Discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en la clausura del Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en el Palacio de la Revolución, el 17 de junio de 2026, “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”.
Compañeras y compañeros miembros del Comité Central del Partido;
Invitadas e invitados;
Compatriotas:
Este Pleno extraordinario sesiona en días decisivos para Cuba. Herederos orgullosos del legado del Comandante en Jefe, los revolucionarios cubanos hoy enfrentamos desafíos de una enorme magnitud que exigen unidad, firmeza ideológica, coraje, audacia y resistencia creativa.
Contamos con la guía de nuestro líder, integrante destacado de la vanguardia de la Generación del Centenario y celoso guardián de la continuidad de la Revolución socialista que él contribuyó decisivamente a levantar desde sus cimientos hasta nuestros días, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Héroe de la República de Cuba, quien nos ha enseñado todos los días el sagrado valor de la unidad.
El contexto es extraordinariamente complejo y desafiante por la incesante agresividad del recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos y por el criminal propósito de las acciones hostiles de la actual administración: en primer lugar, la incorporación de Cuba a la infame y espuria lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo, y otras acusaciones, igualmente falsas, que buscan desacreditar la autoridad y la gestión del Gobierno, a la vez que privan al país de cualquier fuente de ingreso en divisas.
Un bloqueo más recrudecido aún con las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro. de mayo, que respaldan el genocida cerco energético e internacionalizan con sanciones secundarias el bloqueo, la persecución financiera, energética y de inversiones a extremos de máxima presión.
Paralelamente, se intensifica la subversión político-ideológica mediante la intoxicación mediática en las redes sociales para dañar la credibilidad de la Revolución, entre cubanos y extranjeros, estimulando la desorientación social en un escenario nacional e internacional impactado por transformaciones profundas en la estructura socioeconómica y la geopolítica mundial, como consecuencia de los ilimitados poderes de una política imperial hegemónica, que pretende hacer trizas el multilateralismo, alimenta las corrientes neofascistas y agudiza las tensiones globales, amenazando constantemente la paz y la seguridad internacionales e intentando quebrar la indispensable unidad de las fuerzas de izquierda.
El genocidio silencioso que se ha emprendido contra Cuba provoca daños inconmensurables y terribles limitaciones en nuestra vida cotidiana como pueblo, mientras sus ejecutores mienten descaradamente al mundo negando el cerco energético y afirmando que prohibimos la entrada de donaciones millonarias, que anuncian mucho y de las que apenas han entregado algo de lo prometido.
Cuba resiste heroica y creativamente, pero sufre hace demasiado tiempo un castigo bárbaro, inmerecido, insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar como nueva arma contra la resistencia colectiva.
Cuba enfrenta un bloqueo cruel y una persecución financiera real, diaria, que encarece cada gota de combustible, cada medicamento, cada alimento, cada pieza y cada tecnología que el país necesita.
La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios. Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido Comunista y del Gobierno revolucionario no es explicar mejor la crisis, sino cambiar lo que haya que cambiar para salir de ella.
Se requiere una agenda económica profunda y ágil, ejecutable en corto plazo, que combine estabilización macroeconómica, incentivos para estimular y promover una apertura productiva, seguridad jurídica, atracción de inversión, uso intensivo de tecnología y una protección social focalizada y efectiva.
Recordemos que en la clausura del XI Pleno planteamos que la posposición del Congreso no limitaba la posibilidad de efectuar los cambios, modificaciones y movimientos que fueran necesarios, teniendo en cuenta las facultades de las estructuras del Partido y el Gobierno, como, por ejemplo, los Plenos del Comité Central cuando se trate de acuerdos adoptados por los congresos del Partido.
Para eso se ha trabajado intensamente, a partir del aportador informe y debate del Congreso de la ANEC, la consulta popular sobre el Programa Económico y Social para el 2026, los criterios de economistas y expertos, los debates y aportes formulados por la Comisión Económica del Comité Central del Partido, los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados y actualizados en el Sexto, Séptimo y Octavo Congresos del Partido, los planteamientos del XI Pleno del Comité Central y la labor desplegada por las comisiones que han estado preparando los documentos para el pospuesto IX Congreso del Partido, por las razones conocidas, en cuanto a la actualización de la Conceptualización del Modelo Económico y Social, los Lineamientos y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030.
Se ha realizado, además, un estudio de las experiencias de la construcción socialista en otros países como China y Vietnam, y también se ha acudido a la inteligencia artificial para profundizar en la búsqueda de referencias y evaluar las propuestas en relación con nuestras leyes y normativas vigentes.
Se trata de enfrentar el enorme reto de continuar avanzando en el proceso de construcción socialista, de defensa de la Revolución y sus conquistas y de perfeccionamiento de nuestra sociedad, en las condiciones de un país sometido al más cruel, genocida y prolongado bloqueo económico, financiero, energético y comercial, ejercido por la potencia más poderosa del mundo. Y para superar eso el legado que tenemos es el de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (Aplausos).
¡Nadie en la historia de la humanidad ha tenido como desafío el socialismo en las condiciones que lo tiene que hacer este país, esta nación y este pueblo actualmente! Ese desafío, sin dudas, lo vamos a superar con unidad, con valentía, participación popular y plena convicción en nuestra capacidad para alcanzar la victoria.
Las transformaciones que estamos presentando son para avanzar en la defensa del socialismo, para apoyar y ampliar la justicia social, para crear riqueza económica y distribuirla con equidad. Si no hay riqueza no hay nada que distribuir, estaríamos hablando de una justicia social en abstracto. La justicia social como la ha concebido la Revolución, con su vocación humanista, ayudando a los que están más desfavorecidos, generalmente, con programas y proyectos asistencialistas y gratuitos, no les cuesta a las personas, pero le cuesta al Estado, y para hacerlo, para profundizarlo, para sostenerlo, para mantenerlo el Estado necesita riqueza, y la riqueza la tenemos que producir nosotros, y si no hay riqueza no hay justicia social, y todo lo demás es un cuento, ¡todo lo demás es un cuento! O producimos en estas condiciones, creamos riquezas y entonces distribuimos con justicia social, con equidad, no con igualitarismo. ¡Ese es el desafío!
Necesitamos desatar las fuerzas productivas, que haya más producción en vez de más restricción, porque está probado que el control sin oferta solo desplaza operaciones al mercado informal.
Es necesaria la igualdad e integración de los actores económicos en función del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 y de las estrategias de desarrollo territorial y local por parte de la empresa estatal, las mipymes, las cooperativas, los productores agropecuarios, los inversionistas extranjeros y cubanos, los residentes o no residentes: todos deben actuar y aportar bajo reglas claras al desarrollo socioeconómico del país.
Debemos exportar y producir para captar e ingresar divisas y hacer un uso productivo de ellas. Cada divisa que entre debe tener caminos para financiar producción, importaciones, inversión, salarios e infraestructura.
Debe garantizarse la seguridad jurídica: contratos, usufructos, arrendamientos, concesiones, derechos de superficie y licencias, con estabilidad temporal y protección contra cambios arbitrarios. Si no hay seguridad jurídica nadie invierte, nadie se arriesga.
Debemos impulsar la digitalización con trazabilidad: facturación electrónica, pagos digitales, registros públicos y datos interoperables como base para reducir evasión y corrupción.
Se debe priorizar la protección social: sustituir subsidios generalizados ineficientes por apoyos directos a personas vulnerables. Siempre atentos a que cada acción no incremente desigualdades sociales; al contrario, que se vayan atenuando hasta desaparecer.
Actuar con una apertura selectiva e inteligente: atraer tecnología, financiamiento, mercados y conocimiento externo, protegiendo sectores estratégicos mediante regulación, no mediante inmovilismo.
Se hace necesario la gradualidad y la experimentación: reformar por fases y por pilotos verificables, conservando la conducción estatal y corrigiendo el rumbo con evidencia para lidiar y minimizar los posibles costos económicos y sociales.
Imprescindibles son también la unidad política para garantizar consistencia y credibilidad de las medidas, la comunicación clara y precisa de las decisiones que se aplicarán, para ganar apoyo a las transformaciones, así como la adopción de mecanismos compensatorios para mitigar impactos económicos y sociales.
Hay que trabajar con agilidad, con coherencia y calidad, y sobre todo con control. Que lo aprobado se implemente bien.
En este escenario resulta necesario avanzar en al menos cinco frentes simultáneos:
La estabilización macroeconómica y recuperación de los ingresos externos.
La transformación del Modelo Económico y Social.
El estímulo y recuperación del sector productivo agrícola.
El fortalecimiento de la contabilidad y la gestión de los costos.
