los grandes medios de prensa. Otra vez reina el silencio cuando este verde caimán se empina y salva vidas, golpe a golpe contra a la covid-19, sin escatimar esfuerzos ni recursos, y desafiando un bloqueo que persiste y daña, limita y encarece. En medio de esa lucha sin tregua por la salud de nuestra gente, comparte también con los que nos necesitan en momentos difíciles, más allá de nuestras fronteras.
El descrédito que animan, cae sobre sus cabezas.
Mientras médicos cubanos regresan de Italia y Andorra, luego de haber brindado servicios evaluados en ambos países, como «propios de un personal altamente calificado», funcionarios del Departamento de Estado de EE.UU. no cesan en su campaña de descrédito a la colaboración.
El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, afirmó en Twitter, que Estados Unidos debe ocuparse del impacto de la COVID-19 en sus ciudadanos, en lugar de atacar la cooperación médica de la Isla.
Guerra cultural y pandemia.
La pandemia ha hecho más visible el choque entre el modelo capitalista neoliberal, su entramado de dogmas, símbolos y paradigmas, y otras alternativas de concebir la sociedad, la economía, la política y la idea misma del progreso y la felicidad.
El neoliberalismo se legitimó siempre a través de la industria cultural. Ha sido muy útil el estereotipo del paladín yanqui capaz de salir victorioso de las emboscadas de sus enemigos, de aniquilarlos y llevarse consigo el botín y la más bella muchacha.




