Intervención de Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba en el debate general del 81 período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Nueva York, 26 de septiembre de 2026
Señor Presidente de la Asamblea General:
Señora Vicesecretaria General:
En aproximadamente 3 horas se cumplirán exactamente 66 años de la frase del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en memorable discurso en este podio y cito: “¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! ¡Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso!”.
Sin embargo, es alarmante el avance del expansionismo, los actos de usurpación y conquista; la agresión militar y económica. Es absurda e irrealizable la pretensión del gobierno de Estados Unidos de imponer la paz mediante la fuerza. Pilares fundamentales del Derecho Internacional y de la Organización de Naciones Unidas, como la igualdad soberana entre los Estados, están bajo permanente ataque.
El crimen genocida del sionismo contra el pueblo palestino, los ataques piratas contra embarcaciones y las ejecuciones extrajudiciales en el mar Caribe y zonas del Pacífico, la agresión militar contra la República Bolivariana de Venezuela y la guerra contra la República Islámica de Irán, son nuevas manifestaciones de esta atrocidad.
También, son reflejo de la crisis de identidad y relevancia que se ha impuesto a la Organización de las Naciones Unidas, incluso a esta Asamblea General, el órgano más universal, democrático y representativo de la comunidad internacional.
Estamos convencidos de la indispensable necesidad de preservar y fortalecer la ONU, al tiempo de hacerla más democrática, efectiva y más cercana a los pueblos.
En Cuba, como es conocido, encaramos una agresión multidimensional del gobierno de Estados Unidos, una hostilidad permanente, abusiva y despiadada que dura ya casi siete décadas. Desde enero de 2026, se ha intensificado y vuelto más cruel y peligrosa con el establecimiento de un bloqueo energético que, por vía de la intimidación y la coerción, prohíbe a todos los países la exportación de combustibles a Cuba, lo que equivale a un bloqueo naval, tipificado en el Derecho Internacional como un acto de guerra.
Mediante medidas sucesivas, el gobierno estadounidense ha ido agregando prohibiciones a todos los países respecto a productos y servicios que no pueden exportarse o transportarse a Cuba. Más de 7 mil contenedores han sido detenidos en diversos puertos, muchos de ellos con alimentos, medicamentos y dispositivos médicos, o incluso contratados por compañías privadas cubanas.
En un hecho insólito y sin precedentes, una superpotencia unilateralmente priva a todos los Estados del derecho a exportar el producto que deseen al país que deseen e infringe integral y sostenidamente la libertad de comercio y navegación.
Se suma a ello la intimidación a empresarios de diversos países para que abandonen, contra su voluntad, sus inversiones y negocios en Cuba; los obstáculos y trampas para impedir la llegada de embarques comerciales absolutamente legítimos; las presiones para impedir el flujo de visitantes y turistas; y el esfuerzo dirigido a limitar en todo lo posible el acceso legítimo de Cuba a financiamientos, tecnología y mercados.
Se llega al colmo de presionar a niveles insospechados a gobiernos soberanos para que renuncien a servicios médicos que nos solicitaron, para beneficio de sus respectivas poblaciones y que prestan con altruismo profesionales cubanos, porque el gobierno estadounidense se opone a tal cooperación, sin que importe el efecto ni el daño sobre las poblaciones que queden privadas de atención médica gratuita y de calidad, o sea, privadas de un derecho humano elemental. El pasado jueves, el Departamento de Estado, sesionando esta Asamblea General, convocó a una reunión humillante específicamente con los Estados receptores para ejercer presiones y hacer amenazas.
Según describe el Secretario de Estado, la política oficial de los Estados Unidos es cerrarle a Cuba cada válvula, salida o fórmula de supervivencia.
El impacto de un cerco tan férreo y despiadado tiene rostro humano. La guerra económica se dirige contra el pueblo. Cae sobre la población cubana en su conjunto. Cobra vidas, provoca dolor individual y colectivo, genera angustias. No es un “daño colateral”. Es una política deliberadamente concebida para herir en lo más sensible a las familias cubanas, impedir el bienestar y lastimar la dignidad del pueblo.