La previsión y mitigación de los costos sociales asociados a las transformaciones necesarias del Modelo Económico y Social.
Y estos cinco aspectos están muy bien desarrollados en el informe que presentó la ANEC en su último congreso.
El Comandante en Jefe nos enseñó que en tiempos de crisis no podíamos renunciar ni al desarrollo ni al pensamiento, que no hay obstáculo insalvable y que siempre hay una oportunidad para crecer. Y en ese camino el General de Ejército nos demostró que sí se puede, sí se pudo y siempre se podrá.
El pueblo conoce las causas de muchas de las dificultades que vivimos, pero también necesita respuestas concretas, decisiones oportunas y resultados que se sientan en la vida cotidiana.
Hay trabas que no vienen de afuera ni de bloqueo. Hay lentitud, burocracia, normas que frenan al que quiere producir y decisiones que hemos postergado. Lo que depende de nosotros tenemos que cambiarlo nosotros, y tenemos que cambiarlo ahora.
A la resistencia le debemos la patria, pero hoy la resistencia por sí sola no basta. Este tiempo nos exige transformar, producir más, destrabar más, escuchar más, decidir mejor y rendir cuentas.
Lo que nos proponemos poner en marcha es una agenda económica y social de emergencia, con medidas que forman parte de nuestro Programa de Gobierno y de políticas aprobadas por el Partido, junto a decisiones que no pueden seguir esperando. Algunas no tendrán consenso absoluto, pero son impostergables. Y todas tendrán un responsable con nombre y apellidos, un plazo definido, un indicador para medir su cumplimiento y una rendición de cuentas pública ante el país.
Lo que funcione, se ampliará. Lo que no funcione, se corregirá sin demora. Quien tenga una responsabilidad tendrá que rendir cuentas por ella, y cuando alguien no pueda cumplir lo que este momento exige, deberá abrir paso, con responsabilidad, a quien pueda hacerlo mejor.
Vamos a enfrentar este proceso como el desafío de las generaciones que hoy compartimos la defensa de la Patria, la Revolución y el Socialismo.
Acerca del Sistema de Dirección de la Economía, quiero destacar que lo más importante es que la planificación central, si adoptamos estas transformaciones, no tendría la función de administrar la economía, sino de crear un ambiente institucional y normativo adecuado para que las empresas y los trabajadores estén estimulados en producir bienes y prestar servicios de calidad y con eficiencia, así como introducir en su gestión innovaciones con estos fines.
Y definitivamente tenemos que lograr que el Plan se construya desde abajo con la participación de los trabajadores.
Continuaremos la reestructuración del aparato de Gobierno, del Estado, del Partido y de las instituciones. Vamos a integrar estructuras donde sea necesario, revisar funciones duplicadas, reducir pasos innecesarios y optimizar permanentemente la manera en que se dirige y se sirve al país. Que sean estructuras más dinámicas, más proactivas y menos burocráticas.
Una de las tareas más importantes y urgentes está en potenciar el desarrollo del país desde la base, desde los municipios.
Es inaplazable desatar la gestión en los municipios y que acaben de tener y aplicar todas las facultades posibles para que se desarrollen.
Ningún cambio económico será suficiente si la empresa estatal socialista, que seguirá siendo el pilar fundamental de la economía, no cuenta con verdadera capacidad para gestionar, innovar y responder por sus resultados.
Reformar la gestión de la empresa estatal sobre la base de autonomía real, evaluación económico-financiera, separación de funciones estatales y empresariales, y aplicación del principio “cumple o explica” para evitar que la norma se convierta en freno cuando exista una solución más beneficiosa y demostrable, es necesario.
Para eso avanzaremos en dos direcciones: más autonomía real para las empresas y una gestión más profesional de los activos del Estado, a través del Instituto Nacional de Activos Empresariales, encargado de representar al dueño de los medios de producción, evaluar resultados, exigir eficiencia y separar mejor la función empresarial de la función regulatoria de los ministerios.
Autonomía no significa ausencia de control, implica un marco de responsabilidad; significa poder decidir a tiempo, asociarse mejor, invertir mejor, pagar mejor y rendir cuentas por los resultados ante el pueblo y ante el Estado.
Se necesita fortalecer a la empresa estatal, no sustituirla por mecanismos administrativos que la inmovilicen. Para ello debe completarse la separación entre funciones estatales y empresariales, evaluar el desempeño con herramientas económico-financieras y otorgar autonomía real para gestionar recursos materiales, financieros y humanos, con control posterior, transparencia y rendición de cuentas.
No hay soberanía con el plato vacío. El alimento del pueblo cubano será tratado como lo que es: un asunto de seguridad nacional.
Y se tendrán que acabar las tierras ociosas en Cuba. Cada pedazo de tierra que hoy está cubierto de marabú, cuando debería estar produciendo alimentos, tendrá que tener una respuesta clara: o se pone a producir o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo.
Vamos a ampliar la entrega de tierras en usufructo a quienes estén dispuestos y en condiciones de producir: productores, cooperativas, mipymes y formas asociativas, sin renunciar jamás a la soberanía nacional ni retroceder hacia el país dependiente que dejamos atrás con la Revolución.
Vamos a reconocerles al que trabaja la tierra el derecho a invertir en lo que necesita para hacerla producir, y al que se comprometa con resultados de verdad, que pueda importar directamente la semilla, el fertilizante, la pieza, el equipo. Pero debe quedar claro un principio: esa tierra seguirá siendo del pueblo; y si no produce, si no sirve al país, si no cumple su función social, tendrá que pasar a manos de quien sí pueda ponerla a producir.
Al campesino cubano no se le puede seguir pidiendo más comida con menos herramientas y con precios por debajo de sus costos, tiene que tener mecanismos que funcionen de acceso directo a las divisas, como puede ser vender a exportadores, como es el caso del Turismo, o al mercado cambiario.
Tenemos que hacer que la tierra sea una oportunidad y no una carga, que quien siembre vea el fruto de su esfuerzo, que quien produzca pueda vivir mejor, y que quien invierta en el campo encuentre seguridad, respaldo y futuro.
Cuba necesita de sus campesinos, de su trabajo y de su confianza. Cuando el campo cubano sea un camino de prosperidad para quienes lo trabajan, el país será más fuerte, más justo y más soberano.
En cuanto al comercio exterior, las exportaciones, la logística, las cadenas de valor, debemos autorizar importación y exportación directa para empresas estatales y no estatales, productivas, exportadoras o que sustituyan importaciones, manteniendo requisitos técnicos y fiscales, pero eliminando la intermediación obligatoria.
En cuanto a la renegociación de la deuda, debemos conducir un proceso de canje de deuda por activos, enfocado fundamentalmente en la permuta de activos nacionales por deudas, sin enajenar en perpetuidad la propiedad de los mismos. Con este mecanismo se puede lograr financiamiento y otros beneficios sin perder el derecho de propiedad sobre los activos.
Hay que usar también otros mecanismos que se pueden explorar como deudas contra naturaleza o deudas contra desarrollo social, emisión de bonos por el Objetivo de Desarrollo Sostenible y otros.
Vamos a revisar integralmente la lista de actividades prohibidas al sector privado con un principio claro: sustituir, siempre que sea posible, la prohibición por una regulación responsable. El país necesita abrir caminos legales, con reglas claras y controles adecuados a estas actividades.
También vamos a flexibilizar el alcance del objeto social de las mipymes y demás actores económicos, y aliviar de manera significativa la carga burocrática que hoy enfrentan muchos emprendedores; y, además, debemos agilizar la creación de asociaciones económicas entre las formas de gestión estatal y las no estatales.
La inversión extranjera también se encuentra prisionera en un enrejado de trabas que obstaculizan su necesario incremento. No solo debemos decirle al inversor foráneo dónde debe invertir, sino que también él tenga la iniciativa de invertir en la rama económica de su interés, así como escoger directamente a sus trabajadores sin intermediarios estatales siempre.
Debemos autorizar la inversión extranjera directa en el sector privado nacional, incluyendo mipymes, con reglas claras de propiedad, repatriación, reinversión y solución de controversias.
Debemos facilitar modelos de inversión con diferentes modalidades y con todos los actores por parte de cubanos que viven en Cuba. Y al cubano residente en el exterior que quiera invertir, donar, importar tecnología, abrir un mercado, levantar un proyecto en su tierra, vamos a ofrecerle un marco claro, estable y respetuoso, sin que lo miren con sospecha por querer ayudar a los suyos o contribuir al desarrollo de la tierra que los vio nacer. Al que quiera construir con Cuba, sin pretender imponerle nada, le decimos con el corazón en la mano: aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta, porque a esta patria, en esta hora, no le sobra ningún buen cubano (Aplausos).
