Amigos todos.
Una vez más nos convoca la historia y la razón.
En los instantes más difíciles de la historia de Cuba, la figura de José Martí trasciende como equilibrio, apoyo y baluarte impostergable para la defensa y protección de nuestra historia, nuestra obra, dígase hoy, nuestra Revolución.
Hace 138 años, un 10 de octubre de 1888, el más universal de todos los cubanos definía su impronta como parte de esa emigración patriótica antillana del siglo xix, y lo hacía en plural, con estas palabras:
“Nosotros somos espuela, látigo, realidad, vigía, consuelo.
Nosotros unimos lo que otros dividen.
Nosotros no morimos. !Nosotros somos las reservas de la Patria!”
Cuando Martí refería la palabra patria, lo hacía en su sentido más amplio y universal posible: “Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más cerca, y en que nos tocó nacer”. Esa convicción del más profundo sentimiento del apóstol de la independencia de Cuba la albergó en su amor y compromiso por su tierra, que sintetizan en esa expresión la grandeza y genialidad del hombre a quien hoy rendimos tributo desde la querida Chipre.
Ese sentimiento devino en Martí arma impostergable para la unidad de los pueblos, para fomentar la fraternidad y su unión en aras de la independencia de la patria grande, víctima del colonialismo, pretendida y dominada por poderes europeos y siempre apetecida por los Estados Unidos de Norteamérica.
En esa “humanidad” se ubica Cuba, un pueblo pequeño, que no agrede ni socava la tranquilidad ni la soberanía de pueblo o nación alguna; por el contrario, ayuda y asume como principio de la nación la solidaridad con esa “humanidad” toda.
El mundo es testigo de cuánta vigencia tienen esas palabras del apóstol en medio de tanta agresividad imperialista contra Venezuela, Cuba, Latinoamérica y el resto del planeta. Lo ha definido claramente nuestro presidente, Miguel Díaz-Canel: “Con el ataque a Venezuela, la administración de Donald Trump abrió la puerta a una era de barbarie, despojo y neofascismo”.
En este complejo momento que vivimos, el ideario martiano significa fuerza para la condena y el rechazo a las amenazas de agresión sobre nuestras naciones de América Latina y del mundo; se convierte en pedestal necesario para preservar la igualdad del derecho y la justicia a la que refería Martí, para garantizar la paz individual y colectiva de nuestros pueblos.
José Martí vaticinó previsoriamente la necesidad de que las naciones del sur del Río Bravo andaran en fila para impedir el paso del gigante de las siete leguas, que ya asomaba sus garras y pretensiones sobre las riquezas americanas. Hoy, Martí también es nuestra arma para condenar la vil agresión militar imperialista y fascista yanqui contra la República Bolivariana de Venezuela; por querer reimponer la Doctrina Monroe y golpear con su dominio hegemónico, la integridad de nuestra región proclamada como zona de paz desde 2014.
Ese mismo gobierno que impone un bloqueo genocida contra Cuba por más de 60 años y el 3 de enero empleó la fuerza de manera cobarde, tiene que sentir el rechazo de la comunidad internacional, cuya denuncia exija e impida esos actos de terrorismo de Estado y pondere el respeto, la soberanía y la autodeterminación de nuestras naciones. Ayer fue Venezuela, mañana puede ser Cuba, Chipre o ¿quién sabe?. Mañana será tarde.
Agradecemos esta solidaridad permanente, ese afecto y compromiso militante de los amigos chipriotas, el cariño y la admiración de este pueblo hacia Cuba --- y en lo personal como embajador acá, hoy y ahora, -- lo reitero: valoramos infinitamente vuestra compañía y apoyo.
Lo único que nos puede salvar es la unidad y la firmeza. Tienen que constatar en nosotros la unidad, convencidos de que defendemos la razón y la justicia, pero sobre todo, siempre firmes. ¡Y Cuba va a vencer!
Así lo ratifica nuestro pueblo, junto al dolor por recibir a nuestros 32 compañeros caídos en la defensa de la hermana Venezuela, pero convencidos del patriotismo de nuestra isla --tal y como lo definiera recientemente nuestro presidente con palabras de nuestro Héroe Nacional--: “El amor de patria no es el amor ridículo a la tierra, es el odio invencible a quien lo oprime, es el rencor eterno a quien lo ataca”.
En este año 2026, que conmemoraremos el centenario del nacimiento del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, honremos desde la unidad al más universal de todos los cubanos, como lo hiciera el líder histórico de nuestra Revolución cuando dijo: “Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo”.
¡Gloria eterna a nuestros mártires de la patria!
¡Viva Cuba libre y soberana!
No lo dude nadie. Cuba seguirá siendo de ¡Patria o muerte, venceremos!.
28 de enero de 2026
Nicosia, Chipre.
Embajada de Cuba en Chipre.