Es un acto de castigo colectivo, crimen también proscrito por el Derecho Internacional Humanitario. La meta evidente e inmediata es inducir en Cuba una crisis humanitaria, lo que también constituye un crimen.
El gobierno de Estados Unidos y el Departamento de Estado han tenido que reconocer el sufrimiento infligido, pero tienen la desvergüenza y el cinismo de insistir en culpar al gobierno de Cuba. El verdugo culpa a la víctima.
Siguen la fórmula definida por el Departamento de Estado, desde 1960, en el infame memorando Mallory, que estableció como política oficial, hasta hoy, el derrocamiento del gobierno cubano mediante la asfixia económica y el sufrimiento extremo del pueblo por carencias materiales, hambre y desesperación.
El Presidente de Estados Unidos declaró en esta podio hace pocos días que Cuba es un Estado fracasado. Si así fuera, ¿por qué tuvieron entonces que establecer un bloqueo de combustible, por qué establecieron sanciones secundarias, por qué tienen que amenazar, perseguir y presionar a todos los Estados del planeta? El Presidente de Estados Unidos también reconoció que su gobierno impone a Cuba la mayor presión que se ha ejercido jamás. Meses antes, había dicho y cito: “sólo queda entrar y destrozar el lugar”.
Persiste la amenaza del uso de la fuerza militar contra Cuba, conducta que constituye una violación del Derecho Internacional y una grave contravención de la Carta de San Francisco.
De materializarse, constituiría un crimen de gran envergadura. Provocaría muertes de cubanos y de jóvenes estadounidenses y una enorme destrucción. Esperamos que nunca ocurra. Cuba ejercería con toda su determinación y energía el legítimo derecho a defenderse. Esta agresión se acompaña de una brutal guerra mediática y cognitiva, dirigida no solo contra el pueblo cubano, sino también contra los ciudadanos estadounidenses y la opinión pública mundial. Se caracteriza por intentos vulgares y desembozados de interferencia en los asuntos internos de Cuba, lo que constituye igual otro delito internacional.
Nos preguntan qué busca Estados Unidos con esa conducta tan agresiva, es una interrogante que suele sorprendernos, pues los representantes de ese gobierno han declarado sin cohibirse su objetivo de apoderarse de Cuba, de controlar el país, de dominar la economía, o sea, de anular por vía de la agresión y la asfixia económica la soberanía nacional por la que generaciones de cubanos han luchado desde el siglo XIX, primero para alcanzarla y desde 1959 lograda la libertad plena, para defenderla tenazmente frente a los mayores riesgos, incluido el de holocausto.
El comportamiento estadounidense descansa en la falacia declarada a inicios de este año de que Cuba constituye una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos, disparate que ese gobierno repite impúdicamente. Para, vanamente, tratar de argumentarlo, inunda con acusaciones mendaces los medios comunicacionales por vía de sus voceros y las publicaciones que contrata y paga, aprovechando el creciente dominio gubernamental de Estados Unidos sobre las grandes plataformas de comunicación. El propio Presidente estadounidense repitió dicha falacia en este recinto, hace pocos días.
Cualquier observador mínimamente informado comprende el sentido fantasioso y malvado de presentar a una nación en desarrollo como Cuba, relativamente pequeña y con una economía de modesto desempeño, como una amenaza a la mayor potencia nuclear, militar, tecnológica y económica del planeta.
Esta Organización y los Estados Miembros tienen copiosa evidencia de que somos un país de paz, de los esfuerzos de Cuba en favor de la cooperación internacional, el entendimiento y la solución pacífica de las controversias, y sobre el papel activo que hemos desempeñado siempre en respaldo a las Naciones Unidas.
¡Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí!
¡Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí lo es!
Siempre hemos estado y seguimos dispuestos al diálogo con el gobierno de Estados Unidos para intentar encontrar solución a las diferencias bilaterales sobre las bases de seriedad, respeto, igualdad soberana, observancia del derecho internacional, sin injerencia en los asuntos internos, ni precondiciones. Estamos abiertos a relaciones comerciales y de negocios con las compañías estadounidenses como lo estamos con cualquier otro país.