El apagón no es solamente un problema de megawatts o de déficit de generación. El apagón es el niño que no pudo estudiar para la prueba, la comida que se echó a perder en un refrigerador, el anciano que pasa la noche en vela sin descanso y con calor. Es el hospital que trabaja al límite, el consultorio que no puede conservar un medicamento, el trabajador que pierde su jornada laboral, y el establecimiento que tiene que cerrar. Por eso la energía no es un tema técnico, es un tema humano, económico y nacional.
Vamos a acelerar la incorporación de la energía solar a la economía nacional como hemos venido haciendo. Para lograrlo, facilitaremos la entrada directa de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores y soluciones asociadas, reduciendo intermediarios que encarecen los costos para la población y para el país.
Ya se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares, sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético. Ahora avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los servicios vinculados a su instalación y mantenimiento.
Además, crearemos mecanismos de crédito y financiamiento para que estas soluciones no sean accesibles solo a unos pocos, sino que puedan llegar progresivamente a los hogares, las mipymes, los consultorios médicos, los centros educacionales, los hogares de ancianos y otros servicios esenciales para la población. Y en esto, nuestras empresas y nuestros técnicos cubanos, estatales y privados van a estar en el centro, instalando, manteniendo, reparando, integrando y creando empleo. Las empresas cubanas pueden especializarse en instalación, integración, operación y soporte de estas tecnologías.
Impulsaremos el transporte eléctrico vinculado a fuentes renovables. Todo vehículo eléctrico destinado al transporte público, privado o de carga ligera que demuestre que opera total o mayoritariamente con energía solar, podrá acogerse a estímulos especiales, exención de aranceles, eliminación de impuestos sobre su venta y facilidades para importar cargadores, baterías, piezas y soluciones asociadas.
Promoveremos, además, la instalación de solineras en todo el país con inversión extranjera, privada, cooperativa y estatal priorizando rutas urbanas, polos turísticos, zonas productivas y servicios esenciales. Junto a ello estableceremos una vía expedita para otorgar licencias de transportista, taxi eléctrico o servicios de movilidad asociados, bajo reglas claras, control técnico, seguridad vial y precios transparentes.
La primera prioridad, antes de cualquier otra, son las personas que no pueden esperar a que la economía mejore, porque hay dolores que no entienden de plazos. La justicia social verdadera no se sostiene sobre precios artificiales que después terminan convirtiéndose en escasez, colas, bajos salarios y mercado ilegal.
La justicia social se construye sobre bases reales, ingresos con poder de compra, protección directa para quienes más lo necesitan y una economía nacional capaz de producir más. No hay atajos, estas no son ideas nuevas, son decisiones que el país discutió y aprobó hace años. El error no estuvo en plantearlas, sino en haberlas postergado, y esa etapa de aplazamiento tiene que terminar.
La canasta básica será garantizada a jubilados, a familias con niños enfermos crónicos, a vulnerables. Se desarrollarán programas focalizados para la transformación social en los barrios más pobres. Hay que darle al sector empresarial estatal y privado mayor protagonismo e incentivos para involucrarse en la solución de problemas locales priorizados, tales como los comedores sociales, saneamiento, centros de niños sin amparo familiar, entre otros. Tendrán nuevas tareas concretas, con estas decisiones: llevarle el pago al jubilado hasta cerca de su casa para que no tenga que hacer una cola de horas bajo el sol; apadrinar los comedores sociales, los hogares de ancianos, las casas de abuelos y los centros de niños; crear cupos solidarios y precios de costo para quien de verdad lo necesita; digitalizarlo todo para que se sepa quién aporta, quién recibe y qué resultado da.
Durante años, funcionamos bajo una lógica de salarios contenidos, precios regulados y un Estado que subsidiaba una parte enorme de la vida económica del país. Esa fórmula tuvo su razón, su contexto, sus resultados y su momento; pero ella no responde a la compleja realidad que vivimos. Los precios que enfrenta una familia se han separado demasiado de lo que ingresa un trabajador o un jubilado, y no podemos seguir actuando como si esa brecha no existiera.
También vamos a abrir nuevas vías para el acceso seguro a medicamentos.
En cuanto a la política fiscal, tributaria, monetaria y de saneamiento financiero, plantear que el objetivo principal para reducir el déficit fiscal está en el aumento de la producción, que es la base de los tributos, y el decrecimiento de los gastos innecesarios del Presupuesto. Por eso también vamos a corregir una política que no dio los resultados esperados.
Los topes de precios, en la práctica, no lograron contener la inflación. Muchas veces provocaron desaparición de productos, desvíos hacia la ilegalidad, mayores precios, menos recaudación de impuestos y una carrera imposible entre precios reales y decisiones administrativas que siempre llegaban tarde o que se mantuvieron inamovibles en desconocimiento de la realidad económica cambiante, limitando a todos aquellos que desean desarrollar su actividad económica en el marco de la legalidad y de forma transparente. Por eso, no vamos a seguir topando precios de manera general, como explicó el Primer Ministro. Hay que corregir distorsiones del sistema tributario que hoy encarecen los encadenamientos productivos y terminan trasladándose al precio final.
Avanzaremos hacia un impuesto al valor agregado (IVA) acreditable y soportado progresivamente por facturación electrónica, para evitar la imposición fiscal en cascada. Pero estas decisiones solo pueden aplicarse junto con una protección social más directa, más efectiva, con el tránsito de subsidiar productos a subsidiar personas, y con el esfuerzo por recuperar el poder adquisitivo de salarios y pensiones. No se trata de dejar a nadie solo frente al mercado, se trata de proteger mejor, producir más, regular con inteligencia y ordenar con realismo.
Necesitamos un sistema financiero que acompañe a la economía, sea funcional para los diferentes actores económicos, que reduzca colas, facilite pagos, transparente las operaciones y convierta el ahorro, el crédito y la inversión en herramientas concretas de desarrollo.
Modernizar de manera profunda el sistema bancario y financiero del país. Para eso Cuba necesita bancos más ágiles, más digitales, más cercanos a la gente y más útiles para quienes producen, exportan, importan, invierten o emprenden.
Vamos a abrir espacios, bajo regulación estricta, a instituciones financieras, privadas y extranjeras; nuevos mecanismos de crédito, financiamiento productivo, desarrollo de mercados financieros y servicios de pago, donde puedan participar actores estatales, cooperativos y privados. El objetivo es que cobrar una pensión, recibir una remesa del exterior, pagar un servicio, pedir un crédito, financiar una cosecha, comprar un equipo o mover dinero para producir no sea una carrera de obstáculos.
Permitir cuentas en el exterior, pagos en divisas entre empresas y operaciones internacionales auditables para actores que importan, exportan o prestan servicios globales.
No se trata de debilitar el papel del Estado, sino de ampliar y modernizar las capacidades del país para financiar la producción, apoyar a quienes generan bienes y servicios, ordenar los flujos de dinero y brindar un mejor servicio a nuestro pueblo.
Convertiremos la transformación digital, el software y la inteligencia artificial en herramientas transversales para desarrollar la agricultura, el sector energético, la salud, la educación, el comercio exterior, la banca, el comercio digital, la logística, el turismo y la fiscalización.
Las propuestas específicas de software, inteligencia artificial, economía del conocimiento y economía digital deben presentarse como infraestructura transversal para elevar la productividad nacional. No se trata solo de exportar software, sino de digitalizar pagos, impuestos, comercio exterior, agricultura, salud, energía, logística, gobierno y estadísticas.
En cuanto al turismo y los negocios inmobiliarios hay que aplicar nuevas modalidades de negocio, con participación de todos los actores económicos. Desarrollar un mercado inmobiliario productivo regulado que comprenda: arrendamiento de locales estatales ociosos, renta de edificios, locales, naves, almacenes, oficinas, instalaciones turísticas, talleres y espacios industriales, concesiones, derecho de uso sobre inmuebles y licitaciones transparentes a actores estatales, privados, cooperativos o mixtos.
Hemos hablado de la importación de combustible y de todo lo que se ha abierto al sector privado, pero ahora se trata de lograrlo con márgenes de utilidad razonables, transparentes y no abusivos.
En cuanto a la importación de vehículos, eliminar todas las trabas en la importación, dar la prioridad a la importación de vehículos eléctricos y, por supuesto, desarrollar las solineras.
