Palabras íntegras de Rodrigo Malmierca Díaz, embajador de Cuba en Canadá, en conversatorio organizado por la Red Canadiense de Solidaridad con Cuba (CNC, por sus siglas en inglés), Ottawa, 13 de febrero de 2026.
Buenas tardes. Quiero agradecer a la Red Canadiense sobre Cuba por convocar esta reunión. Nos complace darles la bienvenida a la Embajada para abordar su interés en aprender más sobre la situación en Cuba. Agradecemos la participación de nuestros amigos de Cuba y de los cubanos residentes en Canadá que nos acompañan en Ottawa, así como de todos los que se unen a nosotros en línea.
La política de guerra económica del gobierno de Estados Unidos contra Cuba ha alcanzado su expresión más despiadada en los últimos días.
El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba ha durado más de 60 años. Sus efectos extraterritoriales son bien conocidos, a través de medidas como la Ley Helms-Burton. Durante el primer mandato del presidente Trump, su administración implementó más de 240 medidas para intensificar la agresión económica contra nuestro pueblo. La más grave fue la inclusión de Cuba en una lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo. Al asumir su segundo mandato, el presidente Trump reinstauró esta decisión, que había sido eliminada por la administración Biden. Existe un patrón en las agresiones contra Cuba, que se basan en mentiras y falsedades. Cuba nunca ha patrocinado el terrorismo; por el contrario, ha sido víctima de él. Cuba rechaza el terrorismo en todas sus formas. Sin embargo, al estar en esa lista espuria, sufrimos innumerables restricciones en nuestras relaciones financieras internacionales.
Sin embargo, esto no fue suficiente. El 29 de enero de 2026, el presidente Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380, titulada "Abordar las amenazas a Estados Unidos por parte del gobierno de Cuba", que declara una emergencia nacional, argumentando que Cuba es una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. Con esta justificación, el gobierno de EE. UU. puede imponer aranceles adicionales a terceros países que suministren petróleo o productos derivados del petróleo a Cuba.
Si no fuera tan trágico, el hecho de que Estados Unidos acuse a Cuba de ser una amenaza para su seguridad nacional sería risible. Es una acusación falsa y ridícula. Cuba no solo está amenazada, sino también atacada por una gran potencia. Y no solo hoy. Es una larga historia de agresiones de todo tipo.
Nuestro gobierno ha rechazado categóricamente ser un peligro para la seguridad de Estados Unidos o de cualquier otro país. El pueblo cubano promueve la paz, la amistad y la solidaridad, no la guerra. Las autoridades estadounidenses son plenamente conscientes de que Cuba coopera en cuestiones de seguridad regional y en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.
Las acusaciones de que Cuba alberga bases de inteligencia extranjera o grupos terroristas son falsas. Esto refuerza el patrón de mentiras para justificar una guerra económica criminal.
Este nuevo bloqueo petrolero se aplica mediante la coerción y amenazas contra terceros países, simplemente por comerciar internacionalmente. Uno debe preguntarse, ¿está actuando Estados Unidos de acuerdo con el derecho internacional? ¿Tiene alguien derecho a imponer su voluntad por la fuerza contra otra nación?
Detrás de esta nueva escalada de agresión contra Cuba yace el oscuro deseo de destruir la Revolución Cubana. No dudan en crear dificultades para el pueblo, como reconoció el Subsecretario de Estado Mallory en un documento recientemente desclasificado que data de 1960.
Permítanme usar un ejemplo para que comprendan el impacto práctico del embargo petrolero. Cuba carece actualmente de combustible para aviones que abastezca a sus aeronaves internacionales. Esto ha llevado a Air Canada, WestJet y Air Transat a anunciar la suspensión de sus vuelos a nuestro país hasta finales de la temporada de invierno.
Así es como pretenden hacer que Cuba se rinda: asfixiando nuestra economía y a nuestra población.
El presidente Trump dice que Cuba debe negociar. Es importante tener en cuenta que la posición tradicional de Cuba ha sido la de estar dispuesta a dialogar y mantener una relación normal con Estados Unidos. No tenemos nada contra el pueblo estadounidense. Es posible discutir cualquier tema, pero como iguales, sin presiones ni amenazas. Nuestro presidente lo afirmó muy claramente la semana pasada.
Ante el recrudecimiento del bloqueo y las limitaciones de combustible, el gobierno cubano ha implementado un plan de resistencia creativa, que acelerará el cambio en la matriz energética con energía solar y otras alternativas de energía renovable, al mismo tiempo que implementa medidas de austeridad, priorizando los sectores sociales vitales y a la población.
Nuestro pueblo tiene una historia de unidad y lucha que no traicionaremos. La rendición nunca será una opción. Nos inspira saber que Cuba no está sola, y que, como hoy en Canadá, muchos en todo el mundo apoyan nuestro derecho a existir sin injerencia extranjera contra nuestra soberanía nacional.
Concluyo con una cita del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez: "El mundo debe decidir si permitirá que un crimen como este, perpetrado hoy contra Cuba, que podría ser perpetrado contra cualquier otra nación del mundo, sea el futuro que tengamos para la humanidad".
Muchas gracias.