Somos conscientes del inmenso desafío que enfrenta nuestra nación para su seguridad, su supervivencia, el bienestar del pueblo y el destino de la patria. No encaramos el reto pasivamente. Lo hacemos con firmeza y dignidad.
Sobre esa base, avanzamos en un proceso de cambios, profundamente transformador del modelo económico y social, anclado en nuestra experiencia histórica.
El 30 de julio pasado en el Séptimo Período de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular el presidente Miguel Díaz - Canel dijo: “Ante el complejo escenario que he descrito, ¿cómo persistir en la construcción del socialismo, cómo encontrar los recursos financieros y materiales para mantener las conquistas sociales de la Revolución? Igual que en etapas anteriores, particularmente complejas, como el Periodo Especial, cuando bajo la conducción del Comandante en Jefe, y posteriormente con el liderazgo del General de Ejército, se transformó el modelo económico para adaptarlo a las desafiantes circunstancias externas, en el contexto actual nos hemos propuesto emprender las transformaciones que exige el momento, bajo la conducción del Partido, de manera colegiada y democrática, en consulta con el pueblo, sin comprometer la independencia, la soberanía nacional, ni las conquistas sociales de la Revolución”. Fin de la cita.
En esa sesión, la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó un programa novedoso, con nuevas prácticas, actores y conceptos económicos. Todo ello se hace dentro de la Constitución vigente, aprobada en libre y universal referendo; en la concepción de nuestro Estado socialista de derecho y justicia social.
Cómo señaló el líder de la Revolución cubana General de Ejército Raúl Castro Ruz, lo más importante y cito: “será la implementación adecuada y oportuna, con prioridades bien definidas y la participación consciente del pueblo”. Fin de la cita.
Este proceso descansa en la fortaleza que hemos sabido construir, el potencial de nuestros recursos humanos y la determinación de responder a las necesidades del pueblo con la mayor justicia social posible, sin cejar en el empeño de defender, del modo más absoluto y enérgico, la soberanía y el derecho a la libre determinación.
Sabemos que contamos con el respaldo de la comunidad internacional y la solidaridad de millones, entre ellos cada vez más ciudadanos estadounidenses. Ello se manifiesta en las reiteradas muestras y pronunciamientos de respaldo a Cuba y de rechazo a la agresión abusiva. Se expresa en la ayuda material solidaria que recibe nuestro pueblo y que busca mitigar el enorme daño a la economía y la sociedad cubanas.
Ese espíritu solidario y de empatía se expresa también con especial fuerza entre los cubanos que residen de forma permanente o temporal fuera del territorio nacional y en sus descendientes, en particular aquí en los Estados Unidos.
Señor Presidente:
Rechazamos la Doctrina Monroe y sus Corolarios, como repudiamos todo intento de militarización, intervención o dominación imperialista en la América Latina y el Caribe, proclamada como Zona de Paz, en 2014, precisamente en La Habana.
Como pequeño Estado insular en desarrollo, nos solidarizamos con nuestros hermanos que comparten similar condición y con su alerta ante el preocupante e inexorable avance del cambio climático.
Se requiere impulsar una gobernanza más inclusiva de las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones, en particular de las tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial.
Rechazamos la aplicación de medidas coercitivas unilaterales. Expresamos nuestro apoyo y solidaridad a todas y a cada una de las naciones víctimas de ellas.
Ratificamos nuestra solidaridad con el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de Nicaragua.
Reiteramos nuestro apoyo al derecho inalienable del pueblo de Puerto Rico a la libre determinación e independencia.
Las hermanas naciones de África y del Caribe merecen un trato justo y diferenciado, así como reparaciones por los horrores del colonialismo y la trata trasatlántica de esclavos.
Reafirmamos nuestra solidaridad con el pueblo saharaui y su derecho a la libre determinación.
Ratificamos nuestro apoyo al principio de “Una Sola China”.