Sé que preocupa y con razón la dolarización parcial de la economía, la inflación y la ausencia de muchos productos en moneda nacional. No vamos a ignorar ese problema. Los modelos de negocio que estamos autorizando en divisas tienen que tributar de manera directa y verificable a un incremento de los ingresos en divisas que permita el sostenimiento de ofertas en moneda nacional.
Hay que tener más exigencia sobre el uso de las plataformas digitales de pago. Hay que ampliar aprobaciones de comercio mayorista y minorista, eliminando intermediarios y, definitivamente, hay que aplicar la facturación electrónica.
Hay que eliminar trabas salariales que impiden retener talento y fuerza de trabajo altamente calificada en sectores productivos, exportadores, tecnológicos, energéticos y agroindustriales, y permitir la remuneración variable en CUP y divisas vinculada a resultados verificables en exportaciones, en ahorro de importaciones, en incremento de la productividad, la innovación, la disponibilidad energética o en ventas externas.
En cuanto al gobierno digital, los datos públicos y el control inteligente, hay que implementar la factura electrónica obligatoria y progresiva para medianos y grandes contribuyentes; avanzar luego en las mipymes y los trabajadores por cuenta propia, con herramientas sencillas y adaptadas a conectividad real.
Modernizar el Sistema Estadístico Nacional y la ONEI mediante captura digital de datos desde empresas e entidades, publicación por aplicaciones de servicios públicos de inteligencia artificial y protección de datos sensibles.
Hay que usar la inteligencia artificial para simplificar trámites, procesar documentos escaneados, detectar errores, validar expedientes, autenticar documentos y reducir cargas administrativas.
Hay que mejorar la calidad de los servicios a la población, diseñando nuevos abordajes a cada tema.
Y hay que enfrentar con seriedad un problema que afecta cada día la vida de millones de cubanos: la recogida de desechos sólidos. Pondremos en marcha proyectos a nivel local para mejorar la recogida, tratamiento y disposición de los residuos sólidos, en los cuales, responsablemente, quienes más carga imponen al sistema también deben contribuir más a sostenerlo.
Pero esta solución no será solo estatal, incorporará inversión extranjera al sector no estatal, al sistema empresarial, a las comunidades y a iniciativas creativas que ayuden a devolver limpieza, orden y salud a nuestras ciudades y comunidades.
Compañeras y compañeros:
Cuba no necesita más dilaciones, necesita soluciones. No se trata de crear más oficinas ni de multiplicar reuniones, sino de lograr resultados concretos.
Gobernar es resolver, destrabar, acompañar y hacer que las decisiones se conviertan en mejoras reales; porque crear en Cuba, invertir en Cuba, trabajar en Cuba y quedarse en Cuba también depende de que el país sea capaz de abrir caminos, ordenar con inteligencia y apoyar a quienes quieran aportar.
Junto a las oportunidades económicas vamos a impulsar también espacios concretos para que los jóvenes puedan actuar desde sus comunidades.
La Red Juvenil Comunitaria debe ser una vía para que un joven encuentre dónde formarse, dónde emplearse, dónde servir a su comunidad y dónde convertir una idea en un proyecto real. Esta red debe articular iniciativas útiles en los barrios: recuperación de espacios públicos, apoyo a personas vulnerables, actividades culturales y deportivas, formación en oficios y tecnologías, comunicación comunitaria, proyectos productivos, empleo local y acompañamiento a jóvenes en situación de riesgo.
No se trata de crear una estructura más ni de convocar a los jóvenes solo para recibir orientaciones; se trata de darles capacidades, herramientas, conocimientos, responsabilidades y espacios reales para transformar el lugar donde viven; porque quedarse en Cuba también tiene que significar tener un sitio donde ser útil, crecer, aprender, liderar y construir futuro desde la cuadra, la escuela, el centro de trabajo y el municipio.
Conocemos nuestro país, sabemos dónde está la traba, dónde se esconde la corrupción, dónde sobra la lentitud y dónde falta la vergüenza y la dignidad.
Cada medida que anunciamos tendrá responsables, plazos e indicadores. Vamos a informar lo que avance, lo que se incumpla y lo que haya que corregir.
Habrá cosas que, para protegerlas de quienes quieren sabotearlas, tendremos que tratarlas con discreción. Ya nos enseñó Martí que hay cosas que para lograrse han de andar ocultas; pero la discreción nunca será un permiso para ocultarle algo al pueblo.
Como pueblo no nos vamos a convocar solamente a resistir; nos vamos a convocar a crear, a producir, a decidir, a fiscalizar, a prosperar y a transformar, porque esto que empezamos hoy no lo hace un Gobierno, esto lo hacemos todos o no lo hacemos: con el campesino que vuelva a sembrar, con la mipyme que se atreve, con el técnico que instala el primer panel, con la maestra, con el médico, con el joven que decide quedarse y apostar por su tierra, con el cubano residente en el exterior que tiende la mano, contigo, conmigo, con todos.
No vamos a negar los problemas, no vamos a defender la burocracia, no vamos a cerrarle la puerta al talento, no vamos a abandonar a los vulnerables y no vamos a permitir jamás que el sufrimiento de este pueblo causado por el perverso bloqueo imperialista se use contra la soberanía de la patria (Aplausos).
¡Nada será imposible si asumimos el desafío como oportunidad y la historia como inspiración!
Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, Martí, Mella, Villena, Guiteras, Che, Camilo, Almeida, Fidel y Raúl, todos nuestros héroes, enfrentaron momentos tan o más difíciles, para su época, que estos que enfrenta hoy la nueva generación revolucionaria, y todos emergieron de esos desafíos con honor y gloria, aun aquellos caídos en combate sin llegar a ver la victoria, porque nos legaron lecciones de coraje que perduran hasta nuestros días, como se verificó el 3 de enero de este año cuando 32 combatientes cubanos cayeron enfrentando a tropas élites muy superiores en número y en medios.
Ninguna revolución la ha tenido fácil, y la nuestra ha tenido la osadía de sobrevivir a seis décadas de bloqueo, leyes genocidas, guerra híbrida y una escalera de medidas coercitivas unilaterales que ninguna otra nación soportó ni soportaría por tanto tiempo.
En el Centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro y en el 95 cumpleaños del General de Ejército Raúl Castro Ruz, el mejor homenaje que podemos rendir a la admirable obra de nuestros dos jefes históricos es defenderla y preservar su esencia de justicia social, en medio del vendaval de guerras de rapiña, amenazas de invasión y procesos de neocolonización que, como el gigante de las siete leguas, van por el cielo engullendo mundos en estos tiempos.
Estamos convocados todos y juntos venceremos.
¡Viva Cuba Libre! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva el heroico pueblo cubano! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva la soberanía de la nación cubana! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos! (Exclamaciones de: “¡Venceremos!”)
(Ovación.)
Discorso pronunciato da Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primo Segretario del Comitato Centrale del Partito Comunista di Cuba e Presidente della Repubblica, alla chiusura del Plenum Straordinario del Comitato Centrale del Partito Comunista di Cuba, nel Palazzo della Rivoluzione, il 17 giugno 2026, “Anno del Centenario del Comandante in Capo Fidel Castro Ruz”.
Compagne e compagni membri del Comitato Centrale del Partito;
Invitate e invitati,
Compatrioti,
Questo Plenum straordinario si riunisce in giorni decisivi per Cuba. Eredi orgogliosi del lascito del Comandante in Capo, i rivoluzionari cubani affrontiamo oggi sfide di enorme portata, che esigono unità, fermezza ideologica, coraggio, audacia e resistenza creativa.
Contiamo sulla guida del nostro leader, membro eminente dell’avanguardia della Generazione del Centenario e zelante custode della continuità della Rivoluzione socialista che egli contribuì in modo decisivo a edificare dalle sue fondamenta fino ai nostri giorni: il Generale d’Esercito Raúl Castro Ruz, Eroe della Repubblica di Cuba, che ci ha insegnato ogni giorno il sacro valore dell’unità.
Il contesto è straordinariamente complesso e sfidante a causa dell’incessante aggressività dell’inasprito blocco economico, commerciale e finanziario imposto dal Governo degli Stati Uniti e per il criminale proposito delle azioni ostili dell’attuale amministrazione: in primo luogo, l’inserimento di Cuba nell’infame e spurio elenco dei Paesi che presumibilmente patrocinano il terrorismo, e altre accuse, ugualmente false, che cercano di screditare l’autorità e la gestione del Governo, privando al tempo stesso il Paese di qualsiasi fonte di entrate in valuta estera.
