Intervención del embajador Rodolfo Benítez Verson, representante permanente de Cuba, en la 16.ª sesión de la Comisión de Comercio y Desarrollo de la UNCTAD

Señor Presidente:

Cuba aboga por una reforma urgente y profunda del actual sistema económico internacional, que es profundamente injusto y excluyente. Perpetúa la pobreza, la desigualdad y el subdesarrollo y está basado en reglas globales escritas por y para los países desarrollados.

Ese sistema es inviable para el bienestar de todos, porque margina a los pueblos del Sur del progreso global.

La actual arquitectura financiera internacional, establecida hace siete décadas, es ineficaz y obsoleta. Solo es eficiente para perpetuar las disparidades y obligar al Sur a inmovilizar recursos financieros y endeudarse para protegerse de la inestabilidad que el propio sistema genera.

Necesitamos una nueva arquitectura financiera que garantice un tratamiento justo a los países en desarrollo en la toma de decisiones y en el acceso al financiamiento. No estamos pidiendo limosnas ni rogando favores.   Reclamamos derechos.

Sin una profunda reforma del orden internacional, para millones de personas la posibilidad de un futuro digno seguirá siendo una utopía.

En este contexto, corresponde a la UNCTAD fortalecer su asistencia técnica y analítica en materia de diversificación productiva, industrialización, eliminación de las medidas coercitivas unilaterales y desarrollo de capacidades tecnológicas, prestando especial atención a los países en desarrollo.

Señor Presidente:

Cuba enfrenta una situación extraordinariamente compleja y desafiante, como resultado de la incesante y creciente agresividad del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos. Ese es el mayor obstáculo al normal desarrollo de las legítimas relaciones comerciales de nuestro país con el resto del mundo.

El bloqueo le impide a Cuba acceso a fuentes de financiamiento corriente; de capital de inversión; de remesas; y de tecnología para la industria, la producción de alimentos, la infraestructura, el desarrollo científico y los servicios, incluyendo los más sensibles, como la salud.

Se priva a nuestro país, en cualquier rincón del mundo, del uso de los sistemas bancarios para realizar cobros y pagos. Ello encarece cada medicamento, cada alimento, cada pieza y cada tecnología que el país necesita. 

Ese bloqueo económico, el más abarcador y prolongado que haya conocido la humanidad, se ha recrudecido en los últimos meses a niveles extremos, con medidas cada vez más agresivas y despiadadas.

Desde hace más de 5 meses, nuestro país está sometido a un brutal bloqueo de combustible, con consecuencias devastadoras. El cerco energético internacionaliza el bloqueo económico y evidencia su carácter extraterritorial. Muestra que no es una cuestión bilateral.

Cuba tiene pleno derecho a comerciar combustible con cualquier país, sin trabas contrarias a la libertad de comercio internacional. De igual modo, cualquier país tiene derecho a exportar combustible a Cuba y a desarrollar relaciones comerciales libremente, sin la interferencia de una potencia ajena.

El cerco energético que se le impone a Cuba equivale, por sus efectos, a un bloqueo naval. Constituye un cruel e indiscriminado “castigo colectivo”, que provoca muertes. Se trata de una agresión unilateral sin precedentes y sin justificación alguna.

Al brutal cerco energético se suma, desde el pasado 1 de mayo, la aplicación de sanciones secundarias de marcado carácter extraterritorial contra entidades de terceros países que operan o hayan operado con Cuba.

Como país soberano, Cuba tiene la disposición y capacidad de desarrollar relaciones económicas y comerciales con cualquier nación. Así debería desarrollarse el comercio internacional, sin que el gobierno de una nación poderosa tenga la prerrogativa de dictar cómo y con que naciones puede desarrollar otro Estado su comercio exterior.

Mediante la intimidación y el chantaje, el gobierno de Estados Unidos pretende obligar a todos los Estados a participar, en contra de su voluntad, en sus políticas criminales contra Cuba, universalmente condenadas en la ONU.

El plan siniestro de Estados Unidos es crear una crisis humanitaria. Pretenden asfixiar al pueblo cubano para que ocurra un estallido social. Provocar escasez y penurias extremas a millones de personas con fines políticos, no es aceptable, en ninguna circunstancia.

El empleo por Estados Unidos de los aranceles comerciales como instrumento de coerción y de otras medidas coercitivas unilaterales con fines políticos, no solo daña a Cuba. Se trata de una violación flagrante de las normas que rigen el sistema multilateral de comercio y el Derecho Internacional.

Ante esta inaceptable situación, Cuba solicita el apoyo de la UNCTAD, piedra angular en el sistema de las Naciones Unidas para las cuestiones de comercio y el desarrollo.

Es urgente que los países miembros de la UNCTAD actuemos de conjunto, por encima de diferencias políticas, para impedir los desmanes que dañan los derechos de todos los Estados. La permisividad y la debilidad sólo alientan a los agresores.

Muchas gracias.

 

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