Tenemos la convicción de que el rumbo actual de las relaciones internacionales, de irrespeto al Derecho Internacional, desacato a las Naciones Unidas, y de imposición de la voluntad unilateral del más poderoso sobre otros países, por vía de la intimidación y la coerción, es peligroso y es insostenible. La ley de la selva no puede ser el futuro de la Humanidad.
Para impedir esas prácticas, además de promover la paz y la justicia, fue que las generaciones que nos antecedieron fundaron las Naciones Unidas y, durante décadas, desarrollaron y trataron de enriquecer su actividad. Recuperemos su papel, hoy que tal vez estemos a tiempo, antes de que la Organización de Naciones Unidas pase a la historia como un sueño irrealizado de grandes promesas.
En el año de su centenario, confiemos como Fidel Castro Ruz, líder histórico de la Revolución cubana, en que, si luchamos con determinación, un mundo mejor será posible.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Cubaminrex)
Intervento di Bruno Rodríguez Parrilla, Ministro delle Relazioni Estere della Repubblica di Cuba, nel dibattito generale dell’81ª sessione dell’Assemblea Generale delle Nazioni Unite.
New York, 26 settembre 2026
Signor Presidente dell’Assemblea Generale,
Signora Vice Segretaria Generale,
Tra circa tre ore ricorreranno esattamente 66 anni dalla frase pronunciata dal Comandante in Capo Fidel Castro Ruz in un memorabile discorso da questa tribuna, e cito: «Scompaia la filosofia del saccheggio e sarà scomparsa la filosofia della guerra! Scompaiano le colonie, scompaia lo sfruttamento dei Paesi da parte dei monopoli, e allora l’umanità avrà raggiunto una vera fase di progresso!».
Tuttavia, è allarmante l’avanzata dell’espansionismo, degli atti di usurpazione e conquista, dell’aggressione militare ed economica. È assurda e irrealizzabile la pretesa del governo degli Stati Uniti di imporre la pace attraverso la forza. Pilastri fondamentali del Diritto Internazionale e dell’Organizzazione delle Nazioni Unite, come l’uguaglianza sovrana tra gli Stati, sono sotto costante attacco.
Il crimine genocidario del sionismo contro il popolo palestinese, gli attacchi pirateschi contro imbarcazioni e le esecuzioni extragiudiziali nel Mar dei Caraibi e in aree del Pacifico, l’aggressione militare contro la Repubblica Bolivariana del Venezuela e la guerra contro la Repubblica Islamica dell’Iran sono nuove manifestazioni di questa atrocità.
Essi riflettono anche la crisi di identità e di rilevanza imposta all’Organizzazione delle Nazioni Unite, compresa questa Assemblea Generale, l’organo più universale, democratico e rappresentativo della comunità internazionale.
Siamo convinti dell’indispensabile necessità di preservare e rafforzare l’ONU, rendendola al tempo stesso più democratica, efficace e vicina ai popoli.
A Cuba, come è noto, affrontiamo un’aggressione multidimensionale da parte del governo degli Stati Uniti, un’ostilità permanente, abusiva e spietata che dura ormai da quasi sette decenni.
Dal gennaio 2026, essa si è intensificata ed è diventata ancora più crudele e pericolosa con l’imposizione di un blocco energetico che, attraverso l’intimidazione e la coercizione, vieta a tutti i Paesi di esportare combustibili a Cuba, il che equivale a un blocco navale, qualificato dal Diritto Internazionale come atto di guerra.
Attraverso misure successive, il governo statunitense ha progressivamente aggiunto divieti rivolti a tutti i Paesi riguardo a prodotti e servizi che non possono essere esportati o trasportati a Cuba. Oltre 7.000 container sono stati bloccati in diversi porti, molti dei quali contenenti alimenti, medicinali e dispositivi medici, o persino merci acquistate da imprese private cubane.
In un fatto insolito e senza precedenti, una superpotenza priva unilateralmente tutti gli Stati del diritto di esportare il prodotto che desiderano verso il Paese che desiderano e viola integralmente e sistematicamente la libertà di commercio e di navigazione.