Un blocco ancora più inasprito dagli Ordini Esecutivi del 29 gennaio e del 1º maggio, che avallano il genocida assedio energetico e internazionalizzano, mediante sanzioni secondarie, il blocco, la persecuzione finanziaria, energetica e degli investimenti fino agli estremi della massima pressione.
Parallelamente, si intensifica la sovversione politico-ideologica attraverso l’intossicazione mediatica nelle reti sociali per danneggiare la credibilità della Rivoluzione, tra cubani e stranieri, stimolando il disorientamento sociale in uno scenario nazionale e internazionale colpito da profonde trasformazioni nella struttura socioeconomica e nella geopolitica mondiale, come conseguenza dei poteri illimitati di una politica imperiale egemonica che pretende di fare a pezzi il multilateralismo, alimenta le correnti neofasciste e acuisce le tensioni globali, minacciando costantemente la pace e la sicurezza internazionali e tentando di spezzare l’indispensabile unità delle forze di sinistra.
Il genocidio silenzioso intrapreso contro Cuba provoca danni incommensurabili e terribili limitazioni nella nostra vita quotidiana come popolo, mentre i suoi esecutori mentono sfacciatamente al mondo negando l’assedio energetico e affermando che proibiamo l’ingresso di donazioni milionarie, delle quali annunciano molto e hanno consegnato appena qualcosa di quanto promesso.
Cuba resiste eroicamente e creativamente, ma subisce da troppo tempo un castigo barbaro, immeritato, insopportabile, al quale ora si aggiunge la minaccia di aggressione militare come nuova arma contro la resistenza collettiva.
Cuba affronta un blocco crudele e una persecuzione finanziaria reale, quotidiana, che rende più costosa ogni goccia di combustibile, ogni medicinale, ogni alimento, ogni pezzo di ricambio e ogni tecnologia di cui il Paese ha bisogno.
La realtà ci impone cambiamenti urgenti e necessari. E quando la vita del popolo diventa così dura, il primo dovere del Partito Comunista e del Governo rivoluzionario non è spiegare meglio la crisi, ma cambiare ciò che dev’essere cambiato per uscirne.
È necessaria un’agenda economica profonda e agile, eseguibile nel breve periodo, che combini stabilizzazione macroeconomica, incentivi per stimolare e promuovere un’apertura produttiva, sicurezza giuridica, attrazione di investimenti, uso intensivo della tecnologia e una protezione sociale mirata ed efficace.
Ricordiamo che, nella chiusura dell’XI Plenum, affermammo che il rinvio del Congresso non limitava la possibilità di effettuare i cambiamenti, le modifiche e gli spostamenti necessari, tenendo conto delle facoltà delle strutture del Partito e del Governo, come, per esempio, i Plenum del Comitato Centrale quando si tratti di accordi adottati dai congressi del Partito.
Per questo si è lavorato intensamente, a partire dal contributivo rapporto e dal dibattito del Congresso dell’ANEC, dalla consultazione popolare sul Programma Economico e Sociale per il 2026, dai criteri di economisti ed esperti, dai dibattiti e dai contributi formulati dalla Commissione Economica del Comitato Centrale del Partito, dai Lineamenti della Politica Economica e Sociale approvati e aggiornati nel Sesto, Settimo e Ottavo Congresso del Partito, dalle questioni sollevate nell’XI Plenum del Comitato Centrale e dal lavoro svolto dalle commissioni che hanno preparato i documenti per il rinviato IX Congresso del Partito, per le ragioni note, in merito all’aggiornamento della Concettualizzazione del Modello Economico e Sociale, dei Lineamenti e del Piano Nazionale di Sviluppo Economico e Sociale fino al 2030.
È stato altresì realizzato uno studio delle esperienze di costruzione socialista in altri Paesi, come Cina e Vietnam, e si è fatto ricorso anche all’intelligenza artificiale per approfondire la ricerca di riferimenti e valutare le proposte in rapporto alle nostre leggi e normative vigenti.
Si tratta di affrontare l’enorme sfida di continuare ad avanzare nel processo di costruzione socialista, di difesa della Rivoluzione e delle sue conquiste e di perfezionamento della nostra società, nelle condizioni di un Paese sottoposto al più crudele, genocida e prolungato blocco economico, finanziario, energetico e commerciale, esercitato dalla potenza più poderosa del mondo. E per superarlo, l’eredità che abbiamo è quella del nostro Comandante in Capo Fidel Castro Ruz (Applausi).
Nessuno nella storia dell’umanità ha avuto come sfida il socialismo nelle condizioni in cui deve farlo oggi questo Paese, questa nazione e questo popolo! Questa sfida, senza dubbio, la supereremo con unità, coraggio, partecipazione popolare e piena convinzione nella nostra capacità di raggiungere la vittoria.
Le trasformazioni che stiamo presentando servono ad avanzare nella difesa del socialismo, a sostenere e ampliare la giustizia sociale, a creare ricchezza economica e distribuirla con equità. Se non c’è ricchezza non c’è nulla da distribuire, parleremmo di una giustizia sociale in astratto. La giustizia sociale come l’ha concepita la Rivoluzione, con la sua vocazione umanista, aiutando chi si trova in condizioni più svantaggiate, generalmente con programmi e progetti assistenziali e gratuiti, non costa alle persone, ma costa allo Stato; e per farlo, per approfondirlo, per sostenerlo, per mantenerlo, lo Stato ha bisogno di ricchezza, e la ricchezza dobbiamo produrla noi. Se non c’è ricchezza non c’è giustizia sociale, e tutto il resto è una favola, tutto il resto è una favola! O produciamo in queste condizioni, creiamo ricchezza e poi distribuiamo con giustizia sociale, con equità, non con egualitarismo. Questa è la sfida!
Abbiamo bisogno di liberare le forze produttive, che ci sia più produzione invece di più restrizioni, perché è dimostrato che il controllo senza offerta sposta soltanto le operazioni verso il mercato informale.
È necessaria l’uguaglianza e l’integrazione degli attori economici in funzione del Piano Nazionale di Sviluppo Economico e Sociale fino al 2030 e delle strategie di sviluppo territoriale e locale da parte dell’impresa statale, delle mipymes, delle cooperative, dei produttori agro-zootecnici, degli investitori stranieri e cubani, residenti o non residenti: tutti devono agire e contribuire, sotto regole chiare, allo sviluppo socioeconomico del Paese.
Dobbiamo esportare e produrre per captare e incassare valuta estera e farne un uso produttivo. Ogni valuta che entra deve avere canali per finanziare produzione, importazioni, investimenti, salari e infrastrutture.
Deve essere garantita la sicurezza giuridica: contratti, usufrutti, locazioni, concessioni, diritti di superficie e licenze, con stabilità temporale e protezione contro cambiamenti arbitrari. Se non c’è sicurezza giuridica nessuno investe, nessuno rischia.
Dobbiamo promuovere la digitalizzazione con tracciabilità: fatturazione elettronica, pagamenti digitali, registri pubblici e dati interoperabili come base per ridurre evasione e corruzione.
Si deve dare priorità alla protezione sociale: sostituire sussidi generalizzati inefficienti con sostegni diretti alle persone vulnerabili. Sempre attenti affinché ogni azione non incrementi le disuguaglianze sociali; al contrario, affinché vengano attenuate fino a scomparire.
Agire con un’apertura selettiva e intelligente: attrarre tecnologia, finanziamento, mercati e conoscenza esterna, proteggendo i settori strategici mediante regolazione, non mediante immobilismo.
Sono necessarie gradualità e sperimentazione: riformare per fasi e attraverso progetti pilota verificabili, conservando la conduzione statale e correggendo la rotta sulla base dell’evidenza per affrontare e minimizzare i possibili costi economici e sociali.
Imprescindibili sono anche l’unità politica per garantire coerenza e credibilità delle misure, la comunicazione chiara e precisa delle decisioni che saranno applicate, per guadagnare sostegno alle trasformazioni, così come l’adozione di meccanismi compensatori per mitigare gli impatti economici e sociali.
Bisogna lavorare con agilità, coerenza e qualità, e soprattutto con controllo. Che quanto approvato sia implementato bene.
In questo scenario risulta necessario avanzare in almeno cinque fronti simultanei:
La stabilizzazione macroeconomica e il recupero delle entrate esterne.
La trasformazione del Modello Economico e Sociale.
Lo stimolo e il recupero del settore produttivo agricolo.
Il rafforzamento della contabilità e della gestione dei costi.
La previsione e mitigazione dei costi sociali associati alle trasformazioni necessarie del Modello Economico e Sociale.
E questi cinque aspetti sono molto ben sviluppati nel rapporto presentato dall’ANEC nel suo ultimo congresso.