A ciò si aggiungono le intimidazioni nei confronti di imprenditori di diversi Paesi affinché abbandonino, contro la propria volontà, investimenti e attività commerciali a Cuba; gli ostacoli e gli stratagemmi volti a impedire l’arrivo di spedizioni commerciali assolutamente legittime; le pressioni per ostacolare il flusso di visitatori e turisti; e gli sforzi diretti a limitare il più possibile il legittimo accesso di Cuba a finanziamenti, tecnologie e mercati.
Si arriva al punto di esercitare pressioni, a livelli inimmaginabili, su governi sovrani affinché rinuncino a servizi medici che essi stessi ci hanno richiesto a beneficio delle rispettive popolazioni e che vengono prestati con altruismo da professionisti cubani, perché il governo statunitense si oppone a tale cooperazione, senza preoccuparsi degli effetti né dei danni sulle popolazioni che restano private di assistenza medica gratuita e di qualità, vale a dire private di un diritto umano fondamentale. Giovedì scorso, mentre era in corso questa Assemblea Generale, il Dipartimento di Stato ha convocato una riunione umiliante specificamente con gli Stati beneficiari, allo scopo di esercitare pressioni e formulare minacce.
Secondo quanto dichiarato dal Segretario di Stato, la politica ufficiale degli Stati Uniti consiste nel chiudere a Cuba ogni valvola, ogni via d’uscita e ogni possibilità di sopravvivenza.
L’impatto di un assedio tanto rigido e spietato ha un volto umano.
La guerra economica è rivolta contro il popolo. Ricade sull’intera popolazione cubana. Costa vite, provoca sofferenza individuale e collettiva, genera angoscia. Non si tratta di un «danno collaterale». È una politica deliberatamente concepita per colpire nel punto più sensibile le famiglie cubane, impedire il benessere e ferire la dignità del popolo.
È un atto di punizione collettiva, un crimine anch’esso proibito dal Diritto Internazionale Umanitario. L’obiettivo evidente e immediato è provocare a Cuba una crisi umanitaria, il che costituisce anch’esso un crimine.
Il governo degli Stati Uniti e il Dipartimento di Stato sono stati costretti a riconoscere la sofferenza inflitta, ma hanno la sfrontatezza e il cinismo di continuare a incolpare il governo cubano. Il carnefice incolpa la vittima.
Seguono la formula definita dal Dipartimento di Stato fin dal 1960, nell’infame memorandum Mallory, che stabilì come politica ufficiale, ancora oggi vigente, il rovesciamento del governo cubano mediante l’asfissia economica e l’estrema sofferenza del popolo provocata da privazioni materiali, fame e disperazione.
Il Presidente degli Stati Uniti ha dichiarato da questa tribuna, pochi giorni fa, che Cuba è uno Stato fallito. Se così fosse, perché hanno dovuto imporre un blocco dei combustibili? Perché hanno imposto sanzioni secondarie? Perché devono minacciare, perseguitare e fare pressione su tutti gli Stati del pianeta? Il Presidente degli Stati Uniti ha anche riconosciuto che il suo governo sta esercitando su Cuba la maggiore pressione mai esercitata. Mesi prima aveva dichiarato, e cito: «non resta che entrare e distruggere il posto».
Persiste la minaccia dell’uso della forza militare contro Cuba, una condotta che costituisce una violazione del Diritto Internazionale e una grave trasgressione della Carta di San Francisco.
Se si concretizzasse, costituirebbe un crimine di enorme portata. Provocherebbe la morte di cubani e di giovani statunitensi e un’enorme distruzione. Ci auguriamo che non accada mai. Cuba eserciterebbe, con tutta la propria determinazione ed energia, il legittimo diritto a difendersi. Questa aggressione è accompagnata da una brutale guerra mediatica e cognitiva, diretta non soltanto contro il popolo cubano, ma anche contro i cittadini statunitensi e l’opinione pubblica mondiale. Essa è caratterizzata da volgari e sfacciati tentativi di interferenza negli affari interni di Cuba, che costituiscono anch’essi un illecito internazionale.