Il Comandante in Capo ci insegnò che, in tempi di crisi, non potevamo rinunciare né allo sviluppo né al pensiero, che non esiste ostacolo insormontabile e che c’è sempre un’opportunità per crescere. E su questa strada il Generale d’Esercito ci dimostrò che sì, si può; sì, si è potuto; e sempre si potrà.
Il popolo conosce le cause di molte delle difficoltà che viviamo, ma ha anche bisogno di risposte concrete, decisioni opportune e risultati che si sentano nella vita quotidiana.
Ci sono ostacoli che non vengono da fuori né dal blocco. C’è lentezza, burocrazia, norme che frenano chi vuole produrre e decisioni che abbiamo rimandato. Ciò che dipende da noi dobbiamo cambiarlo noi, e dobbiamo cambiarlo ora.
Alla resistenza dobbiamo la patria, ma oggi la resistenza da sola non basta. Questo tempo ci esige trasformare, produrre di più, sbloccare di più, ascoltare di più, decidere meglio e rendere conto.
Ciò che ci proponiamo di mettere in moto è un’agenda economica e sociale d’emergenza, con misure che fanno parte del nostro Programma di Governo e di politiche approvate dal Partito, insieme a decisioni che non possono continuare ad aspettare. Alcune non avranno consenso assoluto, ma sono improrogabili. E tutte avranno un responsabile con nome e cognome, un termine definito, un indicatore per misurarne l’adempimento e una rendicontazione pubblica davanti al Paese.
Ciò che funzionerà sarà ampliato. Ciò che non funzionerà sarà corretto senza indugio. Chi avrà una responsabilità dovrà renderne conto, e quando qualcuno non potrà compiere ciò che questo momento esige, dovrà aprire il passo, con responsabilità, a chi potrà farlo meglio.
Affronteremo questo processo come la sfida delle generazioni che oggi condividiamo la difesa della Patria, della Rivoluzione e del Socialismo.
Per quanto riguarda il Sistema di Direzione dell’Economia, voglio sottolineare che la cosa più importante è che la pianificazione centrale, se adottiamo queste trasformazioni, non avrebbe la funzione di amministrare l’economia, bensì di creare un ambiente istituzionale e normativo adeguato affinché le imprese e i lavoratori siano stimolati a produrre beni e prestare servizi di qualità e con efficienza, così come a introdurre nella loro gestione innovazioni con questi fini.
E dobbiamo definitivamente riuscire a far sì che il Piano sia costruito dal basso con la partecipazione dei lavoratori.
Continueremo la ristrutturazione dell’apparato di Governo, dello Stato, del Partito e delle istituzioni. Integreremo strutture dove sia necessario, rivedremo funzioni duplicate, ridurremo passaggi inutili e ottimizzeremo permanentemente il modo in cui si dirige e si serve il Paese. Che siano strutture più dinamiche, più proattive e meno burocratiche.
Uno dei compiti più importanti e urgenti è potenziare lo sviluppo del Paese dalla base, dai municipi.
È improrogabile liberare la gestione nei municipi e far sì che finalmente dispongano e applichino tutte le facoltà possibili per svilupparsi.
Nessun cambiamento economico sarà sufficiente se l’impresa statale socialista, che continuerà a essere il pilastro fondamentale dell’economia, non dispone di vera capacità per gestire, innovare e rispondere dei propri risultati.
È necessario riformare la gestione dell’impresa statale sulla base di autonomia reale, valutazione economico-finanziaria, separazione delle funzioni statali e imprenditoriali e applicazione del principio “adempi o spiega”, per evitare che la norma si trasformi in freno quando esista una soluzione più benefica e dimostrabile.
Per questo avanzeremo in due direzioni: più autonomia reale per le imprese e una gestione più professionale degli attivi dello Stato, attraverso l’Istituto Nazionale degli Attivi Imprenditoriali, incaricato di rappresentare il proprietario dei mezzi di produzione, valutare i risultati, esigere efficienza e separare meglio la funzione imprenditoriale dalla funzione regolatoria dei ministeri.
Autonomia non significa assenza di controllo: implica un quadro di responsabilità; significa poter decidere in tempo, associarsi meglio, investire meglio, pagare meglio e rendere conto dei risultati davanti al popolo e davanti allo Stato.
Occorre rafforzare l’impresa statale, non sostituirla con meccanismi amministrativi che la immobilizzino. Per farlo deve completarsi la separazione tra funzioni statali e imprenditoriali, valutare il rendimento con strumenti economico-finanziari e concedere autonomia reale per gestire risorse materiali, finanziarie e umane, con controllo successivo, trasparenza e rendicontazione.
Non c’è sovranità con il piatto vuoto. L’alimentazione del popolo cubano sarà trattata per ciò che è: una questione di sicurezza nazionale.
E dovranno finire le terre incolte a Cuba. Ogni pezzo di terra che oggi è coperto di marabù, quando dovrebbe produrre alimenti, dovrà avere una risposta chiara: o viene messo a produrre o viene consegnato a chi è disposto a farlo.
Amplieremo la consegna di terre in usufrutto a chi sia disposto e in condizioni di produrre: produttori, cooperative, mipymes e forme associative, senza mai rinunciare alla sovranità nazionale né retrocedere verso il Paese dipendente che ci siamo lasciati alle spalle con la Rivoluzione.
Riconosceremo a chi lavora la terra il diritto di investire in ciò di cui ha bisogno per farla produrre, e a chi si impegna con risultati veri, la possibilità di importare direttamente il seme, il fertilizzante, il pezzo di ricambio, l’attrezzatura. Ma deve restare chiaro un principio: quella terra continuerà a essere del popolo; e se non produce, se non serve il Paese, se non compie la sua funzione sociale, dovrà passare nelle mani di chi sì può metterla a produrre.
Al contadino cubano non si può continuare a chiedere più cibo con meno strumenti e con prezzi al di sotto dei suoi costi; deve avere meccanismi funzionanti di accesso diretto alla valuta estera, come può essere vendere agli esportatori, come nel caso del Turismo, o al mercato cambiario.
Dobbiamo fare in modo che la terra sia un’opportunità e non un peso, che chi semina veda il frutto del proprio sforzo, che chi produce possa vivere meglio, e che chi investe nella campagna trovi sicurezza, sostegno e futuro.
Cuba ha bisogno dei suoi contadini, del loro lavoro e della loro fiducia. Quando la campagna cubana sarà un cammino di prosperità per chi la lavora, il Paese sarà più forte, più giusto e più sovrano.
Per quanto riguarda il commercio estero, le esportazioni, la logistica, le catene del valore, dobbiamo autorizzare l’importazione e l’esportazione dirette per imprese statali e non statali, produttive, esportatrici o sostitutive delle importazioni, mantenendo requisiti tecnici e fiscali, ma eliminando l’intermediazione obbligatoria.
Quanto alla rinegoziazione del debito, dobbiamo condurre un processo di scambio di debito per attivi, focalizzato fondamentalmente sulla permuta di attivi nazionali contro debiti, senza alienarne in perpetuo la proprietà. Con questo meccanismo si possono ottenere finanziamenti e altri benefici senza perdere il diritto di proprietà sugli attivi.
Bisogna utilizzare anche altri meccanismi che possono essere esplorati, come debito contro natura o debito contro sviluppo sociale, emissione di obbligazioni per l’Obiettivo di Sviluppo Sostenibile e altri.
Rivedremo integralmente l’elenco delle attività proibite al settore privato con un principio chiaro: sostituire, ogni volta che sia possibile, il divieto con una regolazione responsabile. Il Paese ha bisogno di aprire percorsi legali, con regole chiare e controlli adeguati a queste attività.
Flessibilizzeremo anche la portata dell’oggetto sociale delle mipymes e degli altri attori economici, e alleggeriremo in modo significativo il carico burocratico che oggi affrontano molti imprenditori; e, inoltre, dobbiamo accelerare la creazione di associazioni economiche tra le forme di gestione statale e quelle non statali.
Anche l’investimento straniero si trova prigioniero in una grata di ostacoli che ne impediscono il necessario incremento. Non dobbiamo solo dire all’investitore estero dove deve investire, ma anche consentirgli di avere l’iniziativa di investire nel ramo economico di suo interesse, così come di scegliere direttamente i suoi lavoratori, senza intermediari statali sempre.
Dobbiamo autorizzare l’investimento estero diretto nel settore privato nazionale, incluse le mipymes, con regole chiare di proprietà, rimpatrio, reinvestimento e soluzione delle controversie.
Dobbiamo facilitare modelli d’investimento con diverse modalità e con tutti gli attori da parte dei cubani che vivono a Cuba. E al cubano residente all’estero che voglia investire, donare, importare tecnologia, aprire un mercato, avviare un progetto nella sua terra, offriremo un quadro chiaro, stabile e rispettoso, senza che venga guardato con sospetto per voler aiutare i suoi o contribuire allo sviluppo della terra che lo vide nascere. A chi voglia costruire con Cuba, senza pretendere di imporle nulla, diciamo con il cuore in mano: qui hai la tua casa e qui hai la porta aperta, perché a questa patria, in quest’ora, non avanza nessun buon cubano (Applausi).
Il blackout non è soltanto un problema di megawatt o di deficit di generazione. Il blackout è il bambino che non ha potuto studiare per la prova, il cibo che si è rovinato in un frigorifero, l’anziano che passa la notte in bianco senza riposo e con il caldo. È l’ospedale che lavora al limite, l’ambulatorio che non può conservare un medicinale, il lavoratore che perde la sua giornata lavorativa, e l’esercizio che deve chiudere. Per questo l’energia non è un tema tecnico, è un tema umano, economico e nazionale.
Accelereremo l’incorporazione dell’energia solare nell’economia nazionale, come abbiamo fatto finora. Per riuscirci, faciliteremo l’ingresso diretto di imprese straniere che forniscano pannelli, batterie, inverter e soluzioni associate, riducendo intermediari che aumentano i costi per la popolazione e per il Paese.
Sono già stati eliminati i dazi all’importazione di tecnologie solari, sistemi di stoccaggio ed equipaggiamenti destinati al risparmio energetico. Ora avanzeremo anche nell’eliminazione delle imposte sulla loro vendita e sui servizi collegati alla loro installazione e manutenzione.
Inoltre, creeremo meccanismi di credito e finanziamento affinché queste soluzioni non siano accessibili solo a pochi, ma possano arrivare progressivamente alle case, alle mipymes, agli ambulatori medici, ai centri educativi, alle case di riposo e ad altri servizi essenziali per la popolazione. E in questo, le nostre imprese e i nostri tecnici cubani, statali e privati, saranno al centro: installando, mantenendo, riparando, integrando e creando occupazione. Le imprese cubane possono specializzarsi nell’installazione, integrazione, operazione e supporto di queste tecnologie.
Promuoveremo il trasporto elettrico vincolato a fonti rinnovabili. Ogni veicolo elettrico destinato al trasporto pubblico, privato o di carico leggero che dimostri di operare totalmente o prevalentemente con energia solare potrà beneficiare di stimoli speciali, esenzione dai dazi, eliminazione delle imposte sulla vendita e facilitazioni per importare caricabatterie, batterie, pezzi di ricambio e soluzioni associate.
Promuoveremo inoltre l’installazione di stazioni solari di ricarica in tutto il Paese con investimento estero, privato, cooperativo e statale, dando priorità a rotte urbane, poli turistici, zone produttive e servizi essenziali. Insieme a ciò stabiliremo una via spedita per concedere licenze di trasportatore, taxi elettrico o servizi di mobilità associati, sotto regole chiare, controllo tecnico, sicurezza stradale e prezzi trasparenti.
La prima priorità, prima di qualsiasi altra, sono le persone che non possono aspettare che l’economia migliori, perché ci sono dolori che non capiscono di scadenze. La vera giustizia sociale non si sostiene su prezzi artificiali che poi finiscono per trasformarsi in scarsità, code, bassi salari e mercato illegale.
La giustizia sociale si costruisce su basi reali: redditi con potere d’acquisto, protezione diretta per chi ne ha più bisogno e un’economia nazionale capace di produrre di più. Non ci sono scorciatoie; queste non sono idee nuove, sono decisioni che il Paese discusse e approvò anni fa. L’errore non fu formularle, ma averle rimandate, e questa fase di rinvio deve terminare.
Il paniere di base sarà garantito ai pensionati, alle famiglie con bambini malati cronici, ai vulnerabili. Si svilupperanno programmi mirati per la trasformazione sociale nei quartieri più poveri. Bisogna dare al settore imprenditoriale statale e privato maggiore protagonismo e incentivi per coinvolgersi nella soluzione di problemi locali prioritari, come le mense sociali, il risanamento, i centri per bambini senza tutela familiare, tra gli altri. Avranno nuovi compiti concreti, con queste decisioni: portare il pagamento al pensionato vicino a casa sua perché non debba fare una fila di ore sotto il sole; sostenere le mense sociali, le case di riposo, i centri diurni per anziani e i centri per bambini; creare quote solidali e prezzi di costo per chi ne ha davvero bisogno; digitalizzare tutto affinché si sappia chi contribuisce, chi riceve e quale risultato produce.
Per anni abbiamo funzionato secondo una logica di salari contenuti, prezzi regolati e uno Stato che sovvenzionava una parte enorme della vita economica del Paese. Quella formula ebbe la sua ragione, il suo contesto, i suoi risultati e il suo momento; ma non risponde alla complessa realtà che viviamo. I prezzi che una famiglia affronta si sono separati troppo da ciò che guadagna un lavoratore o un pensionato, e non possiamo continuare ad agire come se questa distanza non esistesse.
Apriremo anche nuove vie per l’accesso sicuro ai medicinali.
Per quanto riguarda la politica fiscale, tributaria, monetaria e di risanamento finanziario, va posto che l’obiettivo principale per ridurre il deficit fiscale sta nell’aumento della produzione, che è la base dei tributi, e nella diminuzione delle spese non necessarie del Bilancio. Per questo correggeremo anche una politica che non ha dato i risultati attesi.
I tetti ai prezzi, nella pratica, non sono riusciti a contenere l’inflazione. Molte volte hanno provocato scomparsa di prodotti, deviazioni verso l’illegalità, prezzi più alti, minore riscossione di imposte e una corsa impossibile tra prezzi reali e decisioni amministrative che arrivavano sempre tardi o restavano immobili, ignorando la realtà economica mutevole e limitando tutti coloro che desiderano sviluppare la propria attività economica nel quadro della legalità e in modo trasparente. Per questo non continueremo a fissare tetti generalizzati ai prezzi, come ha spiegato il Primo Ministro. Bisogna correggere distorsioni del sistema tributario che oggi rendono più costose le catene produttive e finiscono per trasferirsi al prezzo finale.
Avanzeremo verso un’imposta sul valore aggiunto (IVA) detraibile e sostenuta progressivamente dalla fatturazione elettronica, per evitare l’imposizione fiscale a cascata. Ma queste decisioni possono essere applicate solo insieme a una protezione sociale più diretta, più efficace, con il passaggio dal sovvenzionare prodotti al sovvenzionare persone, e con lo sforzo di recuperare il potere d’acquisto di salari e pensioni. Non si tratta di lasciare nessuno solo davanti al mercato: si tratta di proteggere meglio, produrre di più, regolare con intelligenza e ordinare con realismo.
Abbiamo bisogno di un sistema finanziario che accompagni l’economia, sia funzionale ai diversi attori economici, riduca le code, faciliti i pagamenti, renda trasparenti le operazioni e trasformi il risparmio, il credito e l’investimento in strumenti concreti di sviluppo.
Modernizzare profondamente il sistema bancario e finanziario del Paese. Per questo Cuba ha bisogno di banche più agili, più digitali, più vicine alla gente e più utili per chi produce, esporta, importa, investe o intraprende.
Apriremo spazi, sotto stretta regolazione, a istituzioni finanziarie private e straniere; nuovi meccanismi di credito, finanziamento produttivo, sviluppo di mercati finanziari e servizi di pagamento, ai quali possano partecipare attori statali, cooperativi e privati. L’obiettivo è che riscuotere una pensione, ricevere una rimessa dall’estero, pagare un servizio, chiedere un credito, finanziare un raccolto, comprare un’attrezzatura o muovere denaro per produrre non sia una corsa a ostacoli.
Permettere conti all’estero, pagamenti in valuta tra imprese e operazioni internazionali verificabili per attori che importano, esportano o prestano servizi globali.
Non si tratta di indebolire il ruolo dello Stato, ma di ampliare e modernizzare le capacità del Paese per finanziare la produzione, sostenere chi genera beni e servizi, ordinare i flussi di denaro e offrire un servizio migliore al nostro popolo.
Trasformeremo la trasformazione digitale, il software e l’intelligenza artificiale in strumenti trasversali per sviluppare l’agricoltura, il settore energetico, la salute, l’educazione, il commercio estero, la banca, il commercio digitale, la logistica, il turismo e il controllo fiscale.