Ci chiedono che cosa cerchino gli Stati Uniti con una condotta tanto aggressiva. È un interrogativo che spesso ci sorprende, perché i rappresentanti di quel governo hanno dichiarato senza alcun ritegno il loro obiettivo di impadronirsi di Cuba, controllare il Paese, dominarne l’economia, vale a dire annullare, attraverso l’aggressione e l’asfissia economica, la sovranità nazionale per la quale generazioni di cubani hanno lottato fin dal XIX secolo, dapprima per conquistarla e, dal 1959, raggiunta la piena libertà, per difenderla tenacemente di fronte ai maggiori rischi, compreso quello dell’olocausto.
Il comportamento statunitense si fonda sulla falsità dichiarata all’inizio di quest’anno secondo cui Cuba costituirebbe una minaccia inusuale e straordinaria alla sicurezza nazionale e alla politica estera degli Stati Uniti, un’assurdità che quel governo ripete spudoratamente. Nel vano tentativo di sostenerla, inonda i mezzi di comunicazione di accuse mendaci attraverso i propri portavoce e le pubblicazioni che commissiona e finanzia, approfittando del crescente controllo del governo degli Stati Uniti sulle grandi piattaforme di comunicazione. Lo stesso Presidente statunitense ha ripetuto questa falsità in questa sala, pochi giorni fa.
Qualsiasi osservatore minimamente informato comprende quanto sia fantasioso e malintenzionato presentare una nazione in via di sviluppo come Cuba, relativamente piccola e con un’economia dalle prestazioni modeste, come una minaccia per la maggiore potenza nucleare, militare, tecnologica ed economica del pianeta.
Questa Organizzazione e gli Stati Membri dispongono di abbondanti prove del fatto che siamo un Paese di pace, degli sforzi di Cuba a favore della cooperazione internazionale, dell’intesa e della soluzione pacifica delle controversie, nonché del ruolo attivo che abbiamo sempre svolto a sostegno delle Nazioni Unite.
Cuba non è una minaccia, il blocco sì!
Cuba non è una minaccia, il blocco sì lo è!
Siamo sempre stati e continuiamo a essere disponibili al dialogo con il governo degli Stati Uniti per cercare di trovare una soluzione alle divergenze bilaterali sulla base della serietà, del rispetto, dell’uguaglianza sovrana, dell’osservanza del diritto internazionale, senza ingerenze negli affari interni né precondizioni. Siamo aperti a rapporti commerciali e di business con le imprese statunitensi così come lo siamo con quelle di qualsiasi altro Paese.
Siamo consapevoli dell’immensa sfida che la nostra nazione affronta per la propria sicurezza, la propria sopravvivenza, il benessere del popolo e il destino della patria. Non affrontiamo questa sfida passivamente. Lo facciamo con fermezza e dignità.
Su questa base, stiamo avanzando in un processo di cambiamenti profondamente trasformativo del modello economico e sociale, radicato nella nostra esperienza storica.
Lo scorso 30 luglio, durante il Settimo Periodo di Sessioni dell’Assemblea Nazionale del Potere Popolare, il Presidente Miguel Díaz-Canel ha dichiarato: «Di fronte al complesso scenario che ho descritto, come perseverare nella costruzione del socialismo? Come trovare le risorse finanziarie e materiali per preservare le conquiste sociali della Rivoluzione? Come nelle precedenti fasi particolarmente complesse, come il Periodo Speciale, quando, sotto la guida del Comandante in Capo e successivamente con la leadership del Generale d’Esercito, il modello economico fu trasformato per adattarlo alle difficili circostanze esterne, nel contesto attuale ci siamo proposti di intraprendere le trasformazioni richieste dal momento, sotto la guida del Partito, in maniera collegiale e democratica, in consultazione con il popolo, senza compromettere l’indipendenza, la sovranità nazionale né le conquiste sociali della Rivoluzione». Fine della citazione.
In quella sessione, l’Assemblea Nazionale del Potere Popolare ha approvato un programma innovativo, con nuove pratiche, attori e concetti economici. Tutto ciò viene realizzato nel quadro della Costituzione vigente, approvata mediante referendum libero e universale, e nella concezione del nostro Stato socialista di diritto e di giustizia sociale.