Le proposte specifiche di software, intelligenza artificiale, economia della conoscenza ed economia digitale devono essere presentate come infrastruttura trasversale per elevare la produttività nazionale. Non si tratta solo di esportare software, ma di digitalizzare pagamenti, imposte, commercio estero, agricoltura, salute, energia, logistica, governo e statistiche.
Per quanto riguarda il turismo e gli affari immobiliari, bisogna applicare nuove modalità di business, con la partecipazione di tutti gli attori economici. Sviluppare un mercato immobiliare produttivo regolato che comprenda: locazione di locali statali inattivi, affitto di edifici, locali, capannoni, magazzini, uffici, installazioni turistiche, officine e spazi industriali, concessioni, diritto d’uso su immobili e gare trasparenti per attori statali, privati, cooperativi o misti.
Abbiamo parlato dell’importazione di combustibile e di tutto ciò che è stato aperto al settore privato, ma ora si tratta di realizzarlo con margini di utilità ragionevoli, trasparenti e non abusivi.
Per quanto riguarda l’importazione di veicoli, eliminare tutti gli ostacoli all’importazione, dare priorità all’importazione di veicoli elettrici e, naturalmente, sviluppare le stazioni solari di ricarica.
So che preoccupano, e con ragione, la dollarizzazione parziale dell’economia, l’inflazione e l’assenza di molti prodotti in moneta nazionale. Non ignoreremo questo problema. I modelli di business che stiamo autorizzando in valuta devono contribuire in modo diretto e verificabile a un incremento delle entrate in valuta che consenta il sostegno di offerte in moneta nazionale.
Bisogna avere maggiore esigenza sull’uso delle piattaforme digitali di pagamento. Bisogna ampliare le approvazioni del commercio all’ingrosso e al dettaglio, eliminando intermediari e, definitivamente, bisogna applicare la fatturazione elettronica.
Bisogna eliminare gli ostacoli salariali che impediscono di trattenere talento e forza lavoro altamente qualificata in settori produttivi, esportatori, tecnologici, energetici e agroindustriali, e permettere la remunerazione variabile in CUP e in valuta legata a risultati verificabili nelle esportazioni, nel risparmio di importazioni, nell’incremento della produttività, dell’innovazione, della disponibilità energetica o delle vendite estere.
Per quanto riguarda il governo digitale, i dati pubblici e il controllo intelligente, bisogna implementare la fattura elettronica obbligatoria e progressiva per medi e grandi contribuenti; avanzare poi nelle mipymes e nei lavoratori autonomi, con strumenti semplici e adattati alla connettività reale.
Modernizzare il Sistema Statistico Nazionale e l’ONEI mediante cattura digitale dei dati da imprese ed enti, pubblicazione tramite applicazioni di servizi pubblici di intelligenza artificiale e protezione dei dati sensibili.
Bisogna usare l’intelligenza artificiale per semplificare pratiche, processare documenti scansionati, rilevare errori, validare fascicoli, autenticare documenti e ridurre i carichi amministrativi.
Bisogna migliorare la qualità dei servizi alla popolazione, progettando nuovi approcci a ciascun tema.
E bisogna affrontare con serietà un problema che colpisce ogni giorno la vita di milioni di cubani: la raccolta dei rifiuti solidi. Metteremo in moto progetti a livello locale per migliorare la raccolta, il trattamento e lo smaltimento dei rifiuti solidi, nei quali, responsabilmente, chi impone maggior carico al sistema dovrà anche contribuire di più a sostenerlo.
Ma questa soluzione non sarà solo statale: incorporerà investimento estero nel settore non statale, nel sistema imprenditoriale, nelle comunità e in iniziative creative che aiutino a restituire pulizia, ordine e salute alle nostre città e comunità.
Compagne e compagni,
Cuba non ha bisogno di altri rinvii, ha bisogno di soluzioni. Non si tratta di creare più uffici né di moltiplicare riunioni, ma di ottenere risultati concreti.
Governare è risolvere, sbloccare, accompagnare e far sì che le decisioni si trasformino in miglioramenti reali; perché creare a Cuba, investire a Cuba, lavorare a Cuba e restare a Cuba dipende anche dalla capacità del Paese di aprire strade, ordinare con intelligenza e sostenere chi voglia contribuire.
Accanto alle opportunità economiche, promuoveremo anche spazi concreti affinché i giovani possano agire dalle loro comunità.
La Rete Giovanile Comunitaria deve essere una via affinché un giovane trovi dove formarsi, dove lavorare, dove servire la sua comunità e dove trasformare un’idea in un progetto reale. Questa rete deve articolare iniziative utili nei quartieri: recupero di spazi pubblici, sostegno alle persone vulnerabili, attività culturali e sportive, formazione in mestieri e tecnologie, comunicazione comunitaria, progetti produttivi, occupazione locale e accompagnamento ai giovani in situazione di rischio.
Non si tratta di creare un’altra struttura né di convocare i giovani solo per ricevere orientamenti; si tratta di dare loro capacità, strumenti, conoscenze, responsabilità e spazi reali per trasformare il luogo in cui vivono; perché restare a Cuba deve significare anche avere un luogo dove essere utile, crescere, imparare, guidare e costruire futuro a partire dall’isolato, dalla scuola, dal centro di lavoro e dal municipio.
Conosciamo il nostro Paese, sappiamo dov’è l’ostacolo, dove si nasconde la corruzione, dove abbonda la lentezza e dove mancano vergogna e dignità.
Ogni misura che annunciamo avrà responsabili, scadenze e indicatori. Informeremo su ciò che avanzerà, su ciò che sarà inadempiuto e su ciò che dovrà essere corretto.
Ci saranno cose che, per proteggerle da chi vuole sabotarle, dovremo trattare con discrezione. Martí ci ha già insegnato che ci sono cose che, per riuscire, devono procedere nascoste; ma la discrezione non sarà mai un permesso per occultare qualcosa al popolo.
Come popolo non ci convocheremo soltanto a resistere; ci convocheremo a creare, a produrre, a decidere, a fiscalizzare, a prosperare e a trasformare, perché ciò che cominciamo oggi non lo fa un Governo: lo facciamo tutti o non lo facciamo. Con il contadino che torna a seminare, con la mipyme che osa, con il tecnico che installa il primo pannello, con la maestra, con il medico, con il giovane che decide di restare e scommettere sulla sua terra, con il cubano residente all’estero che tende la mano, con te, con me, con tutti.
Non negheremo i problemi, non difenderemo la burocrazia, non chiuderemo la porta al talento, non abbandoneremo i vulnerabili e non permetteremo mai che la sofferenza di questo popolo, causata dal perverso blocco imperialista, sia usata contro la sovranità della patria (Applausi).
Nulla sarà impossibile se assumiamo la sfida come opportunità e la storia come ispirazione!
Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, Martí, Mella, Villena, Guiteras, Che, Camilo, Almeida, Fidel e Raúl, tutti i nostri eroi, affrontarono momenti tanto o più difficili, per la loro epoca, di quelli che affronta oggi la nuova generazione rivoluzionaria, e tutti emersero da quelle sfide con onore e gloria, anche coloro che caddero in combattimento senza arrivare a vedere la vittoria, perché ci lasciarono lezioni di coraggio che perdurano fino ai nostri giorni, come si è verificato il 3 gennaio di quest’anno, quando 32 combattenti cubani caddero affrontando truppe d’élite molto superiori per numero e mezzi.
Nessuna rivoluzione l’ha avuta facile, e la nostra ha avuto l’audacia di sopravvivere a sei decenni di blocco, leggi genocide, guerra ibrida e una scala di misure coercitive unilaterali che nessun’altra nazione ha sopportato né sopporterebbe per così tanto tempo.
Nel Centenario della nascita del Comandante in Capo Fidel Castro e nel 95º compleanno del Generale d’Esercito Raúl Castro Ruz, il miglior omaggio che possiamo rendere all’ammirevole opera dei nostri due capi storici è difenderla e preservarne l’essenza di giustizia sociale, in mezzo al turbine di guerre di rapina, minacce d’invasione e processi di neocolonizzazione che, come il gigante delle sette leghe, vanno per il cielo inghiottendo mondi in questi tempi.
Siamo tutti convocati e insieme vinceremo.
Viva Cuba libera! (Esclamazioni di: “Viva!”)
Viva l’eroico popolo cubano! (Esclamazioni di: “Viva!”)
Viva la sovranità della nazione cubana! (Esclamazioni di: “Viva!”)
Socialismo o Morte!
Patria o Morte!
Vinceremo! (Esclamazioni di: “Vinceremo!”)
(Ovazione.)