Come ha affermato il leader della Rivoluzione cubana, Generale d’Esercito Raúl Castro Ruz, la cosa più importante, e cito, «sarà un’attuazione adeguata e opportuna, con priorità ben definite e la partecipazione consapevole del popolo». Fine della citazione.
Questo processo si fonda sulla forza che siamo riusciti a costruire, sul potenziale delle nostre risorse umane e sulla determinazione a rispondere alle esigenze del popolo con la maggiore giustizia sociale possibile, senza rinunciare all’impegno di difendere, nella maniera più assoluta ed energica, la sovranità e il diritto all’autodeterminazione.
Sappiamo di poter contare sul sostegno della comunità internazionale e sulla solidarietà di milioni di persone, tra cui un numero crescente di cittadini statunitensi. Ciò si manifesta nelle ripetute dimostrazioni e dichiarazioni di sostegno a Cuba e di rifiuto dell’aggressione abusiva. Si esprime nell’aiuto materiale solidale ricevuto dal nostro popolo, volto a mitigare l’enorme danno arrecato all’economia e alla società cubane.
Questo spirito di solidarietà ed empatia si manifesta con particolare forza anche tra i cubani che risiedono permanentemente o temporaneamente al di fuori del territorio nazionale e tra i loro discendenti, in particolare qui negli Stati Uniti.
Signor Presidente,
Respingiamo la Dottrina Monroe e i suoi Corollari, così come respingiamo ogni tentativo di militarizzazione, intervento o dominazione imperialista in America Latina e nei Caraibi, proclamati Zona di Pace nel 2014, proprio a L’Avana.
In quanto piccolo Stato insulare in via di sviluppo, esprimiamo la nostra solidarietà ai nostri fratelli che condividono la stessa condizione e il loro allarme di fronte alla preoccupante e inesorabile avanzata del cambiamento climatico.
È necessario promuovere una governance più inclusiva delle nuove tecnologie dell’informazione e delle telecomunicazioni, in particolare delle tecnologie dirompenti come l’intelligenza artificiale.
Respingiamo l’applicazione di misure coercitive unilaterali. Esprimiamo il nostro sostegno e la nostra solidarietà a tutte e ciascuna delle nazioni che ne sono vittime.
Ratifichiamo la nostra solidarietà al Governo di Riconciliazione e Unità Nazionale del Nicaragua.
Ribadiamo il nostro sostegno al diritto inalienabile del popolo di Porto Rico all’autodeterminazione e all’indipendenza.
Le nazioni sorelle dell’Africa e dei Caraibi meritano un trattamento giusto e differenziato, nonché riparazioni per gli orrori del colonialismo e della tratta transatlantica degli schiavi.
Riaffermiamo la nostra solidarietà con il popolo saharawi e il suo diritto all’autodeterminazione.
Ratifichiamo il nostro sostegno al principio di «Una sola Cina».
Siamo convinti che l’attuale corso delle relazioni internazionali, caratterizzato dal mancato rispetto del Diritto Internazionale, dall’inosservanza delle Nazioni Unite e dall’imposizione unilaterale della volontà del più potente sugli altri Paesi attraverso l’intimidazione e la coercizione, sia pericoloso e insostenibile. La legge della giungla non può essere il futuro dell’Umanità.
Fu proprio per impedire queste pratiche, oltre che per promuovere la pace e la giustizia, che le generazioni che ci hanno preceduto fondarono le Nazioni Unite e, per decenni, ne svilupparono e cercarono di arricchirne l’attività. Recuperiamone il ruolo, oggi che forse siamo ancora in tempo, prima che l’Organizzazione delle Nazioni Unite passi alla storia come un sogno incompiuto di grandi promesse.
Nell’anno del suo centenario, confidiamo, come Fidel Castro Ruz, leader storico della Rivoluzione cubana, che, se lotteremo con determinazione, un mondo migliore sarà possibile.
Patria o Morte!
Vinceremo!
(Cubaminrex)

